DEL SACRIFICIO AL BANQUETE CONMEMORATIVO

Una primera comparación entre el misal revisado por San Pío V y el de Pablo VI revela cierta semejanza.

Ahora bien, un análisis detallado de estos dos misales manifiesta que,

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Los modernistas han modificado la estructura profunda de la liturgia

más allá de mantenerse las apariencias materiales del rito, se ha modificado la estructura profunda de la liturgia eucarística.

I-El Misal tradicional posee estructura sacrificial:

1- oblación, 2- inmolación, 3- consumación.

II- En cambio, el nuevo misal sigue la talmúdica estructura de la comida judía:

1- berakah o bendición, 2- acción de gracias conmemorativa, 3- fracción del pan y manducación.

a) Estructura del Misal tradicional: un sacrificio

Dato de fe: la Misa es un verdadero sacrificio en que se inmola de modo incruento Aquel que se ofreció de modo cruento en la Cruz.

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A diferencia del misal de Pablo VI, con el Misal tradicional es IMPOSIBLE alterar el sentido del Verdadero Sacrificio

Rito: explícitamente sacrificial, pues el fin del rito es poner en evidencia los principales aspectos y toda la riqueza de la acción sacrificial  que realizan las palabras de la Consagración, y hacernos participar en él. Así, el rito litúrgico supone la irradiación de este único misterio.

Estructura esencialmente sacrificial:

1- oblación de la víctima (Ofertorio); 2- inmolación (doble Consagración) y 3- consumación (Comunión). Procedimiento pedagógico para que el hombre entienda que este desarrollo ritual es una simple irradiación del único Acto sacrificial: lo que aún no es más que pan y vino ya se considera como el Cuerpo y Sangre divinamente inmolados.

De ese modo, la misa aparece como una única acción sacrificial, contemplada por adelantado, ofrecida, llevada a cabo, adorada y ensalzada, y finalmente consumada en la unidad del Cuerpo Místico.

b) Estructura del nuevo Misal: un banquete conmemorativo

Según los promotores del nuevo misal, Cristo al instituir la Eucaristía asumió el aspecto memorial de la pascua judía sin conservar su carácter de inmolación.

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Los modernistas no se hallan en comunión con la gente que está en el Cielo, en cuyas vidas profesaron repudio perenne hacia la concepción protestante del memorial o “cena del Señor”

Así los que definirán la estructura de la misa no serán los rituales de la misa de siempre con la que se santificaron todos los santos de la historia, sino los actos rituales propios de la comida judía:

1- Berakah o bendiciones de los alimentos (Presentación de los dones); 2- acción de gracias conmemorativa (Plegaria eucarística) y fracción del pan y manducación (Comunión).

Así, en lugar del Ofertorio, está la “presentación de los dones” tomada en parte, “palabra por palabra, a la bendición judía de la mesa”:

“Bendito seas, Señor Dios del universo, por éste pan, fruto de la tierra y del Trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.”

Esas palabras, que son las de una acción de gracias, ordenadas  enteramente al banquete pascual, han reemplazado a las del Misal tradicional:

“Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, Dios mío, vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; y por todos los circunstantes; y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos aproveche para la salvación y vida eterna. Amén.”

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“En la misa modernista, desaparece el sentido de Misa como sacrificio y se respira el ambiente de un banquete”

Desaparece entonces el clima sacrificial que caracteriza al Ofertorio romano.

Como vemos, este último precisa que el sacrificio se ofrece por nuestros pecados explícitamente.

El Canon, al convertirse en “Plegaria eucarística”, ha sido profundamente afectado, aunque la disposición exterior de los ritos parezca muy semejante. La Institutio Generalis de la nueva misa (nº 54) la presenta como “oración de acción de gracias y de santificación”, como en las comidas rituales judías.

La primera parte de la Plegaria eucarística es una gran narración de acción de gracias, con una dimensión más conmemorativa que sacrificial, considerando más un pasado que la realización presente de un efecto cualquiera (véase la Institutio Generalis de la nueva misa nº 55 d).

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Durante la consagración, en la misa nueva hay solamente un banquete conmemorativo, aliñado con narraciones

Ese paso de la primacía sacrificial a la de banquete conmemorativo queda indicado  sobre todo por:

1) A la forma misma del sacramento se introduce “Tomad y comed todos de él”; “Tomad y bebed todos de él”, recalcando el aspecto de banquete (por ello en el Misal tradicional están  claramente separadas).

2) Después de la consagración de la hostia se añade “Entregado por vosotros”. En el Misal tradicional estaba reservada a la consagración del cáliz, lo que muestra que la doble consagración separada significa ostensiblemente la inmolación incruenta de Cristo.

3) Se introdujo en la forma sacramental “haced esto en memoria mía” (hasta el momento no formaba parte de ella), así el aspecto conmemorativo se convierte en el punto culminante de las nuevas palabras de la consagración.

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Mientras que las palabras de la consagración del misal tradicional dejan aparecer en primer lugar la transubstanciación y dimensión sacrificial, y de modo secundario el aspecto conmemorativo, las del nuevo misal recalcan exclusivamente el aspecto de banquete y de conmemoración de la misa.

El nuevo misal, ¿qué sacrificio ofrece? Sólo en la medida en que, a través del memorial eucarístico que hace presente los actos del pasado de la Redención, la asamblea conmemora el sacrificio de Cristo, como un aspecto más y no de los más importantes.
En cambio, el misal tradicional ejecuta un sacrificio al que se llama eucarístico sólo en razón de uno de sus fines.

Por eso, el misal nuevo pretende realizar en primer lugar un memorial de acción de gracias, una de cuyas conmemoraciones es el sacrificio, pero no presentando a Dios Padre la eficacia de una muerte redentora, sino a Cristo victorioso que llega al término de sus misterios.

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El nuevo misal sólo pretende efectuar un memorial de acción de gracias, al estilo de los banquetes judíos

.

Por ejemplo, el gesto de la fracción del pan se desarrollado ampliamente, porque, según el Catecismo editado por Juan Pablo II, “este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia” (CI 1329), como si la Santa Misa fuese un recuerdo de “banquetes judíos” de Cristo y sus discípulos. Todos sabemos bien lo mucho que le gustaban a Cristo las tradiciones humanas de los judíos y lo contentos que los judíos estaban con Cristo por el respeto a sus “tradiciones”.

Además, la comunión bajo las dos especies se requiere para la plenitud del significado de banquete de comunidad; en cambio, en la Misa tradicional la comunión es participación a la víctima, que es Cristo, cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia y por ello el significado se realiza suficientemente al ingerir una sola especie.

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los ritos de comunión del Novus Ordo Missae confirman esta primacía del banquete conmemorativo del nuevo misal

Obviamente, alguien que piensa que es necesario comulgar bajo las dos especies está negando tácitamente el dogma revelado por Dios de que en cada una de las dos especies, por separado, se halla Cristo íntegramente con su Cuerpo, sangre, Alma y Divinidad. También en la fórmula de distribución, en que ya no se dice “El Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna. Amén” se relativiza la santificación personal que representa la comunión, en favor del aspecto de banquete.

De ahí pues que debamos inferir dos cosas:

1) La clave que explica el misterio de la misa ya no es de la Cruz sino la Cena, que se ha convertido en el modelo ejemplar del rito, considerado como banquete memorial.

2) Este banquete conmemorativo es al mismo tiempo de la Pasión y de la Resurrección, como si fueran equivalentes y como si se renovase y actualizase realmente la Resurrección de Cristo en la Misa.

Conclusión

El cambio de lugar de la expresión Mysterium fidei (misterio de la fe) es característica de la divergencia de los dos misales. Se desplaza el centro de gravedad de la misa y manifiesta la diferencia fundamental: de ofrenda sacrificial de la Presencia Real Transubstanciada, se pasa al memorial de la Pascua de Cristo.

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Naturalmente, en la Misa Tradicional, la expresión Mysterium Fidei se halla en el corazón del rito

Por ello, en la Misa Tradicional, la expresión Mysterium fidei se halla en el corazón de la consagración, indicando la presencia redentora de Cristo en estado de inmolación. Sin embargo, en la misa nueva, separan la expresión, que pronuncian los fieles después de la consagración como proclamación del conjunto de los misterios de Cristo, junto con una burlona y ambigua expresión pidiendo a Cristo que venga o anunciando su venida, como si Cristo no se hubiera personado ya de manera real en la consagración.

Esta entrada la hemos basado fundamentalmente en un capítulo del estudio “El Problema de la reforma litúrgica”, editado por la Hermandad San Pío X.

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