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DEL CRISTO SACERDOTE Y VÍCTIMA AL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA

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El nuevo misal se aleja de la doctrina de la Iglesia Católica

Al convertirse más en comida conmemorativa (en la que se puede concelebrar) que en sacrificio, el misal de Pablo VI quita valor a la presencia sacramental de Cristo, hasta el punto de compararla con su Palabra, en vez de insistir en el aspecto sacrificial de la Misa: la presencia de Cristo sacerdote (en el celebrante) y víctima (bajo las especies eucarísticas), que es el que se sitúa en el correcto camino de la enseñanza auténtica de la Iglesia.

I. El misal tradicional insiste mucho en la presencia eucarística:

  1. Sus muchas genuflexiones manifiestan la adoración que se le debe a Cristo víctima presente substancialmente bajo las especies eucarísticas con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, significada por la consagración separada de las dos especies y como centro de la acción litúrgica: eso es lo que se le entrega a Dios (oblación sacrificial) o a los hombres (comunión). En el nuevo misal no se halla el lugar central de esta presencia.
  2. Las indicaciones objetivas de la presencia substancial de Cristo en la Hostia se han reemplazado con expresiones que reducen su significado y que ya no consideran la presencia eucarística en sí misma sino solamente en la relación que tiene con el pueblo reunido, indicado por los siguientes HECHOS:
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“La distribución de la comunión que hasta ahora estaba estrictamente reservada al ministro sagrado se delega fácilmente a simples seglares”

  • Cada vez que se menciona la presencia eucarística se ha introducido sistemáticamente la palabra nobis “para nosotros”, alterando torticeramente incluso los textos originales.
  • Ya no se denomina a las especies eucarísticas sino en relación con la comunión: por ejemplo, el hanc immaculatam hostiam del ofertorio, se ha convertido en el “pan de vida”.
  • El que no sea un necio y consulte la Institutio generalis missalis romani verá que en ella no aparece ni una sola vez la palabra “transubstanciación”, ni tampoco la expresión “presencial real”. Para referirse a las sagradas especies, usa a veces la palabra “hostia”, pero con más frecuencia la de “pan”. Sólo habla de “Cuerpo de Cristo” en la medida en que se vincula directamente con la comunión.
  1. Se han atenuado o suprimido los gestos que manifiestan el respeto debido a las sagradas especies:
  • De las CATORCE genuflexiones que tiene el misal tradicional, sólo se han conservado tres (IGMR 233). Y aún así, éstas están vinculadas estrechamente con la asamblea: dos de ellas se hacen cuando el pueblo ha reconocido la presencia eucarística después de la elevación (se han suprimido las dos genuflexiones que en el misal tradicional siguen inmediatamente a las palabras de la consagración), y la tercera es en el momento de dar la comunión a los que participan; el celebrante por su parte, no hace más que “consumir con respeto el cuerpo de Cristo” (IGMR 116) sin hacer ninguna genuflexión.
  • Se ha suprimido la rúbrica conforme a la cual el celebrante mantiene los dedos juntos después de la consagración por respeto a las partículas eucarísticas. Por este mismo motivo se ha suprimido igualmente la purificación de los dedos.
  • La distribución de la comunión que hasta ahora estaba estrictamente reservada al ministro sagrado se delega fácilmente a simples seglares.
  • En la recepción de la comunión se ha instaurado ampliamente una actitud desacralizante: la de recibirla de pie y en la mano, en lugar de hacerlo de rodillas y en la lengua en signo de adoración y de respeto.
  1. En el misal tradicional, el celebrante identifica con mucha claridad las oblatas con Cristo víctima, describiendo muchas veces sobre ellas la señal de la cruz:
  • 33 signos de cruz sobre (o con) las oblatas, especialmente cuando el celebrante las ha puesto en el corporal después de la oración del ofertorio. TODOS estos gestos han desaparecido de la “preparación de los dones” del nuevo misal.
  • De 24 signos de cruz que señala el Canon del misal tradicional sobre las oblatas, sólo queda 1 en cada una de las plegarias eucarísticas (incluso en la “Plegaria eucarística I” que supuestamente representa al “Canon romano”).
  • En el misal tradicional el signo de cruz aparece sobre las sagradas especies tres veces aún en las oraciones antes de la comunión; además al comulgar, el celebrante empieza haciendo con la Hostia, y luego con el cáliz, una señal de la cruz; lo mismo al distribuir la comunión a cada fiel. En el nuevo misal todos estos gestos han desaparecido, y el signo de la cruz no aparece más que una vez en los ritos de la comunión.
  1. Al separar el sagrario del altar mayor (IGMR 276), la reforma considera menos nuestras iglesias como casas de Dios que como la casa del pueblo. Así, cuando un fiel entra en una iglesia fuera de un oficio, lejos de encontrarse ante la presencia de un ser (la de su Dios realmente presente en el sagrario) no encuentra más que una ausencia, la ausencia de una acción litúrgica, puesto que se encuentra en una edificio cuyo único sentido es la comunidad reunida.
  2. El nuevo misal reconoce la presencia real cuando ésta se relaciona con la asamblea, como lo hacen los protestantes, de modo que no la considera nunca en sí misma como objeto de adoración; y, así, atenúa o calla la dimensión victimal de esta presencia durante la acción litúrgica. Las palabras y los gestos del nuevo misal, las designaciones de la Institutio generalis missalis romani y la separación del sagrario, todo va en la misma dirección. El modo en que el nuevo misal entiende y efectúa los ritos de instrucción (“misa de catecúmenos” del misal tradicional) no hacen más que confirmar esta conclusión.

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    “De las CATORCE genuflexiones que tiene el misal tradicional, sólo se han conservado tres (IGMR 233). Y aún así, éstas están vinculadas estrechamente con la asamblea”

 II. ¿Presencia de Cristo en su palabra?:

  1. Además de disminuir la Presencia Real en las sagradas especies, la IGMR señala: “Cuando se lee la sagrada escritura en la Iglesia [es decir, en la asamblea presente, que significa el misterio de la Iglesia], es Dios quien habla a su pueblo”, que equipara la presencia substancial de Cristo en las especies eucarísticas con la mera presencia simbólica de una lectura (lectura que además es deudora de un traductor, no de una revelación).
  2. La Escritura y la Eucaristía se suelen describir del mismo modo, como si no fueran más que dos formas del único alimento dispensado en este banquete pascual: ambos son la mesa del Señor (IGMR 8, 34, 56). La misma herejía aparece en el Nuevo Catecismo de 1992, redactado por una comisión presidida por el maricón cismático y masón Schönborn (CEC 1346-1347).
  3. La “liturgia de la Palabra” considerada como contacto entre Dios y los asistentes (IGMR 9) requiere un modo nuevo de enfocar la Sagrada Escritura, que contradice de lleno los datos teológicos firmemente asentados durante 2000 años. En cambio, el misal tradicional expresa la enseñanza de la Tradición sobre este tema con una precisión asombrosa:
    • Reservando la lectura de la Sagrada Escritura EXCLUSIVAMENTE a los ministros sagrados, celebra no a la Sagrada Escritura misma, sino su difusión por medio del Magisterio de la Iglesia. Para esto le otorga efectivamente a la procesión evangélica los honores que normalmente se reservan a la presencia real.
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‘Al diluir las distinciones que pone el misal tradicional entre el celebrante y los fieles, parece que el nuevo misal no conoce más que un solo agente litúrgico, “el pueblo de Dios”’

  • El misal tradicional coloca con precisión la distribución de pasajes de la Sagrada Escritura en el transcurso de la Misa, que no es por sí mismo una celebración, sino su preparación, encaminado a reavivar la fe de los asistentes. Esto se expresa perfectamente al principio del Canon, cuando el celebrante reza por los fieles que asisten. Dirigiéndose a Dios, los designa como aquellos “cuya fe y devoción os es conocida”. Estas dos notas resumen la distribución de los ritos que preceden al ofertorio: desde el Salmo 42 a la Colecta, la liturgia dispone los corazones por el fervor; desde la Epístola al Credo, prepara las inteligencias reavivando la fe. Por este motivo, el rito del Evangelio, lejos de poder compararse con la liturgia eucarística, se tiene que asociar a las primeras oraciones de la misa. De ahí su denominación común de “misa de catecúmenos”.
  1. En el nuevo misal, hay unas “lecturas” cuyo ministro puede ser un simple seglar y que pueden ser meras traducciones en lengua vulgar, ya que se valoran en el sentido protestante: se celebra a la Escritura como si se bastara a sí misma.

III. La relativización de la presencia del sacerdote:

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“En el nuevo misal, hay unas “lecturas” cuyo ministro puede ser un simple seglar”

Al diluir las distinciones que pone el misal tradicional entre el celebrante y los fieles, parece que el nuevo misal no conoce más que un solo agente litúrgico, “el pueblo de Dios”. La primera frase de la Insti­tutio generalis missalis romani describe la celebración de la misa como “acción de Cristo y del pueblo de Dios organizado jerárquicamente” (IGMR 1). Esta “asamblea litúrgica” (IGMR 320 y 323) se describe de un modo muy enfático: es el “pueblo santo” (IGMR 10, 55 a, 62 y 74), el “pueblo de Dios” (IGMR 1, 7, 62, 253, 257 y 259), el “pueblo adquirido de Dios y sacerdocio real” (IGMR 62), etc. En esta tendencia de indiscutible protestantismo, el lugar exacto que el nuevo misal atribuye a este pueblo reunido, hay que entenderlo a través de las 164 menciones que hace de él la Insti­tutio generalis missalis romani:

    1. El nuevo misal pone el énfasis en la presencia espiritual de Dios en el seno de su pueblo: da tal importancia a la asamblea y a su dignidad como signo representativo de la Iglesia universal, de modo que es él y no ningún sacerdote quien tiene la eficacia de hacer que Cristo se haga presente.
    2. Con el valor significativo de la asamblea, cobra lugar importante la concelebración, y, así, de modo contrario al misal tradicional, la confesión en sí misma toma una dimensión comunitaria (IGMR 29) sin dejarle un lugar especial a la confesión del celebrante.
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“se ha relativizado, o incluso borrado, la presencia de Cristo sacerdote (en su ministro)”

    1. Tras haberle quitado valor a la presencia de Cristo víctima, presente substancialmente en la acción del sacerdote ministerial, el nuevo misal exalta la presencia espiritual del Señor, presencia cuyo ministro es el pueblo de Dios (la asamblea de los fieles hace que el Señor esté realmente presente: IGMR 28). El celebrante, por su parte, se contentará cuando celebra la Eucaristía, con “servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad” para “sugerir a los fieles una presencia viva de Cristo” (IGMR 60).
    2. La “liturgia de la Palabra” aparece como un diálogo directo entre “Dios y su pueblo”, sin que tenga que intervenir específicamente el sacerdocio ministerial.
    3. La “liturgia eucarística” del nuevo misal manifiesta patentemente como se deja de lado al sacerdocio ministerial en beneficio de la “acción comunitaria de la “asamblea”. Así, cada vez que la Institutio generalis missalis romani trata de la ofrenda del sacrificio, la describe como un acto común al celebrante y a los fieles (IGMR 54, 55, 62).
    4. En el nuevo misal se han suprimido, por consiguiente, las oraciones que en el misal tradicional indican la oblación propiamente sacramental, que pertenecen únicamente al sacerdocio ministerial. La primera oración del ofertorio del misal tradicional, tan exacta y que voluntariamente está en singular, manifiesta esta oblación ritual: “recibid Padre santo (…), esta hostia inmaculada que yo, vuestro indigno servidor, os ofrezco a Vos, Dios mío, vivo y verdadero”. La ofrenda del cáliz, por su parte, indica la participación de la asamblea a la ofrenda tomada en sentido estricto: “os ofrecemos Señor, el cáliz de salvación”. Al contrario, en el nuevo misal, las oraciones de ofrecimiento (o más bien de “presentación”) están sistemáticamente en plural. Si la oración del Orate frates (“orad hermanos para que sacrificio que es también vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso”) se ha mantenido in extremis en el nuevo misal, sabemos que muchas traducciones oficiales han suprimido voluntariamente la distinción entre los diferentes tipos de ofrecimiento: “oremos juntos en el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia”. A partir de ahora la ofrenda le corresponde no al celebrante sino al pueblo reunido. Sobre este punto es reveladora una palabra de la Plegaria eucarística III: “Populum tibi congregare non desinis, ut a solis ortu usque ad occasum oblatio munda offeratur nomini tuo”.
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“A partir de ahora la ofrenda le corresponde no al celebrante sino al pueblo reunido”

  1. El sacerdocio ministerial del celebrante, en cuanto es causa única de la presencia substancial de Cristo bajo las especies de pan y vino (y por consiguiente de la ofrenda sacramental) no se menciona NUNCA. Sólo se desarrolla su dimensión presidencial, que le permite al pueblo reunido ofrecer el sacrificio “por manos del sacerdote”:
  • La presidencia del sacerdote ministerial se toca 13 veces en la Institutio generalis missalis romani, y domina toda la ceremonia litúrgica puesto que, salvo una o dos oraciones de preparación personal, todas las oraciones pronunciadas por el celebrante se consideran como presidenciales.
  • Las DOS ÚNICAS veces (IGMR 10 y 60) en que se dice que el celebrante ocupa el lugar de Cristo se hace referencia a Cristo en cuanto Cabeza. Si la corrección de 1970 precisó que el sacerdote ministerial tiene el poder de ofrecer el sacrificio “en lugar de Cristo”, este inciso sólo se encuentra “en la sociedad de los fieles” de la cual “es su cabeza”. Parece que este pasaje debe ser leído como aludiendo a la ofrenda presidencial por la cual el sacerdote ocupa el lugar de Cristo Cabeza y no a la ofrenda sacramental por la cual el celebrante ocupa el lugar de Cristo único Sumo Sacerdote (doble dato confirmado por el “Catecismo” de 1992 [1348]).
  • Sólo se describe al sacerdote en su relación con el “pueblo de Dios” y no en cuanto que es el único que tiene el poder de consagrar in persona Christi el verdadero cuerpo de Cristo. Por ello, en el nuevo misal se ha relativizado, o incluso borrado, la presencia de Cristo sacerdote (en su ministro).

Conclusión

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“Con la Reforma Litúrgica, se considera la misa como una acción común a Cristo y al pueblo reunido”

Con la Reforma Litúrgica, se considera la misa como una acción común a Cristo y al pueblo reunido (IGMR 1). La presencia espiritual del Señor se vuelve tangible como Verbo a través de la “liturgia de la Palabra” (IGMR 9) y luego como objeto de oblación a través de la conmemoración de sus actos que se han hecho presentes (IGMR 1), mientras que el pueblo se alimenta ya sea a la mesa de la Palabra de Dios, o a la del Cuerpo del Señor (IGMR 8).

Así pues, la misa es ahora un banquete memorial en el transcurso del cual se hace presente el Señor por la virtud de la reunión de su pueblo, según se deduce con impecable lógica de los datos precedentes. A pesar de algunas añadiduras de la versión de 1970, no hubo ninguna rectificación en el rito mismo.
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Es más: dejan intacta la novedad introducida con la versión de 1969. Aunque se dice que el sacerdote obra in persona Christi, o que la misa es un sacrificio, estas expresiones tradicionales, por su contexto en la frase, cambian de interpretación: el sacerdote representa a la persona de Cristo-Cabeza en cuanto preside la asamblea, y la misa es un sacrificio porque es el banquete conmemorativo de la Cruz. De este modo sigue intacta la idea modernista esencial, es decir, la importancia central de la “presencia simbólica de Cristo en medio de su pueblo”.
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***Basamos fundamentalmente esta entrada en un capítulo del estudio “El Problema de la reforma litúrgica” (Hermandad San Pío X).


DEL SACRIFICIO AL BANQUETE CONMEMORATIVO

Una primera comparación entre el misal revisado por San Pío V y el de Pablo VI revela cierta semejanza.

Ahora bien, un análisis detallado de estos dos misales manifiesta que,

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Los modernistas han modificado la estructura profunda de la liturgia

más allá de mantenerse las apariencias materiales del rito, se ha modificado la estructura profunda de la liturgia eucarística.

I-El Misal tradicional posee estructura sacrificial:

1- oblación, 2- inmolación, 3- consumación.

II- En cambio, el nuevo misal sigue la talmúdica estructura de la comida judía:

1- berakah o bendición, 2- acción de gracias conmemorativa, 3- fracción del pan y manducación.

a) Estructura del Misal tradicional: un sacrificio

Dato de fe: la Misa es un verdadero sacrificio en que se inmola de modo incruento Aquel que se ofreció de modo cruento en la Cruz.

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A diferencia del misal de Pablo VI, con el Misal tradicional es IMPOSIBLE alterar el sentido del Verdadero Sacrificio

Rito: explícitamente sacrificial, pues el fin del rito es poner en evidencia los principales aspectos y toda la riqueza de la acción sacrificial  que realizan las palabras de la Consagración, y hacernos participar en él. Así, el rito litúrgico supone la irradiación de este único misterio.

Estructura esencialmente sacrificial:

1- oblación de la víctima (Ofertorio); 2- inmolación (doble Consagración) y 3- consumación (Comunión). Procedimiento pedagógico para que el hombre entienda que este desarrollo ritual es una simple irradiación del único Acto sacrificial: lo que aún no es más que pan y vino ya se considera como el Cuerpo y Sangre divinamente inmolados.

De ese modo, la misa aparece como una única acción sacrificial, contemplada por adelantado, ofrecida, llevada a cabo, adorada y ensalzada, y finalmente consumada en la unidad del Cuerpo Místico.

b) Estructura del nuevo Misal: un banquete conmemorativo

Según los promotores del nuevo misal, Cristo al instituir la Eucaristía asumió el aspecto memorial de la pascua judía sin conservar su carácter de inmolación.

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Los modernistas no se hallan en comunión con la gente que está en el Cielo, en cuyas vidas profesaron repudio perenne hacia la concepción protestante del memorial o “cena del Señor”

Así los que definirán la estructura de la misa no serán los rituales de la misa de siempre con la que se santificaron todos los santos de la historia, sino los actos rituales propios de la comida judía:

1- Berakah o bendiciones de los alimentos (Presentación de los dones); 2- acción de gracias conmemorativa (Plegaria eucarística) y fracción del pan y manducación (Comunión).

Así, en lugar del Ofertorio, está la “presentación de los dones” tomada en parte, “palabra por palabra, a la bendición judía de la mesa”:

“Bendito seas, Señor Dios del universo, por éste pan, fruto de la tierra y del Trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, él será para nosotros pan de vida.”

Esas palabras, que son las de una acción de gracias, ordenadas  enteramente al banquete pascual, han reemplazado a las del Misal tradicional:

“Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada que yo, indigno siervo tuyo, te ofrezco a Ti, Dios mío, vivo y verdadero, por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias; y por todos los circunstantes; y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos; a fin de que a mí y a ellos aproveche para la salvación y vida eterna. Amén.”

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“En la misa modernista, desaparece el sentido de Misa como sacrificio y se respira el ambiente de un banquete”

Desaparece entonces el clima sacrificial que caracteriza al Ofertorio romano.

Como vemos, este último precisa que el sacrificio se ofrece por nuestros pecados explícitamente.

El Canon, al convertirse en “Plegaria eucarística”, ha sido profundamente afectado, aunque la disposición exterior de los ritos parezca muy semejante. La Institutio Generalis de la nueva misa (nº 54) la presenta como “oración de acción de gracias y de santificación”, como en las comidas rituales judías.

La primera parte de la Plegaria eucarística es una gran narración de acción de gracias, con una dimensión más conmemorativa que sacrificial, considerando más un pasado que la realización presente de un efecto cualquiera (véase la Institutio Generalis de la nueva misa nº 55 d).

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Durante la consagración, en la misa nueva hay solamente un banquete conmemorativo, aliñado con narraciones

Ese paso de la primacía sacrificial a la de banquete conmemorativo queda indicado  sobre todo por:

1) A la forma misma del sacramento se introduce “Tomad y comed todos de él”; “Tomad y bebed todos de él”, recalcando el aspecto de banquete (por ello en el Misal tradicional están  claramente separadas).

2) Después de la consagración de la hostia se añade “Entregado por vosotros”. En el Misal tradicional estaba reservada a la consagración del cáliz, lo que muestra que la doble consagración separada significa ostensiblemente la inmolación incruenta de Cristo.

3) Se introdujo en la forma sacramental “haced esto en memoria mía” (hasta el momento no formaba parte de ella), así el aspecto conmemorativo se convierte en el punto culminante de las nuevas palabras de la consagración.

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Mientras que las palabras de la consagración del misal tradicional dejan aparecer en primer lugar la transubstanciación y dimensión sacrificial, y de modo secundario el aspecto conmemorativo, las del nuevo misal recalcan exclusivamente el aspecto de banquete y de conmemoración de la misa.

El nuevo misal, ¿qué sacrificio ofrece? Sólo en la medida en que, a través del memorial eucarístico que hace presente los actos del pasado de la Redención, la asamblea conmemora el sacrificio de Cristo, como un aspecto más y no de los más importantes.
En cambio, el misal tradicional ejecuta un sacrificio al que se llama eucarístico sólo en razón de uno de sus fines.

Por eso, el misal nuevo pretende realizar en primer lugar un memorial de acción de gracias, una de cuyas conmemoraciones es el sacrificio, pero no presentando a Dios Padre la eficacia de una muerte redentora, sino a Cristo victorioso que llega al término de sus misterios.

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El nuevo misal sólo pretende efectuar un memorial de acción de gracias, al estilo de los banquetes judíos

.

Por ejemplo, el gesto de la fracción del pan se desarrollado ampliamente, porque, según el Catecismo editado por Juan Pablo II, “este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia” (CI 1329), como si la Santa Misa fuese un recuerdo de “banquetes judíos” de Cristo y sus discípulos. Todos sabemos bien lo mucho que le gustaban a Cristo las tradiciones humanas de los judíos y lo contentos que los judíos estaban con Cristo por el respeto a sus “tradiciones”.

Además, la comunión bajo las dos especies se requiere para la plenitud del significado de banquete de comunidad; en cambio, en la Misa tradicional la comunión es participación a la víctima, que es Cristo, cabeza del Cuerpo Místico que es la Iglesia y por ello el significado se realiza suficientemente al ingerir una sola especie.

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los ritos de comunión del Novus Ordo Missae confirman esta primacía del banquete conmemorativo del nuevo misal

Obviamente, alguien que piensa que es necesario comulgar bajo las dos especies está negando tácitamente el dogma revelado por Dios de que en cada una de las dos especies, por separado, se halla Cristo íntegramente con su Cuerpo, sangre, Alma y Divinidad. También en la fórmula de distribución, en que ya no se dice “El Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo guarde tu alma para la vida eterna. Amén” se relativiza la santificación personal que representa la comunión, en favor del aspecto de banquete.

De ahí pues que debamos inferir dos cosas:

1) La clave que explica el misterio de la misa ya no es de la Cruz sino la Cena, que se ha convertido en el modelo ejemplar del rito, considerado como banquete memorial.

2) Este banquete conmemorativo es al mismo tiempo de la Pasión y de la Resurrección, como si fueran equivalentes y como si se renovase y actualizase realmente la Resurrección de Cristo en la Misa.

Conclusión

El cambio de lugar de la expresión Mysterium fidei (misterio de la fe) es característica de la divergencia de los dos misales. Se desplaza el centro de gravedad de la misa y manifiesta la diferencia fundamental: de ofrenda sacrificial de la Presencia Real Transubstanciada, se pasa al memorial de la Pascua de Cristo.

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Naturalmente, en la Misa Tradicional, la expresión Mysterium Fidei se halla en el corazón del rito

Por ello, en la Misa Tradicional, la expresión Mysterium fidei se halla en el corazón de la consagración, indicando la presencia redentora de Cristo en estado de inmolación. Sin embargo, en la misa nueva, separan la expresión, que pronuncian los fieles después de la consagración como proclamación del conjunto de los misterios de Cristo, junto con una burlona y ambigua expresión pidiendo a Cristo que venga o anunciando su venida, como si Cristo no se hubiera personado ya de manera real en la consagración.

Esta entrada la hemos basado fundamentalmente en un capítulo del estudio “El Problema de la reforma litúrgica”, editado por la Hermandad San Pío X.

Los enemigos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica Romana pretenden destruir el centro mismo de la vida de la Fe: El Santo Sacrificio de la Misa.

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Una de las múltiples tragedias que trajo la Reforma Litúrgica, aparte de la pérdida de la fe ante una misa que es igual a las falsas ‘misas’ de los herejes protestantes, fue la comunión en la mano. Suponiendo que sean válidas las consagraciones de tales hostias, se están produciendo, día tras día, miles de sacrilegios en el mundo.

Los castigos enviados por Dios a causa de estos sacrilegios, no dejamos de observarlos día tras día y no vale la pena ni siquiera comentar…

El argumento dado por los SACRÍLEGOS herejes que defienden la comunión en la mano es que

“así lo hacían los primeros cristianos”.

Veremos a continuación hasta que punto es eso cierto o si se trata de un engaño del enemigo para confundir a gentes pías y sencillas.

Mendo Crisóstomo

CONSIDERACIONES HISTÓRICAS Y PATRÍSTICAS ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO: ¿FUE ALGUNA VEZ UNIVERSAL?

CÓMO SE NOS HA CONTADO LA SUPUESTA HISTORIA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

En general, así se nos cuenta la historia de la Comunión en la mano: a partir de la Última Cena y durante el tiempo de los apóstoles, la Santa Comunión se daba, por supuesto, en la mano. Así era también durante la era de los mártires. Y así siguió siendo durante la edad de oro de los Padres y de la liturgia, después de la paz de Constantino.

La Comunión en la mano era dada a los fieles como nosotros hacemos ahora (en los sectores más abiertos y más al día de la Iglesia). Y continuó siendo la práctica común por lo menos hasta el siglo décimo. Por lo tanto, casi la mitad de la vida de la Iglesia esa fue la norma.

Una magnífica prueba de ello se encuentra en el texto de San Cirilo de Jerusalén (313-386) donde aconseja a los fieles “haced un trono con vuestras manos donde recibir al Rey (en la Santa Comunión). Más adelante, este Padre de la Iglesia aconseja un gran cuidado con cada fragmento que pueda quedar en las manos, así como uno no dejaría caer el oro al piso, así también se debe tomar un gran cuidado cuando se trata del Cuerpo del Señor.

Cómo y cuando se habría pasado de la comunión en la mano a la comunión en la boca. De acuerdo a la historia comúnmente divulgada, el cambio en la manera de recibir el pan consagrado se dio de la siguiente manera: en la Edad Media hubo ciertas distorsiones de la fe y/o en la aproximación a la fe, que se fueron desarrollando gradualmente.

Se desarrolló un excesivo temor de Dios y una correlativa preocupación por el pecado, el juicio y el castigo; un énfasis sobredimensionado en la divinidad de Cristo, que constituía una virtual negación o por lo menos disminución de Su sagrada humanidad; un exagerado énfasis en el papel del sacerdote en la sagrada liturgia; y una pérdida del sentido de comunidad, que de hecho es la Iglesia.

En particular, debido al énfasis excesivo en la adoración a Cristo en la Santa Eucaristía y a una concepción demasiado estricta en lo relativo a las cuestiones morales, la Sagrada Comunión se hizo cada vez menos frecuente. subir imagenSe consideraba suficiente fijar los ojos en la Sagrada Hostia durante la elevación (de hecho, esta práctica decadente de la “elevación” –porque el desprecio por este período continúa– y la también poco saludable Exposición y Bendición del Santísimo Sacramento, encuentran sus orígenes en esos desafortunados tiempos medievales, un período cuyas prácticas litúrgicas haríamos bien en sacarnos de encima).

Fue en esa atmósfera y bajo esas circunstancias que se comenzó a restringir la práctica de la Comunión en la mano. La práctica de que el celebrante colocara directamente la hostia en la boca del comulgante se desarrolló y, triste es decirlo, se impuso.

La conclusión es muy clara: deberíamos dejar de lado esta costumbre cuyas raíces se encuentran en esa edad oscura. Deberíamos prohibir o al menos desaconsejar esta práctica que no permite a los fieles “tomar y comer”, y volver a los usos prístinos de los Padres y los Apóstoles: la Comunión en la mano.

* * *

¡Qué historia tan conmovedora! Lástima que NO sea verdad.

LA VERDADERA HISTORIA. LOS PAPAS, SANTOS PADRES

El Sagrado Concilio de Trento declara que es una Tradición subir imagenApostólica la costumbre de que sólo el sacerdote que celebra la Misa se dé la Comunión a sí mismo (con sus propias manos) y que los fieles la reciban de él.

Un estudio más riguroso de las EVIDENCIAS disponibles en la historia de la Iglesia y de los escritos de los Padres, no apoya la aserción de que la Comunión en la mano era una práctica universal que fue gradualmente suplantada y efectivamente reemplazada por la práctica de la comunión en la mano. Más bien, los hechos parecen apuntar a una conclusión diferente.

El Papa San León Magno (440-461), ya en el siglo V, es un testigo temprano de la práctica tradicional. En sus comentarios al sexto capítulo de San Juan, habla de la Comunión en la boca como del uso corriente:

subir imagen“Se recibe en la boca lo que se cree por la Fe”.

El Papa no habla como si estuviera introduciendo una novedad, sino como si fuera un hecho ya bien establecido.

Un siglo y medio más tarde, pero todavía tres siglos antes de que la práctica fuera supuestamente introducida (según el relato comúnmente difundido al que antes hicimos referencia) el Papa San Gregorio Magno (590-604) es otro testigo. En sus Diálogos (Roman 3, c. 3) relata cómo el Papa San Agapito obró un milagro durante la Misa, después de haber colocado la Hostia en la lengua de una persona.

También Juan el Diácono nos habla acerca de esta manera de distribuir la Santa Comunión por ese Pontífice.

subir imagenEstos testigos son del siglo V y VI.  ¿Cómo se puede razonablemente decir que la Comunión en la mano fue la práctica oficial hasta el siglo X? ¿Cómo alguien puede sostener que la Comunión en la boca es una invención medieval? No estamos afirmando que bajo ninguna circunstancia los fieles la hayan recibido en sus propias manos. Pero, ¿en qué circunstancias? Parece que desde muy temprano era usual que el sacerdote colocara la Sagrada Hostia en la boca del comulgante.

EXCEPCIONES

Sin embargo, en tiempos de persecución, cuando no había sacerdotes disponibles, y los fieles llevaban el Santísimo a sus casas, se daban la Comunión a sí mismos, con sus propias manos. En otras palabras, antes que quedar totalmente privados del Pan de Vida, podían recibirlo por sus propias manos, cuando no hacerlo hubiera significado quedar privados de este imprescindible alimento espiritual. Lo mismo se aplicaba a los monjes que se habían retirado al desierto, donde no disponían del ministerio de un sacerdote y no quisieran dejar la práctica de la Comunión diaria.

RESUMIENDO

Para resumir, la práctica era que se podía tocar la Hostia cuando no hacerlo equivalía a quedar privado del Sacramento. Pero cuando había un sacerdote, no se la recibía en la mano. Así, San Basilio (330-379) afirma claramente que sólo está permitido recibir la Comunión en la mano en tiempos de persecución o, como era el caso de los monjes en el desierto, cuando no hubiera un diácono o un sacerdote que pudiera distribuirla:

“No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono” (Carta 93).

subir imagenLo que implica que recibirla en la mano en otras circunstancias, fuera de persecución, será una grave falta. El Santo basa su opinión en la costumbre de los monjes solitarios, que reservaban el Santísimo en sus celdas, y en ausencia de sacerdote o diácono, se daban a sí mismos la Comunión.

En su artículo “Comunión” en el Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne, Leclercq afirma que la paz de Constantino llevó la práctica de la Comunión en la mano a su fin. Esto reafirma el razonamiento de San Basilio, que la persecución era la que creaba la alternativa de recibir la Comunión en la mano o verse privado de Ella. Cuando la persecución cesó, evidentemente la práctica de la Comunión en la mano persistía aquí y allí. Era considerada como un abuso por la autoridad de la Iglesia, puesto que era juzgada subir imagencontraria a la costumbre de los Apóstoles. Así, el Concilio de Rouen que se reunió en el año 650, dice:

No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca“.

El Concilio de Constantinopla, conocido como in trullo (por no ser uno de los concilios ecuménicos realizados allí) prohibía a los fieles darse la Comunión a sí mismos (que es lo que sucede cuando la Sagrada Partícula es colocada en la mano del comulgante). Decretó una excomunión de una semana de duración para aquellos que lo hicieran en la presencia de un obispo, un sacerdote o un diácono.

San Cirilo (siglo IV): un texto dudoso

¿Y San Cirilo? Por cierto, los promotores de la “comunión en la mano” generalmente no mencionan las evidencias que acabamos de exponer. En cambio, utilizan constantemente el texto atribuido a San Cirilo de Jerusalén, quien vivió en el siglo IV, al mismo tiempo que San Basilio.

El Dr. Henri Leclercq resume las cosas como sigue:

“San Cirilo de Jerusalén recomendaba a los fieles que cuando se presentaran a recibir la Comunión, debían tener la mano derecha extendida, con los dedos unidos, sostenida por la mano izquierda, con la palma en forma cóncava; y que en el momento en que el Cuerpo de Cristo era depositado en su mano, el comulgante debía decir: “Amén”.

Pero el texto continúa. También propone lo siguiente:

“Santifica tus ojos con el contacto del Cuerpo Sagrado … Cuando tus labios estén todavía húmedos, lleva tu mano a tus labios, y pasa tu mano sobre tus ojos, tu frente y tus otros sentidos, para santificarlos”.

Esta recomendación bastante original (¿o más bien supersticiosa? ¿irreverente?) llevó a los eruditos a cuestionar la autenticidad de dicho texto. Algunos piensan que tal vez hubo una interpolación, o que fue el sucesor del santo quien escribió tal cosa. No es imposible que este texto fuera realmente el Patriarca Juan, quien sucedió a Cirilo en Jerusalén. Pero este Juan era de dudosa ortodoxia. Sabemos todo esto por la correspondencia de San Epifanio, San Jerónimo y San Agustín.

Por lo tanto, a favor de la Comunión en la mano tenemos un texto de dudosa originalidad y de contenido cuestionable.

Y por el otro lado, tenemos testigos confiables, incluyendo a dos grandes papas, de que colocar la Sagrada Hostia en la boca del comulgante ya era común y ordinario en el siglo V.

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¿CLERICALISMO?

¿No es una forma de clericalismo permitir al sacerdote tocar la Hostia y prohibírselo a los fieles? De ningún modo, pues a los sacerdotes sólo les estaba permitido tocar el Santísimo Sacramento en casos de necesidad. En efecto, aparte del celebrante de la Misa, nadie que recibiera la Comunión, aunque fuera sacerdote, podía hacerlo en la mano.

De tal modo que, en la práctica tradicional del Rito Romano, si un sacerdote estaba oyendo Misa (y no celebrando) y deseaba recibir la Sagrada Comunión, no lo hacía en sus propias manos: la recibía de otro sacerdote, en la lengua. Lo mismo sucedía con un Obispo. Lo mismo si se tratara de un Papa. Cuando San Pío X, por ejemplo, estaba en su lecho de muerte, en Agosto de 1914, y se le administró la Sagrada Comunión como Viático, no la recibió, y no le estaba permitido, en la mano: la recibió en la lengua de acuerdo a la ley y a la práctica de la Iglesia Católica. Esto confirma un punto fundamental: por principio de reverencia, la Hostia no debe tocarse innecesariamente.

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Obviamente alguien debe distribuir el Pan de Vida. Pero no es necesario hacer de cada hombre, de cada mujer y cada chico su propio “ministro de la Eucaristía” y multiplicar la manipulación torpe y chapucera y el peligro de que se caigan y se pierdan Fragmentos eucarísticos.

Aún aquellos cuyas manos fueron especialmente consagradas para tocar la Sagrada Eucaristía, particularmente los sacerdotes, no deben hacerlo sin necesidad.

R. P. Paul McDonald (Cura Párroco)
St. Patrick’s Church
123 King Street, Pt. Colborne, Ontario
(L3K 4G3) Canada –
tel (905) 834-6426 / fax (905) 834-1215

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EL SACRILEGIO DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

<subir imagenEn el año 1888, Estanislao Guaita, más conocido como “el Mago Negro” o “Poeta de Satanás” afirmó:


«Hemos de trabajar activamente para lograr que en los templos romanos SE COMULGUE DE PIE. El día que lo consigamos, nuestro triunfo está asegurado. »


Y Pablo Roca, masón grado 33 que por un tiempo subir imagenestuvo infiltrado como canónigo en Perpignan, le contestó:

«Sería conveniente pasar rápidamente a una segunda fase, DANDO EL PAN EN LA MANO a esos antropófagos fanáticos. »


Al año siguiente añadió, refiriéndose a lo anterior:


«Con estos dos logros, el resto caerá como fruta madura: la Eucaristía será ya un simple banquete-símbolo de la subir imagenfilantropía universal. »


Los modernistas que han copado el Vaticano y las instituciones de la Santa Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II se hanpreocupado de una manera especial por extender la comunión en la mano.

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Cuando un sacerdote da la Santa Hostia en la mano, o permite que la toquen manos no consagradas, sólo caben tres opciones:

a)      O bien no cree en el dogma católico de la Transubstanciación, sino sólo en el dogma luterano de la “Consubstanciación”, que, a diferencia del dogma católico, cree que, tras la consagración, aunque Cristo esté presente en la Hostia con su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad, aún quedaría parte de pan: las partículas sería sólo pan (¡!). Por eso no les importa que caigan al suelo.

b)      O bien no cree en el dogma católico de la Transubstanciación, sino en alguno de los erróneos dogmas de otras sectas protestantes, subir imagencomo la transignificación: Según errores tan graves como éste, Cristo estaría presente sólo simbólicamente o, a lo sumo, espiritualmente, igual que en otras partes del mundo. Por tanto, no pasa nada porque se pierdan partículas de la hostia, ya que ahí NO ESTÁ CRISTO PRESENTE con su Cuerpo, Alma, Sangre y Divinidad.

c)      O bien, en el peor de los casos, se trata de un anticatólico infiltrado (hoy sabemos que hay muchos que coparon la Iglesia para destruirla infiltrándose y haciéndose pasar por católicos) y sabe que Cristo está subir imagenpresente en todas y cada una de las partículas después de la consagración, pero pretende simplemente la destrucción del Santo Sacrificio de la Misa y el derribo de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.

Todo ello explica el revuelo que se forma cada vez que el Papa pretende abrir la mano a los defensores de la Santa Misa Tradicional, la Misa que fue codificada para siempre por San Pío V y que constituye la Misa que SIEMPRE estuvo en vigor desde tiempos de los Apóstoles. Y no la falsa misa que se nos ha impuesto por la fuerza desde hace más de 30 años.

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Ello explica también que los defensores de ese INSANO ARQUEOLOGISMO de dar la comunión en la mano MIENTAN DESCARADAMENTE intentando hacer creer a las gentes sencillas la mentira de que los primeros cristianos comulgaban en la mano.

¡Decir que los primeros cristianos cometían el SACRILEGIO de comulgar en la mano constituye una calumnia grave contra los primeros cristianos!

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Además, pretender dar la comunión en la mano, no es más que una clara demostración de SOBERBIA por parte de quienes la impusieron.

Quien permite o acepta la comunión en la mano, no está en comunión con los santos de la Iglesia Católica, que jamás aceptaron la comunión en la mano: sólo está en comunión con el pueblo deicida y con su padre: Satanás.

Mendo Crisóstomo

subir imagen«La Eucaristía no es una comida entre amigos» Benedicto XVI, (homilía de clausura del 49º Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Québec, Canadá).