La versión española de la prestigiosa revista "Scientific American" demuestra el protagonismo científico de la Iglesia Católica

Tras unos meses de letargo por motivos laborales, volvemos nuevamente a la carga para deleitar a nuestros lectores en sus vacaciones estivales con un excelente artículo que echa abajo algunas calumnias vertidas contra la Iglesia Católica.

Una de las excusas que formulan algunos (para no cambiar su miserable existencia en unos casos, por supina incultura en otros y en otros, por último, por afán de obtener ganancias personales) son las acusaciones de «superstición» y de «oscurantismo» de la Iglesia fundada por el Hijo de Dios.

Sin embargo, cualquiera que se moleste en investigar descubrirá lo que veremos a continuación: una introducción hacia algunas de las pruebas que demuestran que, precisamente, los avances científicos, técnicos o tecnológicos son fruto de la protección ejercida siempre por la Iglesia Católica hacia la ciencia y hacia el verdadero progreso.

Hemos tomado un texto del blog del profesor T. Alfaro Drake que en parte, como él mismo señala, se nutre de otros interesantes textos. Su blog contiene gran cantidad de elementos interesantes, pero no recomendamos dicho blog en su integridad por hallarse desviado, -en algunas cuestiones puntuales- por algunos de los errores doctrinales de raíz liberal que hoy están asolando la Iglesia Católica.

Ahora bien, en textos como éste (entre otros), vale la pena detenerse por unos minutos y repasar la realidad histórica de la ciencia y el carácter anti-supersticioso de la Verdadera Religión. Por ello, le añadimos algunos resaltados, imágenes e hipervínculos para facilitar la lectura y comprensión a nuestros lectores y a toda persona intelectualmente honrada y de espíritu justo que se acerque a nuestro blog.

Mendo Crisóstomo

¿Ha sido la Iglesia católica un obstáculo para la ciencia?

Tomás Alfaro Drake

Muchas veces se oye decir y mucha gente lo repite sin saber del todo lo que dice, que el catolicismo fue un freno para la ciencia.

Pues bien, la revista Investigación y Ciencia, versión española de la prestigiosa Scientific American, presenta, en su sección “Libros” del número de Octubre del 2005, la crítica de 5 libros editados en relación con este tema que ponen las cosas en su sitio.

A continuación transcribo dicha crítica.

LIBROS

Revolución científica
Los jesuitas

CATHOLIC PHYSICS. JESUIT NATURAL PHILOSOPHY IN EARLY MODERN GERMANY, por Marcus Hellyer. University of Notre Dame Press; Notre Dame, 2005

THE NEW SCIENCE AND JESUIT SCIENCE: SEVENTEENTH CENTURY PERSPECTIVES. Dirigido por Mordechai Freingold. Kluwer Academic Publishers; Dordrecht, 2003.

“ERGO PERIT COELUM…” DIE SUPERNOVA DER JAHRES 1572 UND DIE ÜBERWINDUNG DER ARISTOTELISCHEN KOSMOLOGIE, por Michael Weinchenhan. Steiner Verlag; Stuttgart, 2004.

SEARCHING THE HEAVENS AND THE EARTH: THE HISTORY OF JESUIT OBSERVATORIES, por Agustín Udías.Kluwer Academic Publishers; Dordrecht, 2003.

FERDINAND VERBIEST, S. J. (1623-1688) AND THE CHINESE HEAVEN, por Noël Golvers. Leuven University Press; Lovaina, 2003.

El afianzamiento y la extensión de la Revolución Científica resultan ininteligibles si ignoramos la labor constante de la Compañía de Jesús. El interés de los jesuitas por las ciencia comenzó desde el momento de la fundación de la Orden por el español Ignacio de Loyola (1491-1556), en 1540, escasos años antes de la aparición de la tríada de tratados que marcaron el rumbo de la Scienza nuova: El de Leonhart Fuchs sobre botánica, el de Nicolás Copérnico sobre astronomía y el de Andrés Vesalio sobre anatomía.
La aportación Jesuítica se sustancia a través de varios factores, unos internos al propio desarrollo de la ciencia (Catholic Physics. Jesuit Natural Philosophy in Early Modern Germany, The New Science and Jesuit Science: Seventeenth Century Perspectives y “Ergo perit coelum…” Die Supernova der Jahres 1572 und die Überwindung der aristotelischen Kosmologie) y otros relacionados con su institucionalización, es decir, con la enseñanza (Catholic Physics) y la creación de observatorios en Occidente y Oriente (Searching the Heavens and the Earth: The History of Jesuit Observatories y Ferdinand Verbiest, S. J. (1623-1688) and the Chinese Heaven). La investigación actual, al sacar al primer plano la aportación de esa guardia pretoriana de la Iglesia, pone sordina al viejo mito de una ciencia moderna deudora del ethos calvinista.

Mérito principalísimo de la Compañía, y exclusivo en su origen, fue el estatuto asignado a la matemática en la nueva filosofía natural.

“No podemos hablar de la matemática de los siglos XVI y XVII sin que aparezca un jesuita en cada rincón”, observaba George Sarton en 1940.

En sus aulas empezó a oírse que el carácter deductivo de la matemática aplicada a la física ofrecía mayor solidez a la argumentación que las inferencias de la física aristotélica; eran demonstrationes potissimae. El aprendizaje de las matemáticas se impuso obligatorio a los jóvenes formandos jesuitas, con particular profundización por parte de los mejor dotados. De cara al exterior, los dos primeros colegios de la Compañía, el de Messina y el de Roma, constituyeron una cátedra donde no sólo se enseñaban aritmética, geometría y álgebra, sino también mathesis applicata (astronomía, mecánica, óptica, acústica, cartografía e ingeniería militar).

Es IMPOSIBLE entender el arranque de las matemáticas modernas sin tener en cuenta al P. Christopher Clavius

De ese par de cátedras, la siciliana y la romana, creadas en el ecuador del siglo XVI, se había pasado a 95 a finales del siglo XVIII, cuando Europa estaba sembrada de colegios y universidades de la Compañía: unos 625 antes de la supresión de la Orden en 1773. El caso particular de Alemania resulta paradigmático. Muchas ciudades germanas entregaron a los jesuitas la regencia de sus centros superiores, que se espejaron en el Collegio Romano, transformado en Universidad desde 1553. Aquí enseñó quien sería la figura clave del arranque de la matemática, Christopher Clavius (1537-1612)

Conocida es la participación de Clavius en la reforma del calendario promovida por el Papa Gregorio XIII en 1582. Sabido es también que Galileo buscó su apoyo. Escribió un manual sobre álgebra y comentó los libros de Euclides y el tratado Sobre la esfera de John Sacrobosco, que se convirtieron en textos canónicos sobre matemática y astronomía. En la última edición, de 1611, de su In Sphaeram Ioanis de Sacrobosco Commentarius, indicaba que, tras los nuevos descubrimientos, incluidos los de Galileo, se imponía una reforma del sistema astronómico. Contribuyó a la redacción de la Ratio studiorum de la Orden, en particular del relieve concedido a la matemática. En ese código legal, pergeñado en 1586 y elaborado definitivamente en 1599, se formalizaban el método y programas de la enseñanza jesuítica.

Christopher Grienberger (1564-1636) sucedió a Clavius en 1612 al frente de la academia de matemática del Collegio Romano. Entrado en la Orden en 1580, fue llamado en 1591 a Roma para auxiliar a Clavius. De raro talento matemático y habilidad manual, introdujo el montaje de ecuatorial del telescopio, observó los satélites de Júpiter y estableció un programa de determinación de las posiciones de las estrellas. Reacio a publicar, omitía siempre su nombre en los textos que redactaba, así como en los instrumentos ópticos y astronómicos por él diseñados y construidos (entre ellos, un telescopio heliotrópico que se montaba simultáneamente sobre dos ejes en torno a los cuales podía girar libremente siguiendo la trayectoria del Sol). El discurso sobre la Nova de 1604 que la historiografía venía atribuyendo a Odo van Maelcote, salió de su pluma.

Se encargó de la censura técnica de las obras matemáticas escritas por autores jesuitas. Solía remitir cálculos minuciosos y correcciones detalladas al autor, para que los incorporara antes de la publicación. En algún caso, como en el intento de Gregory de St. Vincent de cuadrar el círculo, Grienberger aconsejó al Prepósito general que no lo permitiera, porque sus errores dañarían la reputación de la Compañía.

El Padre Scheiner construyó el primer telescopio moderno y publicó el primer estudio completo sobre el sol

Resulta interesante por demás su relación con Galileo. Se han trazado incluso paralelismos entre ambas figuras. Más generoso el jesuita, al presentar en 1612 las cartas estelares elogia las observaciones telescópicas del autor de Siderus Nuntius. Dos años más tarde, prestaba su apoyo a los principios hidráulicos de Galileo. Salió en su defensa a propósito de los montes de la Luna y le invitó a frecuentar la sede del Collegio Romano. Con Galileo, en cambio, entró en polémica el jesuita Orazio Grassi (1583-1654) a propósito de la naturaleza de los cometas.

Y discutió también con Christopher Scheiner (1573-1650), profesor, primero en la Universidad de Ingolstadt y, más tarde , en Roma. Observó y estudió las manchas solares. En 1630 Scheiner publicó su Rosa Ursina, primer estudio completo del Sol. A Scheiner le sucedió en Ingolstadt Johann B. Cysat (1588-1667), quien en 1618 observó el paso de un cometa y determinó su trayectoria y posible composición. Descubrió la Nebulosa de Orión y, en 1631, contempló el tránsito de Mercurio a través del Sol.

El Padre Boskovic fue también el autor de otros muchos importantes descubrimientos científicos, útiles todavía hoy

La historia de la ciencia suele detenerse en otros maestros del Collegio Romano. Desde 1638 hasta 1680 enseñó allí matemática Athanasius Kircher (1601-1680), famoso también por sus vastos intereses (jerogíficos egipcios, óptica y magnetismo, entre otros). En 1664 escribió Mundus subterraneus, donde especulaba sobre la naturaleza del interior de la Tierra. Abordaba el origen de los terremotos y volcanes; en su opinión, se formaban por la acción de conductos internos que vehiculaban el fuego del centro de la Tierra. Con Giuseppe Asclepi (1707-1775) y Roger Joseph Boscovic (1711-1787) podemos cerrar el ciclo de maestros del Collegio Romano.

Boscovic adoptó ya la física newtoniana. En su Philosophiae Naturalis Theoria, publicado en 1758, presentó una teoría atómica de la materia en la que los átomos constituían puntos centrales de fuerzas sin dimensiones. En la proximidad de los átomos, las fuerzas alternaban entre la atracción y la repulsión; pero, lejos de ellos, sólo operaban las fuerzas de atracción, de a cuerdo con la ley newtoniana del inverso del cuadrado de la distancia. Fue elegido miembro de la Regia Sociedad de Londres.

Nuevo Clavius fue llamado Giovanni Battista Riccioli (1598-1671), profesor en Parma y Bolonia, autor de un monumental Almagestum Novum. Más extenso que el vetus de Ptolomeo, le supera también en variedad de tmas y forma de presentarlos. El jesuita añade a las cuestiones tratados por el alejandrino en su Sintaxis la instrumentación astronómica, la óptica, la geometría matemática y la cronología. En el prólogo ofrece un resumen somero de la historia de la astronomía, desde sus orígenes bíblicos hasta los griegos, pasando por egipcios, babilonios y caldeos. Pero desde Tales es una historia de la superación de los problemas de un proceso de precisión creciente de los ciclos solares y lunares y los movimientos de los planetas. Pasa revista a los calendarios, tablas y efemérides. Y llega al cambio operado en el siglo XVI, si bien limita el alcance del De Revolutionibus copernicano a la antesala de las tablas Pruténicas.

Aborda la supernova de Tycho (“ERGO PERIT COELUM…” Die Supernova der Jahres 1572 und die Überwindung der aristotelischen Kosmologie), así llamada porque el 11 de Noviembre de 1572, Tycho Brahe descubrió en la constelación de Casiopea una nueva estrella brillante, de luminosidad pareja a la de Júpiter, y a la que consagró el libro De Nova Stella. Era una supernova del tipo Ia que brilló intensamente en el cielo hasta Marzo de 1574. En realidad Tycho no vio una estrella nueva, sino una supernova, es decir, la muerte de una estrella. (Sabido es que las supernovas de tipo Ia son explosiones extremadamente luminosas que pueden contemplarse a través de la mayor parte del universo observable. En nuestro tiempo cobran un interés particular por su determinante papel en las mediciones que revelan la expansión acelerada del universo. Se supone que constituyen los restos de enanas blancas, o restos superdensos de estrellas, que arrastraron material suficiente de una estrella compañera para precipitar una explosión termonuclear.).

La aparición de una nueva estrella visible, novum et ingens sidus, en palabras de Riccioli, así como de numerosos tránsitos en los años subsiguientes, contradecía la teoría vigente, que aunaba la observación y tradición aristotélica sobre un cosmos que se reputaba inmutable desde el momento de su creación. El mundo habría aparecido de una vez por todas, sin que hubiera una trastienda de donde pudieran ir saliendo nuevos cuerpos celestes. Ahora no sólo se trataba de discutir sobre si su presencia superaba la esfera de los planetas, o superaba sólo la esfera de la Luna, aunque permanecía en la esfera de los planetas, o si se encontraba por debajo de la esfera de la Luna. Había que conocer su composición, su naturaleza y la razón de su aparición. En cualquier caso, no podía negarse ya la mutabilidad del firmamento, en contradicción con la cosmología de Aristóteles.


Enciclopédico era también el Cursus mathematicus (1661) del jesuita Kaspar Schott. En 23 libros, comienza con un resumen de todos las ramas de la matemática. Tras exponer los principios de aritmética y geometría, derivados de los seis primeros libros de los Elementos de Euclides, pasa a la trigonometría, para introducirse luego en la astronomía elemental, astronomía teórica, astronomía práctica, astrología, cronografía (medición del tiempo), geografía, hidrografía, horografía (construcción de relojes), mecánica, estática, hidrostática, hidrotécnica (máquinas hidráulicas), óptica, catóptrica (reflexión y espejos), dióptrica (refracción y lentes), arquitectura militar, armonía o música y sinopsis de disciplinas matemáticas.

Junto con la matemática, la segunda aportación sustancial de los jesuitas a la Revolución Científica fue la absorción y difusión de una filosofía natural auxiliada por la instrumentación. En buena parte de Europa, la historia de la filosofía natural, desde la segunda mitad del siglo XVI hasta la Ilustración, fue necesariamente una historia de la filosofía natural jesuita. En sus aulas penetró el conocimiento científico emergente a extramuros de la universidad. Y lo hizo al compás del avance de la revolución. No es lo mismo la filosofía natural de Francisco de Toledo (Commentaria una cum quaestionibus in octo libros Aristotelis de physica auscultatione) y Francisco Suárez (Disputationes metaphysicae), aristotélica, que la ciencia experimental matematizada que se transmite (en las aulas de jesuitas) en vísperas de su extinción canónica (la de la Orden) (Los dos paréntesis anteriores son del profesor T. Alfaro Drake). A lo largo de ese periodo, la noción de filosofía natural no es sinónimo estricto de ciencia, pues abarca muchos capítulos especulativos que hoy consideraríamos a extramuros del concepto de ciencia.

La transición puso a prueba la de filósofos y teólogos de la Compañía que tenían que habérselas, por un lado, con la asunción y dominio de los métodos empíricos y su instrumental asociado, y, por otro, con la refriega dialéctica contra cartesianos y atomistas, para lo que tenían que librarse de una interpretación angosta del aristotelismo. Y empezar a distinguir entre lo probable y lo hipotético. Riccioli consideraba el sistema copernicano como el más simple, elegante y mejor construido, pero hipotético. El término hipotético no tenía entonces su significado actual –explicación provisional que no ha alcanzado todavía el estatuto epistemológico de teoría–, sino que se consideraba un constructo matemático al que podía recurrirse para explicar los fenómenos observados, si bien carecía de realidad física.

Los jesuitas se mostraron unánimes en establecer que el sisema de Tycho sí constituía una tesis: daba cuenta de los fenómenos observados, era conforme con la física y no atentaba contra las Escrituras. Riccioli proponía que sólo Mercurio, Venus y Marte dieran vueltas al Sol. La Tierra permanecería estable en el centro, y en torno a ella girarían la Luna y el Sol y, mucho más alejados, Júpiter y Saturno.

A la noción de cambio natural, quicio de la ciencia aristotélica, se agregó el concepto de cambio artificial, que abría la puerta a la física experimental con la introducción de las máquinas y artefactos. En particular, los relacionados con el vacío, desde la invención del tubo de mercurio de Evangelista Torricelli, si bien centrado en la bomba de aire. Aunque originada en Magdeburgo, la bomba se hizo pública en Wurzburgo con la exposición detallada de la misma por Kaspar Schott, un jesuita que había quedado fascinado por su funcionamiento, en 1657. El inventor de la bomba había sido Otto von Guericke (1602-1686), alcalde de Magdeburgo. En un principio era un ingenio muy sencillo, constituido por un receptor de latón redondo de unos treinta centímetros de diámetro, con una pequeña abertura y llave, que podía abrirse o cerrarse. La abertura comunicaba con la bomba, básicamente una jeringa gigante de las empleadas para avivar el fuego. El tubo de latón contenía un pistón y dos válvulas. Estas aseguraban que el aire no volviera al receptor, sino que fuera expelido a la atmósfera cuando se empujara el pistón. Schott no admitía que se obtuviera un vacío absoluto y prefería vincular la bomba con otros ingenios pneumáticos ideados para estudiar el aire atmosférico.

Pero en lo que la ciencia jesuítica iba a destacar por encima de la media, a lo largo de los siglos, sería en la astronomía de observación (Searching the Heavens and the Earth: The History of Jesuit Observatories). Durante los siglos XVII y XVIII la Compañía levantó observatorios astronómicos, geofísicos y meteorológicos por toda Europa.

Antes de la supresión de la Orden, el número de observatorios fundados y dirigidos, rondaban la treintena, la cuarta parte de los existentes. En muchos países los primeros observatorios se establecieron en colegios jesuitas. No sólo en Occidente. Jesuitas fueron los primeros científicos europeos en entrar en contacto con la India y China. Introdujeron allí la astronomía occidental. Dirigieron el Observatorio Imperial de Beijing desde 1644 hasta 1773 (Ferdinand Verbiest, S. J. (1623-1688) and the Chinese Heaven). Todos esos observatorios dejaron de funcionar con la supresión de la Compañía en 1773, o antes con su expulsión de Portugal (1759), Francia (1764) y España (1767). En nuestro país, el observatorio del Colegio Imperial precedió en una año al de la Armada, en San Fernando.

Mas, a diferencia de las instituciones públicas, la labor científica de la Compañía tenía un claro fin último misionero. De hecho, encontraron en la astronomía una ayuda valiosa en su tarea evangelizadora en el Extremo Oriente. Así lo reconocía Ferdinand Verbiest (1623-1688), director del Observatorio de Beijing, en su Astronomia Europaea:

“La sagrada religión hace su entrada oficial en China como una reina hermosa, apoyada en los brazos de la astronomía”.

Mateo Ricci, S.J.

En 1578, Alessandro Valignano, visitador de las misiones de las Indias Orientales, impulsaba una nueva estrategia de la difusión de la fe, fundada en la adaptación a la cultura local. El cristianismo no podía avanzar por la imposición, sino a través de su inserción en el tejido cultural. Matteo Ricci (1552-1610), formado en el Colegio Romano con Clavius y dotado de una personalidad arrolladora, se presentó, en 1595, vestido con indumentaria china, como profesor occidental. Tras varios años trabajando en el sur de China, llegó en 1600 a Beijing, procedente de Nanjing, donde había visitado el observatorio astronómico y admirado las esferas armilares, globos celestes, gnomones y otros instrumentos astronómicos, trabajados en bronce. Pero comprobó que los astrónomos chinos no sabían manejarlos.

En realidad, se trataba de instrumentos del siglo XIII fabricados por Kuo Shou Ching, quien vivió bajo el reinado del emperador Kublai Khan. En 1607, Ricci, que ya dominaba el idioma, con la colaboración de Hsü Kuang Chi, publicó una traducción china del primer libro de Euclides. Tradujo varios libros de Clavius y escribió varios textos sobre geometría. Levantó el primer mapamundi, ofreciendo la ubicación correcta de China en relación a otros países y las nuevas tierras descubiertas de América. A la muerte de Ricci, su obra fue proseguida por sus hermanos de religión. De modo muy particular por Ferdinand Verbiest, que llegó a Beijing en 1660 y empezó a trabajar en el laboratorio bajo la dirección de Johann Adam Schall von Bell (1592-1666).

Verbiest dirigió el observatorio durante 19 años, emprendió una intensa actividad, preparando el calendario anual, enseñando astronomía europea a los astrónomos chinos y construyendo instrumentos astronómicos en sustitución de los viejos. Escribió más de veinte libros sobre astronomía en chino. Dos de los más importantes, conocidos por sus títulos en latín, son Liber Organicus Astronomiae Europeae (1668) y Astronomia Perpetua Imperatoris Kam Hi (1683). Esta última contenía las efemérides del Sol, la Luna y los planetas, con tablas de los eclipses solares y lunares de 2000 años. Además de sus obras sobre astronomía, escribió también sendos libros sobre el termómetro y el barómetro. Bajo su dirección se construyó una esfera armilar eclíptica, apoyada sobre cuatro cabezas de dragón, una esfera armilar ecuatorial, un globo celeste, un círculo del horizonte para las mediciones del azimut, un cuadrante y un sextante. Todos esos instrumentos se descubren en su obra publicada en 1763 en chino, De Teoría, Usu et fabrica Instrumentorum Astronomicorum et Mechanicorum. El propósito de esos instrumentos, amén de su uso en observaciones astronómicas, era servir de demostración de la superioridad de la astronomía occidental.

Luis Alonso.

Como se ve, los jesuitas supusieron un impulso para la ciencia, desde sus aspectos más abstractos como las matemáticas, hasta la tecnología más practica como el diseño de bombas de vacío. Y no sólo en los siglos XVI, XVII y XVIII brillaron, ni tampoco fueron sólo los jesuitas, ni brillaron sólo en las ciencias de la naturaleza. En épocas actuales, yo he asistido a conferencias del P. Dou, ilustre matemático, a las que acudían a escucharle muchos catedráticos y profesores universitarios de esa disciplina, he tenido la suerte de tener como profesor al P. Martín Artajo, inventor de un motor de explosión rotativo, antecesor del Wankel, que, si no ha tenido éxito comercial, ha sido por los interesas creados de la industria automovilística en los motores de pistones. Conozco al P. Carreiras, astrónomo de primera línea, que ha desarrollado su carrera en Estados Unidos y que ha inventado aparatos de observación astronómica que se usan hoy en día en todo el mundo. Entre los no jesuitas, o en otras ramas de la ciencia puedo citar, a bote pronto, al P. Georges Lemaître (1894-1966), sacerdote secular y padre de la teoría de la expansión del universo, que dio paso al Big Bang, al agustino Gregor Mendel (1822-1884), padre de la genética, al benedictino Dom Pierre Perignon (1639-1715), inventor del champagne o al franciscano Lucca Pazzoli, que ideó la contabilidad por partida doble, convirtiendo a los comerciantes y banqueros italianos en los líderes de Europa

A la vista de todo esto, atribuir a la Iglesia el carácter de retardataria del progreso científico, parece un simple despropósito. Más bien parece que los cuarenta y un años (1773-1814) de supresión de los jesuitas, más los de las dificultades de la reorganización, supusieron un claro frenazo en el desarrollo científico de los países católicos, en los que más firmemente estaban implantados.

(los comentarios en cursiva son de T. Alfaro Drake)

El globo cometario de Vincenzo Coronelli (Extractos)
Por Wilhelm Seggewis
Investigación y Ciencia Marzo 2006

La ciudad alemana de Tréveris (Trier, en el estado de Renania-Palatinado) posee una magnífica pareja de globos, uno terrestre y otro celeste, expuestos en una sala de su Biblioteca Municipal. El diámetro de ambos globos es de 108 cm.; la altura total, con sus pedestales, monturas y anillos con las escalas, llega casi a los dos metros. El creador de estos globos fue un franciscano de Venecia, Vincenzo Coronelli.

La agitada vida de su constructor
De orígenes modestos, Vincenzo Coronelli (1650-1718) ingresó a los quince años en la Orden de los Hermanos Menores en Venecia, su ciudad natal. Con dieciséis publicaba su primera obra, el Calendario perpetuo sacro-profano. Estudió en Roma y allí obtuvo el grado de doctor en teología. En 1678 se dirigió a Parma, donde construyó para el duque Farnesio una pareja de globos, hoy en día por desgracia desaparecida, también uno terrestre y otro celeste.

El cardenal César D’Estrées, canciller de la corte francesa, quedó tan impresionado al verlos que llamó a Coronelli a Versalles para que construyese allí otros dos para el Rey Sol, Luis XIV. Tres años tardó en crear un par de globos descomunales, de casi 4 metros de diámetro. Podía entrarse en su interior, donde cabían hasta 30 personas; en el celeste, habrían podido contemplar el cielo casi como si de un planetario se tratase. Nunca se los expondría en Versalles, sino en otra residencia real, la de Marly. Tras diversos avatares estuvieron almacenados durante veintitantos años, salvo exposiciones esporádicas, en la Ciudad de la Ciencia de la Villette, en París; Ahora se encuentran en la biblioteca Georges Pompidou, también en París.

Tras este éxito, comenzó para Vincenzo una incansable vida de geógrafo, astrónomo, editor e ingeniero. Recorrió Europa varias veces y se mantuvo en estrecho contacto con los príncipes y los científicos más importantes de su tiempo: Leopoldo I y Carlos VI en Viena, Guillermo III en Londres y el Bey de Túnez, a quien debió regalar globos a cambio de que liberase a unos esclavos. En 1696, se relacionó con el Príncipe Elector de Tréveris, el obispo Juan Hugo de Orsbeck.

Coronelli fue nombrado cosmógrafo de Venecia, donde desempeñó múltiples cometidos. Allí dio a grabar y a publicar un atlas de grandes dimensiones, el Atlante veneto, con el material geográfico que había recogido a lo largo de sus viajes. En 1684 fundó la primera sociedad geográfica de alcance internacional, la Accademia geografica degli Argonauti. Además, editó una enciclopedia monumental, la Biblioteca universale sacro-profana.

Sólo vieron la luz siete de los cincuenta volúmenes planeados; bastó para que Coronelli se erigiera en modelo de los enciclopedistas franceses. También construyó máquinas hidráulicas y se especializó en la regulación de cuces fluviales y la construcción de canales. El emperador Carlos VI le llamó a Viena en 1717 en el marco del plan de canalización del Danubio. Sin embargo, Coronelli, que murió en 1718, no pudo llevar a cabo sus proyectos para el territorio danubiano.

Pero, por encima de todo, Vincenzo Coronelli era constructor de globos. Expuso los fundamentos del arte en Epitome cosmografica o compendiosa introdutione all’a astronomía, geografia & idrografia, obra de unas 500 páginas dedicadas al emperador Leopoldo I. Esta combinación grandiosa constituía una introducción a la astronomía y a la geografía, amén de manual de referencia de ambas ciencias y guía para la construcción de globos. Se reedito varias veces, corregida. Coronelli produjo además cinco series de globos de distintas dimensiones: desde las 2 pulgadas de diámetro (tan sólo 5 cm.) a 3 pulgadas y un tercio (8.5 cm.), 6 pulgadas (15 cm.), 1 pie y medio (48 cm.) y 3 pies y medio (aproximadamente 108 cm). Confió la distribución a representantes de distintas partes de Europa. En alemania su agente fue Matteo Alberti (1646-1737), aristócrata veneciano establecido en Düsseldorf, donde ejercía también como arquitecto de Juan Guillermo, Príncipe Elector del Palatinado y duque de Jülich y Berg (1658-1716).

El artículo continúa con una prolija descripción de los globos de Tréveris, de la que cabe reseñar algunas cuestiones importantes:

-Coronelli recoge en su globo 19 constelaciones del hemisferio sur, desconocidas hasta unos años antes:

-En esa época empezaba a conocerse el hemisferio sur celeste. Coronelli bebió de las relaciones del navegante holandés Frederik Houtman (1571-1627) y del joven Edmond Halley (1656-1742).

El cometa Halley, conocido gracias a la Cristiandad

-Pero quizá lo más importante sea la contribución de Coronelli al descubrimiento de Halley de que los cometas tenían órbitas elípticas, en vez de hiperbólicas o parabólicas, y pertenecían, por tanto, al sistema solar.

El cometa Halley figura tres veces. La primera corresponde a las observaciones de Pedro Apiano (1495-1552) del año 1531. [...] A continuación están las observaciones de Kepler de septiembre de 1607. [...] Finalmente se representa la aparición del cometa en 1682 conforme a las observaciones de Ciampini. [...]

Pero la trayectoria más espectacular de las que aparecen en el globo es la del cometa de 1680-81 (No es el Halley, que aparecería un año más tarde), que adquirió especial protagonismo cuando Georg Samuel Dörfel (1643-1688) le calculó una trayectoria parabólica; 25 años después, Edmond Halley (1656-1742) descubría la trayectoria elíptica de “su” cometa y encuadraba a los cometas en el sistema solar.

Según la ley de la gravitación universal que Newton publicó en 1687 en sus Philosophia Naturalis Principia Matemática, un cuerpo que viniese del espacio exterior, pasase alrededor del sol y volviese a escapar, tendría una trayectoria hiperbólica. Eso se creía de los cometas. Por eso no se identificaban como el mismo cometa las sucesivas apariciones de uno. Georg Samuel Dörfel, calculó una órbita parabólica. Pero esta es la trayectoria de una bala de cañón sobre una tierra plana, cosa casi exactamente cierta para el alcance de una bala de cañón. Por lo tanto esta trayectoria sumió a los astrónomos en el desconcierto. Entonces Halley calculó la trayectoria de “su” cometa y vio que era elíptica. Esta es la trayectoria de un astro que gira alrededor del Sol, como los planetas. Pero la de los planetas es casi circular (sólo en un caso extrañísimo sería exactamente circular), mientras que la del cometa era muy excéntrica, lo que indicaba que venía de muy lejos del Sol, pasaba cerca y volvía a alejarse para volver a “caer” hacia el Sol periódicamente. Halley calculó la trayectoria elíptica y el periodo de la órbita. De ahí dedujo todas las anteriores apariciones del mismo cometa, al que se llamó Halley en su honor. ¿Cuántos años se hubiera retrasado este halazgo sin Coronelli? Pero hay más:

El 1 de Febrero de 2002, Kaoru Ikeya, de Japón y Daking Zhang de China, descubrieron en la constelación de la ballena, (Cetus) un cometa que pronto se convertiría en la aparición celeste más espectacular desde el cometa Hale-Bopp en 1997. La trayectoria de su “C 2002 C1” [...]. Distintos cálculos condujeron a un periodo de revolución de 340 años y con ello al cometa 1661 C1, a los bibliotecarios de Tréveris y a su globo celeste.

En el globo de Coronelli el cometa estaba situado en la constelación de Pegaso [...] del 3 de febrero al 28 de marzo. Coincide exactamente con las fechas entre las cuales el comerciante y regidor de Danzing, Johanes Helvelius (1611-1687) siguió al cometa, determinó su posición y dibujó los cambios que iba experimentando la cola [...] Edmond Halley, y luego, en 1785, P.F.A. Méchain sólo pudieron ajustar los datos de que disponían a una trayectoria parabólica. No bastaban los viejos valores para la determinación de una trayectoria elíptica. [...] Pero con los nuevos valores se determinó la trayectoria elíptica y el valor del periodo de 340 años que se ha dicho antes.

Así pues, Coronelli, otro franciscano con una importante aportación a la ciencia. (N. de T. Alfaro Drake)

Sección “Libros” Investigación y Ciencia Marzo 2006:

GALILEO GALILEI. LE MECANICHE. Edizione critica e saggio introduttivo di Romano Gatto. Leo S. Olschki Editore; Florencia, 2002.

DOMINGO DE SOTO AND THE EARLY GALILEO, por William A. Wallace. Ashgate; Aldeshot 2004.

THE RECEPTION OF THE GALILEAN SCIENCIE OF MOTION IN SEVENTEENTH CENTURY EUROPE. Dirigido por Carla Rita Palmerino y J.M.M.H. Thijssen. Kluwer Academic Publishers; Dordrecht, 2004.

RETRYING GALILEO, 1633-1992, POR Maurice A. Finocchiaro. University of California Press. Berkeley/Los Ángeles, 2005.

[...]

en puridad histórica, la ley de Galileo sobre el movimiento de caída libre, que establece que el espacio recorrido por un cuerpo descendente es proporcional al cuadrado del tiempo invertido en ese camino y constituye una de las primeras leyes matemáticas empíricamente verificables de la naturaleza, no encontró ni inmediata ni universal aprobación.

Aunque publicada en 1638, esa ley del movimiento aparece ya en los manuscritos galileanos fechados en un momento inmediatamente posterior a 1604. Pero la había establecido decenios antes Domingo de Soto (Domingo de Soto and the early Galileo). ¿La tomó Galileo de este fraile dominico español? ¿Y quien era Soto? Nacido en Segovia en 1494, empezó su formación filosófica en la Universidad de Alcalá. Tras obtener el título de bachiller en 1516, se trasladó al colegio parisiense de Santa Bárbara, donde bajo la tutoría de Juan de Celaya, se familiarizó con la física terminista allí en boga. En París se relacionó con John Major, nominalista, y con Francisco de Vitoria, tomista. Volvió a Alcalá en 1519, en cuyo colegio de San Ildefonso, enseñó filosofía hasta 1524, cuando decidió ingresar en la Orden de Predicadores (Dominicos).

Soto estableció que el movimiento de caída libre era un movimiento uniformiter difformis (uniformemente acelerado) con respecto al tiempo en 1551, en sus cuestiones disciplinares sobre el libro séptimo de los Físicos de Aristóteles. Semejante introducción, de soslayo y de forma imprevisible, entraña lo que Alexander Koyré denominó el “enigma de Domingo de Soto”, convenientemente descifrado por William A. Wallace en numerosos trabajos. Hasta entonces, la expresión se reservaba para designar constructos lógicos, sin referencia con el mundo físico; se empleaba también para aludir a una doble “deformidad” o falta de uniformidad, a saber, respecto al espacio y respecto al tiempo. Wallace ha buceado en la posibilidad de que Soto hubiera sometido a contrastación experimental su hallazgo pionero.

[...]

El sacerdote dominico Fray Domingo de Soto (y no Newton ni Galileo), verdadero responsable del conocimiento de la ley de la gravedad

A diferencia de Descartes, quien, acabamos de decirlo, consideraba la teoría de la teoría galileana del movimiento una abstracción matemática, sin correlación directa con el comportamiento real de los cuerpos, Pierre Gassendi (sacerdote diocesano francés, 1592-1655) no cuestionó nunca la validez de esta teoría. Más aún, se empeñó en dar una explicación causal de la gravedad.

En Octubre de 1640, abandona el puerto de Marsella en un trirreme para realizar, en mar abierto, un experimento que Galileo había descrito, sin llevarlo a la práctica, en el Dialogo supra i due massimi sistemi. Gassendi confirmaba la hipótesis: una bola caída desde la cabeza del mástil de una embarcación aterrizaba exactamente en el pie del mástil. En la leyenda tejida alrededor del mito Galileo , este experimento se le atribuye a él, lo mismo que el de lanzar una bola de hierro y otra de madera desde la torre de Pisa para comprobar que ambas caían al mismo tiempo.

No realizó ninguna de las dos. El del mástil del barco lo llevó a cabo un sacerdote francés que creía en Galileo más que Descartes, el padre del racionalismo. Se trataba de una observación preñada de importantes implicaciones, porque refutaba uno de los principales argumentos contra el movimiento diurno de la Tierra. Los partidarios de la cosmología de Ptolomeo y los de Tycho Brahe proponían que la bola caería sobre la cubierta a cierta distancia del mástil; por tanto, en una Tierra en rotación un objeto caído desde lo alto de una torre no daría en la base de ésta.

Pierre Gassendi, sacerdote diocesano

Gassendi expuso su visión del pensamiento de Galileo en unas cartas publicadas en latín entre 1642 y 1646. Una de las principales novedades introducidas en sus Epistolae era la identifiación con la gravedad con la fuerza de la tierra, la vis attrahens. Ese reconocimiento de la naturaleza externa de la gravedad le permitió introducir, en las Epistolae de motu impresso a motore translato (1642), un enunciado correcto del principio de inercia rectilínea, una tesis hoy muy controvertida. En las Epistolae de proportione qua gravia decidenta accelerantur (1646), aporta la explicación física y el análisis matemático de las Epistolae de motu. Gassendi influyó en Thomas Hobbes, quien, en De corpore (1655), defiende una versión modificada de la tesis del movimiento de caída libre por atracción terrestre.


Como regalo de Reyes, transcribimos para nuestros lectores un par de breves y excelentes artículos de utopía e idealismo.

El primero de ellos lo tomamos de El brigante, blog que se distingue especialmente por su honradez intelectual en la exposición de lo que es un católico, una cosa hoy poco conocida.
El artículo se titula La utopía odia el orden natural y odia la vida humana y muestra cómo el activismo del católico no puede limitarse exclusivamente a «batallitas» como la defensa de los no-nacidos o el derecho de un niño huérfano a no ser adoptado por una pareja de pervertidos del mismo sexo.

También aclara perfectamente cómo todos los innovadores y revolucionarios, sean de la ideología que sean, odian el orden natural y pretenden siempre transformar el mundo en base a sus espejismos y utopías mentales.

Es evidente que los utópicos odian la creación y su orden natural y por eso están siempre intentando hacer la realidad a su medida, desmantelar la sociedad y reescribir la historia para autojustificar sus locuras y sus crímenes.

Simplificando, podemos dividir en dos grupos los utópicos: unos son los que proceden del mal llamado «racionalismo» y otros son los que reaccionan equivocadamente frente al «racionalismo» con el romanticismo, tan utópico como el mal llamado «racionalismo», y crean una historia a base de mitos del pasado y de la naturaleza a los cuales exaltar; por eso, el segundo artículo que transcribimos está tomado del interesantísimo blog El Matiner Carlí. y se titula El Romanticismo vehículo de destrucción de la Tradición.

Su finalidad es la diferenciación entre romanticismo y tradicionalismo, este último auténtica reacción de la sociedad viva y no de la exaltación de uno o varios mitos como el primero.

Nos hemos limitado a hacer algunas modificaciones tipográficas y de resaltado, y añadir algunas imágenes. Que disfruten estos dos excelentes artículos.

Mendo Crisóstomo

La utopía odia el orden natural y odia la vida humana

La utopía, en todas sus formas y variantes, es siempre enemiga de la vida moral humana y, al final, hasta de la mera vida humana, a secas.

El utópico es el insatisfecho peligroso que, so capa de reformar el mundo, lucubra deducciones infinitas sin nexo alguno con la realidad y la experiencia.

¿Que la verdad, la naturaleza y la inducción más elementales nos señalan la dirección contraria? Peor para todas ellas. La violencia y la saña a la que pueden llegar los filántropos no conoce igual en los anales de la delincuencia común. Acostumbran estos benefactores de la humanidad a dejar tras de sí un reguero de sangre, espeso como su soberbia.

"Acostumbran estos benefactores de la humanidad a dejar tras de sí un reguero de sangre, espeso como su soberbia"

La bestia negra de los utópicos es el “sentido común”. Hace ya mucho tiempo que los utópicos más delirantes están al timón de nuestros gobiernos.

Pero, piénsese que la clase dirigente de las revoluciones y de los regímenes utópicos está formada por los “ofendidos” imaginarios, por marginales y asociales, incapaces de ceñirse a la regla común de la obediencia moral.

No es infrecuente que en tiempos de revolución sean los pervertidos, los lunáticos, los ineptos, las meretrices o los contrahechos los que vean en esos falsos ideales utópicos la ocasión -que creían definitivamente perdida- de redimirse socialmente. Y así las depuraciones más feroces las dirigen los incapaces más palmarios, encendidos por un celo febril.

"No es infrecuente que en tiempos de revolución sean los pervertidos, los lunáticos, los ineptos, las meretrices o los contrahechos los que vean en esos falsos ideales utópicos la ocasión de redimirse socialmente"

Y así, también, las ideologías más odiosas ofrecen la oportunidad al cornudo y al tímido patológico de convertir su rencor en motor de una catarsis social diabólica. Sea el feminismo, la alianza de civilizaciones, la eugenesia luciferina, los derechos polisexuales, el animalismo o la llamada violencia de género, nos ofrecen el espectáculo de la iracundia cuasi sagrada aureolando los rostros más ramplones, marcados por la frustración, pero que parecen elevarse hasta el séptimo cielo de la indignación utópica mientras pontifican desde su ignorancia.

"la tibia connivencia de los católicos liberales, siempre tan preocupados por dar la perfecta inclinación cervical ante el poder constituido, venga de donde venga"

Pero guardémonos de menospreciar a esta morralla, pues de esa sentina surgen las levas que están acabando con los últimos vestigios de la vida tradicional, racional y conforme a la naturaleza. Bueno, de ahí y de la tibia connivencia de los católicos liberales, siempre tan preocupados por dar la perfecta inclinación cervical ante el poder constituido, venga de donde venga.
La furia utópica no descansa y, lo que es peor, cada vez encuentra menos resistencia para alcanzar sus objetivos de refundar la realidad al margen de la ley natural.

Disipemos rápidamente el conjuro brujeril de quienes piensan obrar conforme a su deber humano y cristiano desgañitándose para defender como última Thule moral la oposición al aborto provocado y a lo que vagamente denominan “familia” (incluyendo una relativa libertad de iniciativa educativa y el matrimonio). No es que esos bastiones no formen parte irrenunciable de la ley natural, en cuya defensa, por cierto, cabe un mayor recurso a la fuerza del que se estaría dispuesto a admitir desde esa trinchera (la violencia es mala, venga de donde venga, nos amonestarían, repudiándonos).
El problema es que la moralidad natural es un todo coherente e irrenunciable en sí mismo.

No sólo en sus expresiones normativas (haz esto y evita aquello), sino, y esto se olvida frecuentemente, en sus condiciones de ejecución. La exigencia de la moral natural –la moral normal en el sentido natural– ni se ciñe a esos dos ejes de “familia” y “vida” (ni menos al esquelético mínimum con que se presentan), ni se limita a las obligaciones mismas, sino que abarca todas las condiciones previas que permitan ese cumplimiento. Ése es el fundamento de la doctrina política católica y no ningún capricho autoritario.

No se trata de confundirse sobre la viabilidad social de estos reclamos. Hace demasiado tiempo que cruzamos todos los límites y toda futura y eventual reconstrucción, salvo milagro, será dolorosa, dura, combatida y lenta.

Se trata de no confundirse sobre la naturaleza de nuestra moralidad ni sobre el alcance de nuestra doctrina. Como diría Madiran, se impone un gran esfuerzo de clarificación. Antes de nada.

El Brigante


EL ROMANTICISMO VEHÍCULO DE DESTRUCCIÓN DE LA TRADICIÓN


El romanticismo es una reacción al racionalismo ilustrado, y a los principios y práctica de la Revolución francesa. Reacción consistente en la exaltación de las particularidades propias y del pasado vivido, especialmente del pasado medieval, resaltando las libertades que los pueblos de aquellas épocas disfrutaban. Como tal, la reacción es positiva.
Los pueblos no aguantaban más las frías construcciones racionalistas ajenas a su alma y al calor de sus tradiciones. Porque más allá de una mera sociedad organizada para fines racionales al modo contractual de Rousseau, o de la concepción mecanicista del Estado, o del despotismo ilustrado, más allá de eso el pueblo es una comunidad.

Como reacción al individualismo burgués, al centralismo uniformador y al naciente capitalismo, el romanticismo tiene muchos lugares comunes con el Tradicionalismo.

El problema surge cuando esa exaltación se hace desde una perspectiva meramente “natural”, y termina en naturalismo puro. No digamos cuando esa mirada al pasado es totalmente pagana. El movimiento romántico degenera vía naturalismo, por tanto, en el nacionalismo; y esto es grave porque este naciente nacionalismo arraiga en zonas tradicionalmente tradicionalistas y de fuerte resistencia a la modernidad. El nacionalismo será una forma de atemperar su tradicionalismo y a la larga de diluirlo totalmente: el caso catalán o vascongado es paradigmático.
Este nacionalismo romántico tenderá a idealizar el pasado a base de “mitos” y por tanto se alejará de la verdadera Tradición siempre arraigada en la auténtica historia. El nacionalismo es una “idolatría política” que invierte la correcta jerarquía de principios. La exaltación de la “nación”, conduce a la larga, se quiera o no, a la relegación de la religión como fundamento esencial y unificador. Destruyendo así el principio vital que vivificaba las tradiciones, libertades y instituciones de los pueblos. Incluso los “nacionalismos católicos” primarán el interés nacional y la religión tanto en cuanto sirva a la “nación”. Primará la “nación” sobre la “tradición”.

En los aludidos casos catalán y vascongado la descristianización de sus respectivos ámbitos ha tenido lugar con ocasión de los gobiernos nacionalistas, habiendo estado esos partidos nacionalistas, de inspiración o de antigua confesionalidad católica, a la vanguardia de políticas anticristianas. Ejemplo muy reciente es el apoyo del PNV al aumento del genocidio legal del aborto con la nueva y sanguinaria ley propuesta por el PSOE.

El Dios, Patria, Fueros y Rey es la correcta relación de principios; su alteración es un principio revolucionario y disolvente.

En el caso de la América hispánica esos nacionalismos católicos, pese a ser más consecuentes con su confesionalidad, han bebido de “mitos” y “símbolos” revolucionarios. Es curioso como en muchos casos exaltan a los “padres de la patria” de sus “naciones”, siendo estos masones y liberales. Aceptan sus símbolos, siendo estos igualmente liberales y masónicos en su origen; aceptan todo el proceso de sus “independencias”, proceso igualmente revolucionario. Y al mismo tiempo ese nacionalismo les sirve para oponerse a los católicos de otros pueblos hermanos, impidiendo el proceso de una verdadera restauración que debería conllevar a la formación de una Comunidad de pueblos hispánicos.

El error romántico de base es el “naturalismo” y el “sentimentalismo” que lleva parejo; exaltar lo puramente natural, lo que degenerará en la creación de “idolatrías políticas”: la orografía, las peculiaridades folclóricas, culturales o lingüísticas, la “raza”, etc. Siempre en detrimento de la Tradición como ejecutoria histórica y real, y del principio espiritual sobrenatural que la alimenta y da coherencia.
En este sentido hay romanticismos de derechas de tipo conservador (que no escapan de ese naturalismo) y los hay de tipo más liberal (y tono revolucionario). Pero en los dos casos la raíz anti-tradicional es idéntica. Aún así entre los románticos habrá quien termine en una verdadera conversión al catolicismo y en una defensa de la verdadera Tradición y buscando, por tanto, la restauración. Pero lo más normal es que el romanticismo que en un principio nace con un tono conservador, degenere pronto en liberalismo, y en muchos casos derive en puro pre-fascismo y posteriormente en progresismo disolvente (contradiciendo totalmente sus propios orígenes). Todo ello mediante la exaltación de “mitos” y de elementos puramente naturales por la asunción del principio de inmanencia propio de la filosofía moderna de la que no se escapan.

El sentimentalismo romántico ha operado como vehículo de trasvase de los pueblos tradicionales hacia el liberalismo vía un vaciamiento del alma de los pueblos, mediante el idealismo romántico. La defensa de la religión y de las libertades tradicionales, se debe hacer siempre desde una perspectiva sobrenatural y trascendente que es la que las vivificaba y unificaba, arrancado ese principio el pasado pierde significación y la restauración se hace imposible. Sólo la Religión es el centro de una comunidad y antídoto al individualismo disolvente.

Tengamos mucho cuidado en la no generación de “Tradicionalismos románticos”. La Fe católica asimilada y vivida debe ser siempre la norma de nuestro actuar personal y político.

EL TALMUD: LAS ENSEÑANZAS DE ODIO Y RACISMO DE LOS PÉRFIDOS JUDÍOS (II)

Por Mendo Crisóstomo

Ya evidenciábamos en la primera parte que el judaísmo es, fundamentalmente, la Anti-religión.

TODO judío, aun viviendo al margen de la moral y de lo sacro, se siente siempre judío y actúa según el Talmud, salvo si se convierte

Y, por ello, todo miembro de la comunidad judía -aun viviendo de espaldas a lo sacro y a la moral-  se siente siempre especialmente ligado a su libro sagrado, el Talmud, hasta el punto de que, a no ser que se convierta, siempre se sigue considerando a sí mismo judío.

Antes de ver algunas citas del Talmudponíamos como ejemplo el caso de Ysidor Mardochai Levy (Karl Marx) como un paradigma de judío.

Sin embargo, la cosa no se detiene ahí.
Las aspiraciones de Levy pronto fueron puestas en marcha, por primera vez, por otro judío:

El judío Lenin, financiado por la Banca, puso por vez primera en práctica las teorías del talmudista Ysidor Mardochai

Vladimir Ilich Ulianov Blank, más conocido como «Lenin», gracias a la financiación de los grandes banqueros judíos de Francia, Norteamérica, Alemania e Inglaterra.

Por eso no nos extraña que las condenas de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana siempre fueran todavía más duras con el Talmud y con sus seguidores incluso que con el llamado Corán, pernicioso libro de la abominable secta fundada por el falso profeta Mahoma.

La mujer de Lenin −también judía− conocida como Krupskaya, pero cuyo verdadero nombre era Nadiezda Konstantinovna, acentuó su lucha tras la muerte de su esposo mediante el adoctrinamiento.

Esta “mujer ejemplar”, modelo al que siguen todas las comunistas del planeta, nos da una idea de su defensa de las doctrinas talmúdicas si nos afanamos en la lectura de algunos de sus textos, siempre tan admirados por sus seguidores leninistas.

Por ejemplo, en su Outchit Gazeta escribió (10/Oct./1929):

La judía esposa de Lenin, llamada Krupskaya, además de programar a las masas, defendía el derecho a la violación

«Aunque la socialización de las mujeres no está formalmente ratificada en la lucha soviética, debe convertirse en una realidad y penetrar en la conciencia de las masas.

Consecuentemente, cualquiera que intente defender a una mujer que es (indecentemente) asaltada, muestra una naturaleza burguesa y se declara a sí mismo a favor de la propiedad privada.

El oponerse a la violación es resistirse a la revolución comunista de octubre».

Vemos, pues, la ejemplaridad de esta célebre judía en el cumplimiento de ese modo de vida integral en la unión y cooperación supremacista con una comunidad de judíos que entre sí  se identifican.

Desde pequeños, los judíos aprenden que «Es lícito hacer uso del fraude para con los cristianos» Babha Kama 113, b.

Y ahora, sigamos viendo algunos pasajes más, en bilingüe (hebreo-español) que nos indican las enseñanzas «sagradas» de los judíos sobre los no-judíos:

ביאת  גוי  דהויא  כבואת  בהמה

«El coito del no-judío es como el coito del animal»
Sanhedrin 74, b. Tosephoth

בראם  בצרת  אדם  לבבודם  של  ישראל  שלא  נבראו  העכ˝ום  כי

אם  לשמשם  דיום  ולילה  לא  ישבותו  ממלאכתם  ואין כבוד  לבן

מלך שישמש  אותו  בהמה  בצורת  בהמה  כי  אם  בהמה  בצורת

«Dios creó a los cristianos en forma humana en honor de Israel, puesto que no fueron creados con otro fin que para servir a los judíos día y noche; y no se les puede dar descanso jamás de semejante esclavitud.
Pues es menester que el hijo del Rey (el israelita) no sea servido por bestias en su propia forma, sino en forma humana»
Midrash Talpioth fol. 255, d.

«No puede darse ninguna alegría mayor a Dios Bendito que ésta que nosotros le procuramos exterminando a los impíos y a los cristianos de este mundo» Sepher Or Israel fol. 180.

הרשעים…  יש  להם  נפש  מן  הקליפה

הנקראת  מות  וצל  מות

«Las almas de los no-judíos provienen de la costra mugrienta, que se llama muerte y sombra de muerte» Emek Hammelech 23, d.

טעותו  מותרת

«Es lícito hacer uso del fraude para con los cristianos»
Babha Kama 113, b.

«El coito del no-judío es como el coito del animal» Sanhedrin 74, b. Tosephoth

ותימה  דלהון ב סמיתו  דפומא  כבעירא  דאיהי  מיתא  ולית  לח

קול  ודבור

«Y cúmplase la muerte de los cristianos cerrándoles la boca como la de las bestias, a las que se aniquila sin voz ni habla»
Pesachim 49, b.

בעי  בר  ישראל  לעקור  הקוצים  מן הכרם  לעקור  הקליפות

ולכלותם  מעל  פני  האדמה  כי  אין חדוה  לפני  הק˝בה  גדולה

מזו  כשאנחנו  מכלים  את  הרשעים  והקליפות  מן העולם

«Las almas de los NO-judíos provienen de la costra mugrienta, que se llama muerte y sombra de muerte» Emek Hammelech 23, d.

«El israelita sobrevive de afanarse con empeño en arrancar los espinos de la viña, esto es: en erradicar y extirpar al cristiano de la tierra.

No puede darse ninguna alegría mayor a Dios Bendito que ésta que nosotros le procuramos exterminando a los impíos y a los cristianos de este mundo»
Sepher Or Israel fol. 180.

Sobre el Sacrificio de la Misa y 

su Rito contra los Luteranos

Por el Exmo. y Rvmo. Card. Cayetano

Capítulo Primero

De qué trata esta obra

El único Maestro de todos, Nuestro Señor Jesucristo, al refutar a los saduceos sólo argüía a partir de los libros de Moisés, que eran los únicos que éstos aceptaban. Así nos mostró que contra los herejes no empleemos pruebas que ellos no admiten, sino sólo los testimonios sagrados que ellos no niegan.


Por esto, al escribir sobre el sacrificio de la Misa contra los herejes denominados luteranos que se apoyan únicamente en los testimonios de la Sagrada Escritura, pretendo llevar a cabo toda la discusión y la explicación apoyándome sólo en las [mismas] Sagradas Escrituras.

No sólo para que no se gloríen diciendo que al negar el sacrificio de la Misa se basan en el sólido fundamento de las Sagradas Escrituras, sino también para que los que tienen menos instrucción no vayan a pensar que el Sacrificio de la Misa no se funda en la autoridad de la Escritura sino sólo en la institución de la Iglesia; y también para que los luteranos que yerran por ignorancia puedan recapacitar.
Para que todos puedan conocer claramente la verdad, se va a explicar primero en qué están de acuerdo y en qué se diferencian los luteranos de los católicos; luego, qué se encuentra en las Sagradas Escrituras acerca del sacrificio de la Misa; y finalmente, se van a resolver las objeciones luteranas.


Capítulo Segundo

Coincidencias y diferencias entre católicos y luteranos sobre el sacrificio de la Misa

Los luteranos están de acuerdo en que la Misa se puede llamar «sacrificio memorial», porque el verdadero Cuerpo de Cristo, con su verdadera Sangre, se consagra, venera y recibe en memoria del sacrificio ofrecido en la cruz; pues dice el Señor: Haced esto en memoria de Mí [Luc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24-25].

Pero niegan dos cosas.

La primera: que el cuerpo y la sangre de Cristo se ofrezcan a Dios. De modo que aunque admiten que en el altar está el verdadero cuerpo de Cristo, niegan sin embargo que se ofrezca a Dios este verdadero Cuerpo.

La segunda: que en el altar haya una hostia o sacrificio para la expiación de los pecados, tanto de los vivos como de los difuntos.

Ambas cosas las fundan en la doctrina de la Epístola a los Hebreos, donde aparece claramente que para los pecados de todo el mundo basta el ofrecimiento del Cuerpo de Cristo hecho una sola vez en la Cruz. De ahí concluyen que, aunque el culto al Cuerpo de Cristo en memoria de su pasión y muerte fue instituido por Cristo mismo, sin embargo el ofrecimiento de su Cuerpo como hostia por el pecado es un invento humano, contrario a los textos de la Sagrada Escritura.

Capítulo Tercero

Por institución de Cristo se inmola la Eucaristía

Sin embargo, los católicos sabemos que en los textos sagrados está marcada la inmolación de la Eucaristía.
Los evangelistas, en efecto (especialmente San Lucas 22, y más aún San Pablo, en 1 Corintios 1), nos dicen que luego de muchas otras cosas que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la cena, les mandó: Haced esto en memoria de Mí. Estas palabras, al ser de Jesucristo, tienen que ser muy bien examinadas, tanto el pronombre Esto, como el verbo haced, como en memoria de Mí.

¶ Para entender lo que se indica con el pronombre Esto, hay que examinar las palabras que preceden. Lo que precede es que Jesús tomó el pan, dio gracias, lo rompió, lo dio y dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo que por vosotros se rompe, o según San Lucas, se da. E inmediatamente añadió: Haced esto en memoria de Mí. Como el pronombre Esto no se limita a señalar unas y a no señalar otras de las cosas que preceden, se sigue que señala la totalidad de las que preceden.
¶ La palabra Haced encierra muchos misterios, pues no dice: «Decid esto», sino, «Haced esto», para señalar que lo que manda no consiste en decir sino en hacer, y que el «decir» que figura aquí no es para «decir» algo sino para «hacer» algo; para que comprendiésemos que las palabras de la consagración son palabras que producen lo que significan.
Al añadir, en memoria de Mí, distingue «hacer» de «conmemorar». No dijo más expresamente: «Conmemorad esto», sino: Haced esto en memoria de Mí. Nuestro Señor Jesucristo manda que Esto, es decir todo lo que precede, se haga en memoria suya. Lo que se manda es «hacer esto» y que se haga «para recordar» a Nuestro Señor Jesucristo.

¶ Como en las palabras haced esto se entiende no sólo «hacer» el Cuerpo de Cristo sino también hacer el Cuerpo de Cristo «que se rompe o se da» por nosotros, queda claro que Nuestro Señor Jesucristo mandó que hiciésemos su cuerpo que por vosotros se rompe y sé da, como si dijese: «Que se inmola por vosotros», pues sólo se rompe y se da en cuanto se rompe y se da en la cruz (esto quiere decir «se inmola») por vosotros. Por consiguiente, hacer mi Cuerpo que se inmola por vosotros es lo mismo que hacer mi Cuerpo en cuanto que se inmola por vosotros.

¶ Para que entiendas mejor lo que decimos, advierte que si Nuestro Señor Jesucristo hubiese añadido las palabras que por vosotros se rompe o se da sólo para expresar la verdad de su Cuerpo, hubiese sido suficiente decir: «que veis en mi persona», o algo así. Pero lejos de Nuestro Señor Jesucristo un lenguaje impreciso, pues negado esto, se quita toda certeza a las palabras. Eso sería perderse en medio de infinitas posibilidades. Al decir, pues, que por vosotros se rompe o se da, significa exactamente: haced mi Cuerpo en cuanto se ofrece por vosotros, y eso mismo hacedlo en memoria de Mí.
Hacer esto en memoria de Cristo es más que hacer el Cuerpo de Cristo consagrándolo, porque es además hacer el Cuerpo de Cristo que se da y se rompe por vosotros. También es más que recordar a Cristo, porque es hacer, en recuerdo de Cristo, su Cuerpo que se da y se rompe por nosotros.
Además, darse y romperse por nosotros es lo mismo que ser inmolado por nosotros, pues darse significa genéricamente ofrecerse, y romperse significa específicamente el modo de ofrecerse, es decir, rompiéndose: Él se dio a sí mismo a Dios en la Cruz a través de la ruptura de sus manos, pies y costado por nosotros. Por consiguiente, cuando Nuestro Señor Jesucristo mandó haced esto en memoria de Mí, mandó: haced esto por modo de inmolación en memoria de Mí. Hacer «el Cuerpo de Cristo que se inmola» es hacerlo inmolándolo o por modo de inmolación, de modo que sea el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola. Si no hacemos estas dos cosas 1ª: hacer el Cuerpo de Cristo «consagrándolo»; y 2ª: «inmolando» lo que se da y se rompe por nosotros, no hacemos «el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola». A esto se añade otra cosa más, a saber, 3ª hacerlo «en memoria» de Jesucristo.

¶ Date cuenta, prudente lector, de lo que se hizo en la cena del Señor para que entiendas cómo corresponde institución con institución, hecho con hecho e inmolación con inmolación. La cena Pascual, instituida en memoria de la salida de Egipto, consistía en el hecho de una inmolación, de modo que la misma cena era la inmolación del cordero Pascual.
De igual modo, Nuestro Señor Jesucristo, al terminar el sacrificio del cordero Pascual, instituye nuestra nueva Pascua en sí mismo cuando se inmola diciendo: Esto es mi Cuerpo que se da por vosotros o se rompe: haced esto en memoria de Mí. Como si dijese de palabra lo que expresaba con el hecho de la sustitución: «así como hasta ahora hacíais la Pascua en memoria de la salida de Egipto, a partir de ahora haced esto en memoria de mi inmolación». Como si hablara con la misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, y dijese: «Aquella Pascua la hacíais inmolándola en una cena comunitaria; ahora haced esto inmolándolo en una mesa comunitaria en memoria de Mí».

De modo que por esa misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, se da a entender que cuando dice: Haced esto en memoria de Mí, se refiere a que hay que hacerlo por modo de inmolación, pues en la antigua Pascua se hacía de ese modo.

Que tal sea el sentido auténtico de este mandamiento lo prueban los hechos relatados por San Pablo en 1 Corintios 10. San Pablo enumera entre las cosas inmoladas el pan santo y el cáliz de la Sangre de Cristo; trata a nuestra mesa como altar; y pone a los que comen y beben de la mesa del Señor como a los que comen y beben cosas inmoladas. Con esto queda claro, por una parte, que los Apóstoles habían entendido el mandato de Cristo: haced esto en memoria mía, como hacer la Eucaristía inmolándola; por otra parte que en la Iglesia de Cristo, en tiempos de los Apóstoles, la Eucaristía era no sólo un sacramento sino también un sacrificio; y además, que se considera como inmolación del Cuerpo y de la Sangre del Señor no sólo en los usos de la Iglesia y en los libros de los Doctores, sino también en la Sagrada Escritura.
Las palabras del Apóstol son estas:

Huid del culto de los ídolos. Puesto que hablo con personas prudentes, juzgad vosotros mismos lo que os digo. El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? Porque todos los que participamos del mismo pan, aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo Cuerpo.
Considerad a Israel según la carne, los que entre ellos comen de las víctimas, ¿no es verdad que tienen parte en el altar? ¿Digo yo con esto que el ídolo o lo sacrificado a los ídolos vale algo? No, sino que las cosas que sacrifican los gentiles, las sacrifican a los demonios y no a Dios. Y no quiero que tengáis ninguna sociedad con los demonios, no podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios.

Esto es lo que dice él.

Con estas palabras queda claro que el Apóstol coloca el pan que partimos y el cáliz de bendición en la misma categoría que las víctimas de Israel y las cosas inmoladas a los demonios; que coloca la mesa del Señor en la misma categoría que el altar de Israel y la mesa de los demonios; y que pone a los que comen de la mesa del Señor y beben de aquel cáliz en la misma categoría que los que participan a las víctimas de Israel y comen las cosas inmoladas a los demonios. Con estas razones alega que no pueden tomar parte de las cosas inmoladas a Dios y a los demonios.

Si el pan y el cáliz de Cristo no se inmolasen a Dios, toda la argumentación de Pablo, tanto acerca de las cosas inmoladas al Dios verdadero por Israel como a los demonios por los gentiles, se vendrían al suelo. Pero su testimonio sobre cómo en su tiempo se inmolaban el pan y el cáliz de Cristo es tan claro que no necesita ninguna explicación.

Exponemos a continuación un fragmento de la obra «Léeme o laméntalo», que hemos extraído de un excelente blog que frecuentamos con asiduidad.

Estos brevísimos fragmentos ilustran qué es el purgatorio y nos narran un par de pequeñas historias reales relacionadas con quienes no rezan ni ofrecen sacrificios por las almas de los fieles difuntos, y con quienes sí lo hacen.
Como ya es costumbre en nuestro blog, hemos resaltado algunas partes y hemos añadido ilustraciones.

Mendo Crisóstomo

¿QUÉ ES EL PURGATORIO?

Es una prisión de fuego en la cual algunas almas salvadas son sumergidas después de la muerte y en la cual sufren las más intensas penas.

Aquí esta lo que los mas grandes doctores de la iglesia nos dicen acerca del Purgatorio.

Tan lastimoso es el sufrimiento de ellas que un minuto de ese horrible fuego parece ser un siglo.

Santo Tomás de Aquino indicó que el fuego del Purgatorio "es mas aterrador que todos los sufrimientos posibles de esta tierra"

Santo Tomás de Aquino, el príncipe de los teólogos, dice que el fuego del Purgatorio es igual en intensidad al fuego del infierno, y que ¡el mínimo contacto con él es mas aterrador que todos los sufrimientos posibles de esta tierra!

San Agustín, el más grande de todos los santos doctores, enseña que para ser purificadas de sus faltas previo a ser aceptada en el Cielo, las almas después de muertas son sujetas a un fuego más penetrante y más terrible que nadie pueda ver, sentir o concebir en esta vida.

Aunque este fuego está destinado a limpiar y purificar al alma, dice el Santo Doctor, aún es más agudo que cualquier cosa que podamos resistir en la Tierra.

San Cirilo de Alejandría no duda en decir que “sería preferible sufrir todos los posibles tormentos en la Tierra hasta el día final que pasar un solo día en el Purgatorio“.

Otro gran Santo dice: “Nuestro fuego, en comparación con el fuego del Purgatorio, es una brisa fresca”.

"Nuestro fuego, en comparación con el fuego del Purgatorio, es una brisa fresca"

Otros santos escritores hablan en idénticos términos de ese horrible fuego.

¿CÓMO ES QUE LAS PENAS DEL PURGATORIO SON TAN SEVERAS?

1. El fuego que vemos en la Tierra fue hecho por la bondad de Dios para nuestra comodidad y nuestro bienestar. A veces es usado como tormento, y es lo más terrible que podemos imaginar.

2. El fuego del Purgatorio, por el contrario, está hecho por la Justicia de Dios para penar y purificarnos y es, por consiguiente, incomparablemente más severo.

3. Nuestro fuego, como máximo, arde hasta consumir nuestro cuerpo; hecho de materia, por el contrario el fuego del Purgatorio actúa sobre el alma espiritual, la cual es inexplicablemente mas sensible a la pena.

4. Cuanto más intenso es el fuego, más rápidamente destruye a su víctima; la cual por consiguiente cesa de sufrir; por cuanto el fuego del Purgatorio inflinge el más agudo y la más violenta pena, pero nunca mata al alma ni le quita sensibilidad.

5. Tan severo como es el fuego del Purgatorio, es la pena de la separación de Dios, la cual el alma también sufre en el Purgatorio, y ésta es la pena más severa. El alma separada del cuerpo anhela con toda la intensidad de su naturaleza espiritual estar con Dios. Es consumida de intenso deseo de volar hacia Él. Aún es retenida, y no hay palabras para describir la angustia de esa aspiración insatisfecha.

Qué locura, entonces, es para un ser inteligente como el ser humano negar cualquier precaución para evitar tal espantoso hecho.

No existen palabras para describir la terrible angustia que pasan las almas del Purgatorio

Es infantil decir que no puede ser así, que no lo podemos entender, que es mejor no pensar o no hablar de ello. El hecho es que, ya sea lo creamos o no, todas las penas del Purgatorio están más allá de lo que podamos imaginar o concebir. Estas son las palabras de San Agustín.

Capítulo Segundo:

Sobre el purgatorio ¿Puede todo esto ser verdad?

La existencia del Purgatorio es tan cierta que ningún católico ha tenido nunca una duda acerca de ello. Fue enseñado desde los tiempos más remotos por la Iglesia y fue aceptada con indubitable fe cuando la Palabra de Dios fue predicada. La doctrina es revelada en la Sagrada Escritura y creída por millones y millones de creyentes de todos los tiempos.

Aún, tal como lo hemos remarcado, las ideas de algunos son tan vagas y superficiales en este tema tan importante, que son como personas que cierran sus ojos y caminan deliberadamente en el filo de un precipicio.

Harían bien en recordar que la mejor manera de acortar nuestra estadía en el Purgatorio- o aún más, evitarlo- es tener una clara idea de ello, y de pensar bien en ello y adoptar los remedios que Dios nos ofrece para evitarlo.

No pensar en ello es fatal. Es cavarse a sí mismos la fosa, y prepararse para ellos mismos un terrorífico, largo y riguroso Purgatorio.

El Príncipe Polaco:

Hubo un príncipe polaco, que por una razón política, fue exiliado de su país natal, y llegado a Francia, compró un hermoso castillo allí.

Desafortunadamente, perdió la Fe de su infancia y estaba, a la sazón, ocupado en escribir un libro contra Dios y la existencia de la vida eterna.

Dando un paseo una noche en su jardín, se encontró con una mujer que lloraba amargamente. Le preguntó el por qué de su desconsuelo.

“¡Oh, príncipe -ella replicó-, soy la esposa de John Marie, su mayordomo, el cual falleció hace dos días. El fue un buen marido y un devoto sirviente de Su Alteza. Su enfermedad fue larga y gasté todos los ahorros en médicos, y ahora no tengo dinero para ir a ofrecer una Misa por su alma“.

El príncipe, tocado por el desconsuelo de esta mujer, le dijo algunas palabras, y aunque profesaba ya no creer más en la vida eterna, le dio algunas monedas de oro para tener la Misa por ella y su difunto esposo.

Un tiempo después, también de noche, el Príncipe estaba en su estudio trabajando febrilmente en su libro.

Escuchó un ruidoso tocar a la puerta, y sin levantar la vista de sus escritos, invitó a quien fuese a entrar. La puerta se abrió y un hombre entró y se paró frente al escritorio de Su Majestad.

Al levantar la vista, cuál no sería la sorpresa del Príncipe al ver a Jean Marie, su mayordomo muerto, que lo miraba con una dulce sonrisa.

Príncipe, le dijo, “vengo a agradecerle por las Misas que usted permitió que mi mujer pidiera por mi alma. Gracias a la Salvadora Sangre de Cristo, ofrecida por mí, Voy ahora al Cielo, pero Dios me ha permitido venir aquí y agradecerle por sus generosas limosnas“.

Luego el agregó solemnemente “Príncipe, hay un Dios, una vida futura, un Cielo y un Infierno”. Dicho esto, desapareció.

El Príncipe cayó de rodillas y recitó un ferviente Credo.

SAN ANTONINO Y SU AMIGO

Aquí hay una narración de diferente clase, pero no menos instructiva.

San Antonino, el ilustre Arzobispo de Florencia, relata que un piadoso caballero había muerto, el cual tenía un amigo en un convento Dominicano en el cual el Santo residía. Varias Misas fueron sufragadas por su alma.

El Santo se afligió mucho cuando, después de un prolongado lapso, el alma del fallecido se le apareció, sufriendo muchísimo.

“Oh mi querido amigo -exclamó el Arzobispo- ¿estás todavía en el Purgatorio, tú, que llevaste tal piadosa y devota vida?

“Así es, y tendré que permanecer aquí por un largo tiempo -replicó el pobre sufriente- pues en mi vida en la Tierra fui negligente en ofrecer sufragios por las almas de Purgatorio.  Ahora, Dios por su justo juicio aplica los sufragios que debían ser aplicados por mí, en favor de aquellos por los cuales debí haber rezado“.

“Pero Dios, también, en su justicia, me dará todos los méritos de mis buenas obras cuando entre al Cielo; pero, primero de todo, tengo que expiar mi grave negligencia de no acordarme de los otros“.

Tan ciertas son las palabras de Nuestro Señor “Con la vara con que mides serás medido”.

Recuerda, tú que lees estas líneas, el terrible destino de ese piadoso caballero será el de aquellos que desechan orar y rehúsan ayudar a las Santas Almas.

"Con la vara con la que mides serás medido"

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