Como ya hemos hecho en alguna otra ocasión, reproducimos aquí un artículo de la intelectualmente honrada Agencia Faro, haciendo solamente algunas modificaciones en el formato gráfico, y añadiendo ilustraciones; esta vez se trata de mostrar por qué los católicos deben creer en el Limbo, por ser la enseñanza sobre el Limbo una doctrina creída siempre por todos los católicos de la historia.
Negar la realidad del Limbo supondría poner en tela de juicio el dogma de la Indefectibilidad de la Iglesia, puesto que este dogma implica que la Iglesia jamás estuvo errada en una doctrina de la fe.

"están más preocupados por el sentimentalismo contemporáneo que por las verdades de Fe"
Actualmente, debido a sentimentalismos y a una alta dosis de soberbia, muchos creen ingenuamente que entrar en el Reino de los Cielos es una especie de derecho. Por intensos que sean sus caprichos y deseos sentimentales de variar la realidad sobrenatural, ésta seguirá siendo tal y como ha venido siendo hasta ahora, y NADIE podrá jamás cambiarla.
Ni siquiera un papa, aunque intentara hacerlo, podría jamás modificar las realidad objetiva de las enseñanzas que han sido siempre creídas por los fieles católicos de todas las épocas.
Por eso decía el otrora Cardenal Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI:
“Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa […]su potestad se liga a la tradición de la fe […] La autoridad del Papa NO es ilimitada: está al servicio de la Santa Tradición “.
(Joseph Ratzinger, Introducción al Espíritu de la Liturgia , Ediciones San Pablo, pág. 162.)

"La autoridad del Papa NO es ilimitada: está al servicio de la Santa Tradición"
Y San Vicente de Lérins, Doctor de la Iglesia, nos deja claro en su Conmonitorium cómo actuar en tiempos en los que alguien quiere modificar alguna enseñanza de siempre:
“Y si algún contagio nuevo se esfuerza en envenenar, no ya una pequeña parte de la Iglesia, sino toda la Iglesia entera a la vez incluso, entonces su gran cuidado será apegarse a la antigüedad, que evidentemente no puede ya ser seducida por ninguna mentirosa novedad”
Uno de los que pretenden cambiar las enseñanzas de siempre sobre el Limbo ha sido el ya fallecido obispo Alessandro Maggiolini, uno de los redactores del llamado “Catecismo de la Iglesia Católica”. Maggiolini, con tan pocos “respetos humanos” que a menudo vestía de ministro anglicano y no de obispo católico, es también conocido por sus afirmaciones ambiguas respecto al uso de la píldora y del preservativo, así como por las famosas acusaciones de haber encubierto los crímenes del sacerdote Mauro Stefanoni, pederasta defensor acérrimo del Concilio Vaticano II.
Mendo Crisóstomo
Los católicos sí creemos en el limbo
por L.I.A. (Extraído de Agencia FARO, 24/Abril/2007)
P. ¿Pues hay más que un infierno?
R. Sí, padre, hay cuatro en el centro de la tierra que se llaman: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños y limbo de los justos o seno de Abraham.
P. ¿Y qué cosas son?
R. El infierno de los condenados es el lugar donde van los que mueren en pecado mortal, para ser en él eternamente atormentados. El purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos. El limbo de los niños, el lugar donde van las almas de los que antes del uso de la razón mueren sin el Bautismo; y el de los justos o seno de Abraham el lugar donde, hasta que se efectuó nuestra redención, iban las almas de los que morían en gracia de Dios, después de estar enteramente purgadas, y el mismo a que bajó Jesucristo real y verdaderamente.
(Catecismo de la Doctrina Cristiana, escrito por el P. Gaspar Astete, añadido por el licenciado don Gabriel Menéndez de Luarca)

Los Católicos sabemos que existen cuatro "infiernos": el limbo de los niños muertos sin bautizar, el limbo de los justos al que Cristo descendió, el Purgatorio y el Infierno de los condenados eternamente
Durante generaciones, durante siglos, los españoles —decir católicos españoles era, hasta no hace tanto, una redundancia— hemos aprendido la verdad del limbo con el célebre Astete. Sin embargo, un despacho de la agencia oficial vaticana Zenit nos contaba el 4 de mayo de 2006, ufanamente:
Monseñor Alessandro Maggiolini, teólogo y uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica, explica por qué el limbo ya no aparece en la doctrina cristiana. Monseñor Maggiolini aclara que de este tema no se habla porque «es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio es una opción bastante sabia también porque el limbo, si se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las que a menudo se habla de una manera analítica y un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo parece en cambio sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena».
Según Maggiolini, el Catecismo del Padre Astete debe ser «catequesis popular torpe». También debe serlo la clásica definición de San Vicente de Leríns en su «Commonitorio», según la cual la Fe de la Iglesia consiste en «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar».

Según parece, para Maggiolini, las enseñanzas de siempre sobre el limbo son una "catequesis popular torpe". Él en cambio, como digno hijo del Concilio Vaticano II, era más sabio que todos los Santos Doctores y Papas de la historia de la Iglesia
Mas una sencilla consulta al Denzinger nos confirma que esta «hipótesis teológica» —según el Vaticano actual— la sostiene solemnemente el Magisterio al menos en dos ocasiones.
Lo hace en 1321 el Papa Juan XXII, en la carta Nequaquam sine dolore a los armenios.
Lo hace en 1794 Pío VI, en la constitución Auctorem Fidei, condenando los errores del Sínodo de Pistoya:
La doctrina que reprueba como fábula pelagiana el lugar de los infiernos (al que corrientemente designan los fieles con el nombre de limbo de los párvulos) … es falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas.
¿Cómo entender, pues, que la Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que empezó a estudiar la creencia en el limbo en 2004, publique en abril de 2007 un documento que dice cosas como que ésta refleja una «visión excesivamente restrictiva de la salvación», que existen «serias razones teológicas para creer que los niños no bautizados que mueren se salvarán y gozarán de la visión beatífica»?
¿Cómo entender que el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la misma congregación, afirmara en 1984 que el limbo era «sólo … una hipótesis teológica» y que lo mejor sería no tenerla en cuenta? ¿Cómo aceptar que en el Nuevo Catecismo el limbo haya sido omitido?
Siempre hemos creído que en el limbo se goza de felicidad natural, ya que no de la visión de Dios. Siempre hemos creído también —y ese es el centro de nuestra Fe— que nos salvamos por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por su Pasión y Muerte en la Cruz. Si el bautismo no es necesario, si se puede entrar en el Cielo con la mancha del pecado original, en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos.
El documento se titula «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin ser bautizados» y, según la comisión, el limbo representaba un «problema pastoral urgente», ya que cada vez son más los niños nacidos de padres no católicos y que no son bautizados y también «otros que no nacieron al ser víctimas de abortos»; «es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna». Si hubiese que juzgar por estas palabras, parecería que la Comisión Teológica Internacional, la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Vaticano que autoriza la publicación del documento en cuestión, están más preocupados por el sentimentalismo contemporáneo que por las verdades de Fe.

El Papa Pío VI ya había condenado, como Doctor Universal, las afirmaciones "anti-Limbo" de los jansenistas de Pistoya, calificándolas de "falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas"
«es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna»
Otro despacho de Zenit, de 2 de octubre de 2006, arrojaba más luz sobre el espíritu que guía a la tal Comisión:
La Comisión Teológica Internacional comenzó este lunes su sesión plenaria en el Vaticano en la que, entre otras cosas, está analizando el borrador de un documento sobre los niños fallecidos sin el bautismo.
Así lo confirma un comunicado, emitido este sábado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, explicando que la reuniones están presididas por el cardenal William Joseph Levada, presidente de la Comisión, en cuanto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Los documentos de esta Comisión no forman parte del Magisterio de la Iglesia, buscan ayudar a la Santa Sede y especialmente a la Congregación para la Doctrina de la Fe a examinar cuestiones doctrinales de particular importancia.

Si el Limbo no existiera: "...en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos"
En diciembre del año 2005, al hablar de este documento en redacción, el secretario general de la Comisión Teológica Internacional, el padre Luis Ladaria, S.I., explicó a los micrófonos «Radio Vaticano» que sobre el «limbo» «no hay una definición dogmática, no hay una doctrina católica que sea vinculante».
«Sabemos que durante muchos siglos se pensaba que estos niños iban al Limbo, donde gozaban de una felicidad natural, pero no tenían la visión de Dios. A causa de los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio, esta creencia hoy está en crisis», aclaró.
Para entender la cuestión el padre Ladaria aclaró: «Tenemos que comenzar por el hecho de que Dios quiere la salvación de todos y que no quiere excluir a nadie; tenemos que fundamentarnos en el hecho de que Cristo ha muerto por todo los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».
De modo que el motor de esta «abolición» del limbo son «los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio … que Cristo ha muerto por todos los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».
¿A qué nos suena esto de «por todos los hombres»? Volvamos al despacho de Zenit de 4 de mayo de 2006, y a Monseñor Maggiolini:
Es mejor no ser demasiado curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual quiere salvar «a vosotros y a todos», como dice la fórmula de la consagración eucarística.
Monseñor Maggiolini, ¿se engaña, o quiere engañarnos? Bien es verdad que las versiones vernáculas del Novus Ordo Missae dicen, con sospechosa unanimidad, «sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados».
Mas también es verdad que esa no es la traducción de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Después de casi cuarenta años de falsificación de las palabras del Redentor, en noviembre de 2006 la Congregación del Culto Divino decretó que «pro multis» debe traducirse como «por muchos». El prefecto de dicha congregación, Francis Arinze, a quien de momento nadie está haciendo caso, justificaba confusamente tanto el cambio como la mala traducción, diciendo entre otras cosas:
«Por muchos» es una traducción fiel de «pro multis» en tanto que «por todos» es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.

Las Conferencias Episcopales se creen con autoridad no sólo para destruir la Tradición de la Iglesia, sino incluso para contradecir abiertamente las palabras de Nuestro Señor
Respecto a las palabras que se añaden: Por vosotros y por muchos, las primeras están tomadas de San Lucas, y las otras de San Mateo (Luc., XXII, 20; Matt. XXVI, 28), pero que las juntó seguidamente la Santa Iglesia, instruida por el Espíritu de Dios; y son muy propias para manifestar el fruto y las ventajas de la pasión. Porque, si atendemos a su valor, habrá que reconocer que el Salvador derramó su sangre por la salvación de todos; pero si nos fijamos en el fruto que de ella sacan los hombres, sin dificultad comprenderemos que su utilidad no se extiende a todos, sino únicamente a muchos. Luego, cuando dijo: por vosotros, dio a entender, o a los que estaban presentes, o a los escogidos del pueblo judío, cuales eran sus discípulos, excepto Judas, con los cuales estaba hablando. Y cuando dijo: por muchos, quiso se entendieran los demás elegidos de entre los judíos o los gentiles. Muy sabiamente, pues, obró no diciendo por todos, puesto que entonces sólo hablaba de los frutos de su pasión, la cual sólo para los escogidos produce frutos de salvación. A esto se refieren las palabras del Apóstol (Hebr., IX, 28): Cristo ha sido una sola vez sacrificado para quitar de raíz los pecados de muchos; y lo que dijo el Señor, según San Juan (Joan., XVII, 9): Por ellos ruego Yo ahora: no ruego por el mundo, sino por estos que me diste, porque tuyos son.
Una Comisión Teológica Internacional, sin rango magisterial alguno, enmienda la plana al Magisterio. De forma parecida a como, hace unos años, las conferencias episcopales de los países de habla hispana fueron enmendando la plana a Nuestro Señor Jesucristo, imponiendo cambios en el Padrenuestro. El principal, por cierto, cambiando «deudas» («et dimitte nobis debita nostra») por «ofensas»; y, por lo tanto, al hacer olvidar la deuda, que permanece tras el perdón de los pecados, haciendo olvidar también el «purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos» (Catecismo del Padre Astete). Primero el Purgatorio, ahora el Limbo.

Pese a las erróneas doctrinas inventadas por los modernistas, los católicos seguiremos creyendo en el Limbo igual que en el resto de Doctrinas Reveladas por Dios a la Iglesia
Parece, sin embargo, que con Trento, con los Papas, con el Padre Astete y con «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar» en la Iglesia, los católicos vamos a tener que seguir creyendo en el limbo.
Que es, aunque los de esa comisión no quieran entenderlo, una prueba más de la misericordia de Dios.

5 comentarios
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diciembre 30, 2009 a 12:03 pm
manuel gonzalez
No es seguro que el limbo no exista, o que el limbo exista, es lo mismo. Pero los que han dicho que no existe no son cualquier persona, son teólogos , con una visión de Cristo más humana y no tan restrictiva. Porque entonces, una pregunta os haría, y es la siguiente: los niños y las personas en general de otras religiones ¿que pasa con ellos? tampoco han sido bautizados. Y en este caso, no serán tan buenos como para no cometer pecados personales. Y si os poneis así, como sólo los quita el sacramento de la reconciliación , pues nada, al infierno.
Sólo tengo que comentar , que me causais una fraternal sonrisa. un abrazo
enero 4, 2010 a 8:38 pm
iotaunum
Lamento desilusionarle, pero nadie puede entrar en el cielo con el pecado original. Puesto que los niños que mueren sin el bautismo mueren con el pecado original, en el Cielo no cabe la menor duda de que no entran.
¿Van al Infierno de los condenados? Tampoco, ya que al morir sin pecados personales no tienen faltas por las que ser castigados. Luego no cabe la menor duda de que van al Limbo.
Ya ha sido expuesto que: “Y si algún contagio nuevo se esfuerza en envenenar, no ya una pequeña parte de la Iglesia, sino toda la Iglesia entera a la vez incluso, entonces su gran cuidado será apegarse a la antigüedad, que evidentemente no puede ya ser seducida por ninguna mentirosa novedad”.
¿Cuál es la novedad? Negar el Limbo. “Novum, ergo falsum”.
Dice usted: “los que han dicho que no existe no son cualquier persona, son teólogos , con una visión de Cristo más humana y no tan restrictiva”
Ahora el título de “teólogo” lo obtiene cualquiera. Por eso hay tantos teólogos que no dicen más que disparates, muchos de ellos peritos del Concilio Vaticano II y muchos de ellos Cardenales, Obispos y Conferencias episcopales enteras.
Pero tiene usted razón en una cosa: “una visión de Cristo más humana”.
Efactivamente, una visión “humana, demasiado humana” como para creérsela. Una fe construida a su medida según sus apetencias y caprichos sentimentales, pero sin ninguna base teológica.
“una pregunta os haría, y es la siguiente: los niños y las personas en general de otras religiones ¿que pasa con ellos?”
Esto son dos preguntas en una:
1-Los niños de otras religiones. Si no tienen uso de razón y mueren sin el bautismo, le sucede como a los niños muertos sin bautizar hijos de católicos, que se van al Limbo.
2-Las personas en general de otras religiones:
Te responde la Sagrada Escritura:
-“No, afirmo sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a Dios. Ahora bien, yo no quiero que vosotros entréis en comunión con los demonios. No podéis beber del cáliz del Señor y del cáliz de los demonios; tampoco podéis sentaros a la mesa del Señor y a la mesa de los demonios”. (1. Cor. 10, 20-21)
Te responden los Padres de la Iglesia:
-“Ésta es la fe católica: a no ser que uno la crea fiel y firmemente, no podrá salvarse” (Credo Atanasiano)
Te responde el Magisterio de siempre:
-“Mas si alguno muere en pecado mortal sin penitencia, sin género de duda es perpetuamente atormentado por los ardores del infierno eterno.”
Inocencio IV, 6 marzo 1254
Ya definió PARA SIEMPRE, de modo infalible, el IV Concilio de Letrán, que fuera de la Iglesia no hay salvación; hay casos excepcionales en que ciertos individuos que NO CONOCEN LA IGLESIA tienen un “bautismo de deseo” y entran en la Iglesia Católica sin saberlo ellos. Obviamente, sin contar con la ayuda de los sacramentos lo tienen mucho más difícil para salvar su alma.
El amor propio y el sentimentalismo, al margen de la razón, no encuentran desproporcionada una eternidad feliz (todos se creen muy buenos), pero les disgusta la idea de una eterna condenación, y por eso se hacen ilusiones.
Como expresa inmejorablemente el artículo:
“Si el bautismo no es necesario, si se puede entrar en el Cielo con la mancha del pecado original, en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos.”
Feliz Año
junio 3, 2010 a 3:38 am
Daniel
Hermano, una pregunta, por ejemplo, a mi me bautizaron, pero realmente el bautismo de la Iglesia del Concilio Vaticano II es invalido, ya que las ordenaciones de los nuevos ministros, no son aceptadas por el cielo…aja, en ese caso, que pasaría conmigo? Realmente el bautismo de deseo es parte de la tradición o es un invento de la nueva Iglesia? Disculpe mi ignorancia, pero de verdad no estoy seguro. ¿Es aceptable el bautismo de deseo?.
Y también me gustaría saber, si el bautismo de sangre, también es valido? digo de sangre, refiriendome al martirio.
Hermano, también me gustaría saber, sobre el fin del limbo, ok, tienen la mancha del pecado original y por supuesto no pueden entrar al cielo, pero ¿qué dice la tradición de la Iglesia?¿ qué pasará con ellos? ¿cómo por fin entrarán al Cielo? o es un misterio que sólo Dios sabe?
Gracias hermano.
junio 4, 2010 a 9:27 pm
iotaunum
Para la validez del bautismo no es necesario que quien lo administra sea sacerdote válidamente ordenado, pues, en caso de necesidad, el bautismo puede aplicarlo válidamente cualquiera. Lo único necesario es la intención válida por parte de quien lo administra, la validez de la fórmula y el agua como materia del sacramento.
Sobre la validez de las ordenaciones de los nuevos ministros, es un asunto sobre el cual no nos pronunciamos; pero si quiere salir de dudas vaya a sacerdotes ordenados al modo tradicional, que es un modo sobre cuya validez no cabe la menor duda porque es el que siempre se usó.
El bautismo de deseo es algo que de verdad existe, pero habría que ver qué es lo que entendemos por “bautismo de deseo”, ya que, si lo entendemos mal, entonces ¿a qué vino Cristo a mandar a sus Apóstoles que bautizaran a los hombres de todas las naciones? ¿para qué las misiones? ¿para qué el bautismo sacramental?
El bautismo de sangre también existe. Nuevamente, habría que ver casos concretos para saber si hay o no hay bautismo de sangre, porque un mártir es un testigo de la Fe, y no puede haber testimonio de algo que no se conoce.
Sobre qué pasará con las almas de Limbo, lo único que sabemos es que ahora están en el Limbo. ¿Qué pasará después con ellas en el Fin del Mundo? eso es un misterio que sólo Dios conoce, y por lo tanto es ocioso pensar en ello, pues si Dios no nos lo ha definido mediante su Iglesia es porque no lo necesitamos para nuestra salvación.
Reciba un saludo fraternal en Cristo Rey.
enero 24, 2010 a 6:58 am
Agencia FARO
Gracias por recoger nuestros artículos y por tener un enlace a nuestra web. Sobre éste, les rogamos cambien la dirección por http://carlismo.es/agenciafaro, pues la que figura actualmente ya no funciona.