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Nuestros lectores saben que uno de los afanes de nuestro blog es recordar o dar a conocer la verdad histórica. Uno de los fraudes contra ella es la leyenda que quiere hacer aparecer la Cristiandad como un modelo de Régimen que le cerraba las puertas a las mujeres. En cambio, el Sistema en que vivimos, gobernado por políticos y banqueros muy altruistas, defendido en el exterior por ejércitos que van repartiendo la paz en el mundo e internamente por una policía que reparte caramelos a los que protestan, les habría abierto las puertas. Por eso aquí vamos a insertar una nueva entrada sobre este asunto.

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Todavía hay gente que cree fue el altruismo de los políticos, ladrones y banqueros del Régimen Constitucional lo que le abrió la puerta a las mujeres

Antes de nada, viene muy al caso recordar que una de las instituciones históricas creadas por amor a la Verdad es la Universidad. Pues bien, no hace mucho que nos hablaban del crecimiento que está experimentando la Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas (AET).

Según supimos por la Agencia FARO, ha sido refundada en la célebre Universidad de Salamanca hace unos pocos años y, como decimos, está teniendo un creciente desarrollo. Es buena ocasión para lamentarse de que vayan ya cumpliéndose las previsiones de destrucción de la Universidad por parte del Sistema sobre los que la la AET nos alertaba en su manifiesto contra el Plan Bolonia. En el contexto del Régimen de rapiña demagógica bajo el que vivimos, Bolonia es, a todos los efectos, la estafa del usuario llevada al ámbito universitario, bajo el lema demagógico de conseguir «una educación de calidad».

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Ellos fueron los que expulsaron a las mujeres de la Universidad y persiguieron a sus profesores

Igual que la AET desenmascaró de antemano estos planes de destrucción de esa creación de la Iglesia Católica que es la Universidad, también publican en su blog un artículo que desenmascara el famoso engaño de que la mujer era apartada de los ámbitos intelectuales durante el Régimen de Cristiandad. Una de las cortinas de humo con que nos atosiga el adoctrinamiento masivo del Sistema es el de las «políticas»  de «género» de género.

Estas «políticas» cuentan con sus correspondientes ministerios de Igualdad (palabra-talismán de los que echaron a la mujer de la Universidad), con su oscurantista ideología de género, con su afán de trastornar el idioma, con la degeneración guiada de todo lo que huela a limpio y con el emputecimiento sistemático y organizado de las mujeres.

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“la calumnia de las plumas liberal-burguesas según la cual el Régimen de Cristiandad habría impedido a las mujeres el acceso a la Universidad, en el contexto de famosos actos de demagogia pública convocados por asociaciones marxistas”

Concretamente, el artículo de la AET que reproducimos a continuación desenmascara brevemente la calumnia de las plumas liberal-burguesas según la cual el Régimen de Cristiandad habría impedido a las mujeres el acceso a la Universidad, en el contexto de famosos actos de demagogia pública convocados por asociaciones marxistas, pues el Marxismo es hijo legítimo del Capitalismo.

Y el artículo demuestra que los que echaron a las mujeres de la Universidad han sido los mismos que se han inventado la demagógica ideología feminista, quienes ahora presumen de haberle devuelto generosamente a las mujeres el «permiso» para acceder a la Universidad. «Permiso» que ellos mismos le quitaron.

Ellos, que fueron los mismos que eliminaron las Universidades y persiguieron a sus profesores, dado que la intelectualidad era reaccionaria, defensora de las libertades y enemiga de la Constitución.

Y ya desde la Cristiandad Medieval nos encontramos con casos como la de la alemana Herrada de Landsberg, que creó nada menos que una enciclopedia, entre otros ejemplos no recogidos, por evidentes razones de brevedad, en el artículo que recogemos.

Según nuestra costumbre, hemos añadido algunas imágenes y resaltados para ilustrar el artículo, que esperamos sea del agrado de nuestros lectores.

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Santa Hildegarda de Bingen, en pleno Medievo, importantísima para la historia natural y la medicina de su época

Mendo Crisóstomo
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Si creemos en la buena fe de los organizadores de estos actos y no en que se trate de algunos casos más de la mentirosa demagogia revolucionaria, entonces tendremos que señalar su abrumadora ignorancia.

Ignorancia al hablar de «100 años de la entrada libre de las mujeres en la Universidad», cuando jamás se impidió la entrada de la mujer en la Universidad hasta la llegada de la Revolución a España en 1812. Éste es un hecho tan conocido y tan perfectamente establecido, que se aprendía incluso en enseñanza primaria.

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Beatriz Galindo era conocida como “La Latina” por su erudición en lenguas clásicas, en una época de “oscurantismo” como el siglo XVI español

Mal está que lo omitan los medios del Gobierno de ocupación; pero ¿será posible que esta gente tan cultivada y tan digna de estar en la Universidad ni siquiera se haya preguntado por qué en la misma ciudad en que viven hay un instituto de enseñanza media («educación secundaria» le dicen ahora) llamado «Lucía de Medrano», en honor a esta catedrática de Humanidades de la Salamanca del siglo XVI?

¿Tan lejos llega su incultura como para no saber que en aquellas épocas de «oscurantismo» (en que la Universidad se autogestionaba), brillaban en los claustros en pleno siglo XV mujeres como Beatriz Galindo, llamada «La Latina» por su erudición en lenguas clásicas, cuya memoria guarda hasta el callejero salmantino?

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La ilustre doctora doña María Isidra Guzmán de la Cerda, catedrática de filosofía (1785) en la Universidad de Alcalá de Henares, impulsó la «Junta de Damas» en el ámbito universitario

Y no es que hayan sido casos aislados circunscritos a lo que llaman «Siglo de Oro»; antes bien, la cosa se prolonga hasta la mal llamada «decadencia» de España. No hacía mucho que el heroico guipuzcoano Blas de Lezo cosechaba triunfos extraordinarios para las Españas como la derrota inglesa en Cartagena de Indias (1741), cuando la ilustre doctora doña María Isidra Guzmán de la Cerda obtenía el título de catedrática de filosofía (1785) en la Universidad de Alcalá de Henares.

Y que no se trataba de un caso aislado lo indica el hecho de que ella misma impulsó después la «Junta de Damas», que obviamente no se componía de boxeadores ni de obispos.

Lo que a menudo se les olvida a estos aprendices de revolucionarios es que el ideólogo de la expulsión de la mujer de la universidad fue un tal J.J. Rousseau.

Aquel lamentable tipo, tan admirado por progresistas de todo pelaje, no sólo creó la fraudulenta teoría política del «contrato social» y el disparate de basar la enseñanza en los «sentimientos» y no en la razón (que la ineficacia del sistema educativo actual ha demostrado un completo fracaso), sino que proclamaba que la mujer sólo servía «para procurarle placer» al varón.

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“Los revolucionarios, los progresistas, fueron los únicos responsables de la exclusión de la mujer […] la izquierda se opuso rotundamente al voto femenino durante la nefasta II República”

Los revolucionarios, los progresistas, fueron los únicos responsables de la exclusión de la mujer. Son ellos quienes introdujeron la obsesión por legislarlo y regularlo todo; y son ellos los obsesionados con dominar la Universidad desde el Estado, o desde la empresa. Son ellos los enemigos de las verdaderas libertades y del verdadero derecho; por ejemplo, lo hacen también cuando se inmiscuyen en asuntos que dependen de cada familia.

Incluso mucho antes de la aparición formal de la Universidad (creación de la Iglesia Católica) nos encontramos en la vieja Cristiandad casos como el de Duoda, escribiendo el primer tratado de pedagogía durante el renacimiento carolingio. O la importancia académica de Santa Hildegarda de Bingen para la historia natural y la medicina de su época. Podríamos multiplicar los ejemplos sin fin.

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la mediocre y supersticiosa Hipatia de Alejandría

Se ve que tampoco conocen el papel político que ya antes de la creación de la Universidad solían cumplir las mujeres. Por ejemplo, en las asambleas del Medievo cristiano, para dulcificar hostilidades e introduciendo ellas mismas las «treguas de Dios».

Fue la llegada del liberalismo y su tiranía estatista la que prohibió votar a las mujeres, cuyo voto, sin embargo, se mantuvo en las Legaciones Pontificias, no sujetas aún al control absorbente del Estado.

Ni tampoco saben nada del papel que tuvieron determinadas mujeres gobernando extensos territorios en muchas zonas de la vieja Cristiandad.

Y todavía en el siglo XIX, en el ambiente eclesiástico, no invadido aún del cáncer revolucionario, encontramos casos como el de Mademoiselle Tamisier, promotora junto a Pío IX de los congresos eucarísticos. Es más: el primer movimiento femenino organizado reclamando la acción pública de las mujeres fue suscitado por el Papa Benedicto XV, como antes la había defendido en España el tribuno tradicionalista Juan Vázquez de Mella. En cambio, la izquierda se opuso rotundamente al voto femenino durante la nefasta II República.

Que no nos vengan ahora con las mixtificaciones engañadoras y absurdas de siempre, hablando de «100 años de la mujer en la Universidad»; pues aparte de ser mentira, los responsables de la exclusión de la mujer del ámbito universitario fueron sus inmediatos antepasados ideológicos.

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el primer movimiento femenino organizado reclamando la acción pública de las mujeres fue suscitado por el Papa Benedicto XV, como antes la había defendido en España el tribuno tradicionalista Juan Vázquez de Mella

La Universidad de Salamanca tiene como copatrona a Santa Catalina de Alejandría, auténtico ejemplo de sabia y elocuente mujer frente a la mediocre y supersticiosa Hipatia de Alejandría. La Universidad tradicional jamás impidió a la mujer la entrada en el ámbito académico, porque la Universidad es creación de la Catolicidad, y la Catolicidad es fiel hija de una mujer que es el canal por el que la humanidad recibe todas las Gracias: la Inmaculada Madre de Dios, patrona de las Españas, del Requeté y de la Universidad de Salamanca, cuya fiesta hoy celebramos.

Inmaculada de Monterrey, por José de Ribera, El Españoleto. Convento MM. Agustinas Recoletas de Salamanca

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Como regalo de Reyes, transcribimos para nuestros lectores un par de breves y excelentes artículos de utopía e idealismo. El primero de ellos lo tomamos de El brigante, blog que se distingue especialmente por su honradez intelectual en la exposición de lo que es un católico, una cosa hoy poco conocida. El artículo se titula La utopía odia el orden natural y odia la vida humana y muestra cómo el activismo del católico no puede limitarse exclusivamente a «batallitas» como la defensa de los no-nacidos o el derecho de un niño huérfano a no ser adoptado por una pareja de pervertidos del mismo sexo. También aclara perfectamente cómo todos los innovadores y revolucionarios, sean de la ideología que sean, odian el orden natural y pretenden siempre transformar el mundo en base a sus espejismos y utopías mentales. Es evidente que los utópicos odian la creación y su orden natural y por eso están siempre intentando hacer la realidad a su medida, desmantelar la sociedad y reescribir la historia para autojustificar sus locuras y sus crímenes. Simplificando, podemos dividir en dos grupos los utópicos: unos son los que proceden del mal llamado «racionalismo» y otros son los que reaccionan equivocadamente frente al «racionalismo» con el romanticismo, tan utópico como el mal llamado «racionalismo», y crean una historia a base de mitos del pasado y de la naturaleza a los cuales exaltar; por eso, el segundo artículo que transcribimos está tomado del interesantísimo blog El Matiner Carlí. y se titula El Romanticismo vehículo de destrucción de la Tradición. Su finalidad es la diferenciación entre romanticismo y tradicionalismo, este último auténtica reacción de la sociedad viva y no de la exaltación de uno o varios mitos como el primero. Nos hemos limitado a hacer algunas modificaciones tipográficas y de resaltado, y añadir algunas imágenes. Que disfruten estos dos excelentes artículos. Mendo Crisóstomo

La utopía odia el orden natural y odia la vida humana

La utopía, en todas sus formas y variantes, es siempre enemiga de la vida moral humana y, al final, hasta de la mera vida humana, a secas. El utópico es el insatisfecho peligroso que, so capa de reformar el mundo, lucubra deducciones infinitas sin nexo alguno con la realidad y la experiencia. ¿Que la verdad, la naturaleza y la inducción más elementales nos señalan la dirección contraria? Peor para todas ellas. La violencia y la saña a la que pueden llegar los filántropos no conoce igual en los anales de la delincuencia común. Acostumbran estos benefactores de la humanidad a dejar tras de sí un reguero de sangre, espeso como su soberbia.

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“Acostumbran estos benefactores de la humanidad a dejar tras de sí un reguero de sangre, espeso como su soberbia”

La bestia negra de los utópicos es el “sentido común”. Hace ya mucho tiempo que los utópicos más delirantes están al timón de nuestros gobiernos. Pero, piénsese que la clase dirigente de las revoluciones y de los regímenes utópicos está formada por los “ofendidos” imaginarios, por marginales y asociales, incapaces de ceñirse a la regla común de la obediencia moral. No es infrecuente que en tiempos de revolución sean los pervertidos, los lunáticos, los ineptos, las meretrices o los contrahechos los que vean en esos falsos ideales utópicos la ocasión -que creían definitivamente perdida- de redimirse socialmente. Y así las depuraciones más feroces las dirigen los incapaces más palmarios, encendidos por un celo febril.

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“No es infrecuente que en tiempos de revolución sean los pervertidos, los lunáticos, los ineptos, las meretrices o los contrahechos los que vean en esos falsos ideales utópicos la ocasión de redimirse socialmente”

Y así, también, las ideologías más odiosas ofrecen la oportunidad al cornudo y al tímido patológico de convertir su rencor en motor de una catarsis social diabólica. Sea el feminismo, la alianza de civilizaciones, la eugenesia luciferina, los derechos polisexuales, el animalismo o la llamada violencia de género, nos ofrecen el espectáculo de la iracundia cuasi sagrada aureolando los rostros más ramplones, marcados por la frustración, pero que parecen elevarse hasta el séptimo cielo de la indignación utópica mientras pontifican desde su ignorancia.

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“la tibia connivencia de los católicos liberales, siempre tan preocupados por dar la perfecta inclinación cervical ante el poder constituido, venga de donde venga”

Pero guardémonos de menospreciar a esta morralla, pues de esa sentina surgen las levas que están acabando con los últimos vestigios de la vida tradicional, racional y conforme a la naturaleza. Bueno, de ahí y de la tibia connivencia de los católicos liberales, siempre tan preocupados por dar la perfecta inclinación cervical ante el poder constituido, venga de donde venga. La furia utópica no descansa y, lo que es peor, cada vez encuentra menos resistencia para alcanzar sus objetivos de refundar la realidad al margen de la ley natural. Disipemos rápidamente el conjuro brujeril de quienes piensan obrar conforme a su deber humano y cristiano desgañitándose para defender como última Thule moral la oposición al aborto provocado y a lo que vagamente denominan “familia” (incluyendo una relativa libertad de iniciativa educativa y el matrimonio). No es que esos bastiones no formen parte irrenunciable de la ley natural, en cuya defensa, por cierto, cabe un mayor recurso a la fuerza del que se estaría dispuesto a admitir desde esa trinchera (la violencia es mala, venga de donde venga, nos amonestarían, repudiándonos). El problema es que la moralidad natural es un todo coherente e irrenunciable en sí mismo. No sólo en sus expresiones normativas (haz esto y evita aquello), sino, y esto se olvida frecuentemente, en sus condiciones de ejecución. La exigencia de la moral natural –la moral normal en el sentido natural– ni se ciñe a esos dos ejes de “familia” y “vida” (ni menos al esquelético mínimum con que se presentan), ni se limita a las obligaciones mismas, sino que abarca todas las condiciones previas que permitan ese cumplimiento. Ése es el fundamento de la doctrina política católica y no ningún capricho autoritario. No se trata de confundirse sobre la viabilidad social de estos reclamos. Hace demasiado tiempo que cruzamos todos los límites y toda futura y eventual reconstrucción, salvo milagro, será dolorosa, dura, combatida y lenta. Se trata de no confundirse sobre la naturaleza de nuestra moralidad ni sobre el alcance de nuestra doctrina. Como diría Madiran, se impone un gran esfuerzo de clarificación. Antes de nada. El Brigante

EL ROMANTICISMO VEHÍCULO DE DESTRUCCIÓN DE LA TRADICIÓN

El romanticismo es una reacción al racionalismo ilustrado, y a los principios y práctica de la Revolución francesa. Reacción consistente en la exaltación de las particularidades propias y del pasado vivido, especialmente del pasado medieval, resaltando las libertades que los pueblos de aquellas épocas disfrutaban. Como tal, la reacción es positiva.
Los pueblos no aguantaban más las frías construcciones racionalistas ajenas a su alma y al calor de sus tradiciones. Porque más allá de una mera sociedad organizada para fines racionales al modo contractual de Rousseau, o de la concepción mecanicista del Estado, o del despotismo ilustrado, más allá de eso el pueblo es una comunidad.
Como reacción al individualismo burgués, al centralismo uniformador y al naciente capitalismo, el romanticismo tiene muchos lugares comunes con el Tradicionalismo. El problema surge cuando esa exaltación se hace desde una perspectiva meramente “natural”, y termina en naturalismo puro. No digamos cuando esa mirada al pasado es totalmente pagana. El movimiento romántico degenera vía naturalismo, por tanto, en el nacionalismo; y esto es grave porque este naciente nacionalismo arraiga en zonas tradicionalmente tradicionalistas y de fuerte resistencia a la modernidad. El nacionalismo será una forma de atemperar su tradicionalismo y a la larga de diluirlo totalmente: el caso catalán o vascongado es paradigmático. Este nacionalismo romántico tenderá a idealizar el pasado a base de “mitos” y por tanto se alejará de la verdadera Tradición siempre arraigada en la auténtica historia. El nacionalismo es una “idolatría política” que invierte la correcta jerarquía de principios. La exaltación de la “nación”, conduce a la larga, se quiera o no, a la relegación de la religión como fundamento esencial y unificador. Destruyendo así el principio vital que vivificaba las tradiciones, libertades y instituciones de los pueblos. Incluso los “nacionalismos católicos” primarán el interés nacional y la religión tanto en cuanto sirva a la “nación”. Primará la “nación” sobre la “tradición”. En los aludidos casos catalán y vascongado la descristianización de sus respectivos ámbitos ha tenido lugar con ocasión de los gobiernos nacionalistas, habiendo estado esos partidos nacionalistas, de inspiración o de antigua confesionalidad católica, a la vanguardia de políticas anticristianas. Ejemplo muy reciente es el apoyo del PNV al aumento del genocidio legal del aborto con la nueva y sanguinaria ley propuesta por el PSOE.
El Dios, Patria, Fueros y Rey es la correcta relación de principios; su alteración es un principio revolucionario y disolvente.
En el caso de la América hispánica esos nacionalismos católicos, pese a ser más consecuentes con su confesionalidad, han bebido de “mitos” y “símbolos” revolucionarios. Es curioso como en muchos casos exaltan a los “padres de la patria” de sus “naciones”, siendo estos masones y liberales. Aceptan sus símbolos, siendo estos igualmente liberales y masónicos en su origen; aceptan todo el proceso de sus “independencias”, proceso igualmente revolucionario. Y al mismo tiempo ese nacionalismo les sirve para oponerse a los católicos de otros pueblos hermanos, impidiendo el proceso de una verdadera restauración que debería conllevar a la formación de una Comunidad de pueblos hispánicos. El error romántico de base es el “naturalismo” y el “sentimentalismo” que lleva parejo; exaltar lo puramente natural, lo que degenerará en la creación de “idolatrías políticas”: la orografía, las peculiaridades folclóricas, culturales o lingüísticas, la “raza”, etc. Siempre en detrimento de la Tradición como ejecutoria histórica y real, y del principio espiritual sobrenatural que la alimenta y da coherencia. En este sentido hay romanticismos de derechas de tipo conservador (que no escapan de ese naturalismo) y los hay de tipo más liberal (y tono revolucionario). Pero en los dos casos la raíz anti-tradicional es idéntica. Aún así entre los románticos habrá quien termine en una verdadera conversión al catolicismo y en una defensa de la verdadera Tradición y buscando, por tanto, la restauración. Pero lo más normal es que el romanticismo que en un principio nace con un tono conservador, degenere pronto en liberalismo, y en muchos casos derive en puro pre-fascismo y posteriormente en progresismo disolvente (contradiciendo totalmente sus propios orígenes). Todo ello mediante la exaltación de “mitos” y de elementos puramente naturales por la asunción del principio de inmanencia propio de la filosofía moderna de la que no se escapan. El sentimentalismo romántico ha operado como vehículo de trasvase de los pueblos tradicionales hacia el liberalismo vía un vaciamiento del alma de los pueblos, mediante el idealismo romántico. La defensa de la religión y de las libertades tradicionales, se debe hacer siempre desde una perspectiva sobrenatural y trascendente que es la que las vivificaba y unificaba, arrancado ese principio el pasado pierde significación y la restauración se hace imposible. Sólo la Religión es el centro de una comunidad y antídoto al individualismo disolvente.subir imagen

Tengamos mucho cuidado en la no generación de “Tradicionalismos románticos”. La Fe católica asimilada y vivida debe ser siempre la norma de nuestro actuar personal y político.

LA TRADICIÓN CATÓLICA: ÚNICA SOLUCIÓN CONTRA EL CAPITALISMO (III)

[Continuación de Tradición Católica contra el Capitalismo (II) ]

El que es tan débil y cobarde que no sabe vencerse a sí mismo, tampoco podrá vencer verdaderamente nunca a sus enemigos de fuera. Eso es lo que le sucede a los que viven con el cerebro lavado por su ideología.

Porque la gente vive hoy engañada por ideologías que, como su propio nombre indica, se basan simple y llanamente en el intento de aplicar utópicos “VALORES” de cuya eficacia no se tiene constancia alguna, por no tratarse de conclusiones extraídas del funcionamiento de la sociedad, sino de divagaciones mentales, es decir: simples IDEAS.

“ideología” y “pájaros en la cabeza” son la misma cosa: trampas del Sistema para mantener ocupada a gente mentalmente débil y distraer a los tontos e inútiles.

Decir “ideología” y decir “pájaros en la cabeza son una sola y la misma cosa:

inventos del sistema para mantener ocupada a gente mentalmente débil y distraer a los tontos y a los inútiles.

Todas ellas son hijas de la Revolución, todas, por tanto, trampas del Sistema. Sus luchas no son sino luchas intestinas entre facciones del mismo ejército cuyo único enemigo a la hora de la verdad es la Tradición; dicho de otro modo: se trata de la Revolución y sus ideologías combatiendo primero entre sí, y después contra la Tradición y la realidad.

Cuando los dirigentes revolucionarios y líderes ideológicos, diligentes corruptores de la sociedad, han conseguido engañar a masas de gente fomentando odios y pasiones personales y defendiendo vicios particulares, es cuando consiguen la adhesión a sus partidos políticos o “colectivos”, que no son más que invenciones antinaturales que no conducen sino a la liquidación de toda posible esperanza de justicia y de equidad.

enemigos de toda verdadera justicia social y sembradores de odio y de lucha entre los estamentos sociales, los revolucionarios atrapan a los incautos con las abominables redes de las ideologías

Respecto a cómo esos engaños, enemigos de toda verdadera justicia social y sembradores del odio entre los cuerpos sociales, han llegado a atrapar con sus redes a numerosos obreros y otros trabajadores fundamentándose en el abominable veneno de las ideologías, da buena cuenta aquel semanario tradicionalista español llamado “La Reconquista”(4 de abril de 1872. Págs. 217-218):

“El obrero de la fábrica, verdadero esclavo convertido por el liberalismo en una máquina, buena sólo para producir, pero indigna de todo cuidado moral; ese obrero a quien se encierra en una especie de lóbrega cueva, donde ni penetra apenas la luz del sol, ni el aire de los campos; ese obrero a quien no se le deja ni tiempo para pensar en Dios, ni descanso par que repose en el seno de su familia y dirija una mirada a sus hijos; ese obrero que al salir de su prisión llevando aún los pulmones llenos de

Desde el Concilio Vaticano II, numerosos herejes del Sistema, conservadores o progresistas, se hallan incrustados en las estructuras eclesiásticas corrompiendo la Tradición

nauseabunda atmósfera de la fábrica, y los ojos fatigados por la luz artificial, y los oídos estremeciéndose todavía con el atronador y monótono chirrido de las máquinas, se encuentra en medio del alegre bullicio de una gran ciudad y ve pasar a su lado un sibarita cuya fortuna sabe que está formada con bienes que arrebató a la Iglesia o que ganó en el juego de la política, el más inmoral de todos los juegos; ese obrero que al volver a su casa, si por acaso es tan venturoso que la tiene, ve por todas partes el refinamiento de una civilización sensual y materialista; ve palacios suntuosos en las calles, manjares delicadísimos en las fondas, molicie y afeminación en todas partes; ese obrero a quien le han enseñado que el clero es su enemigo y la Iglesia su verdugo arrancándole así el sentimiento de la religión, único asilo de paz y dulce sosiego en donde podía encontrar inagotables consuelos y fortaleza inextinguible, ese obrero escucha una voz que le promete hacerle dueño de toda esa riqueza material, única riqueza que él conoce y que ve una mano que le señala como suyos todos esos brutales goces del cuerpo, únicos goces a que le han enseñado a aspirar, ¿cómo no ha de abrir sus oídos a esa voz, y cómo no ha de estrechar con febril afán esa mano?”

aparentemente enemigos pero coincidentes en sus relativistas principios básicos, los revolucionarios del Sistema han conseguido engañar a masas de gente fomentando odios y pasiones personales y defendiendo vicios particulares

Esa mano que le señala tales goces vacíos es la mano de todos esos demagogos que se aprovechan de los sectores más humildes de la sociedad, sembrando en ellos la discordia y la adhesión a corruptoras ideologías, animalizadoras del hombre y destinadas a robar su auténtica libertad en pro de “Un Mundo Nuevo y Unido”, edificado en base a la Revolución.

Pues bien, desde el Concilio Vaticano II es patente que tenemos dentro de las estructuras de la Iglesia a toda esa canalla:

Los herejes que defienden la Teología de la Liberación son anticristianos marxistas disfrazados

-Unos pocos herejes que defienden la Teología de la Liberación, que no es otra cosa que un anticristiano socialismo disfrazado. Éste confunde la Justicia Social inherente a todo católico y se halla inficionado de un materialismo anticatólico demagogo, propio de los marxistas y pretende eliminar todo lo sacro y tradicional.
Tales individuos quieren construir la casa por el tejado, olvidando que la Justicia Social sólo puede imperar allá donde impere el Reinado Social de Cristo.

Los herejes conservadores adulteran la Fe y la Obediencia y pretenden reducir la Religión al márketing y a unas cuantas prácticas de piedad para ancianas

-Unos pocos herejes hipócritas que defienden el Capitalismo ¡e incluso lo intentan hacer ver como católico!, pretendiendo eliminar a Cristo de la Soberanía Social con un fariseísmo flagrante, con misas que son falsas (Novus Ordo Missae), pero a veces estéticamente adornadas; de tales individuos hace su bandera, por ejemplo, la famosa COPE.
Destronan a Cristo de la sociedad y lo quieren reducir a unas cuantas prácticas de piedad para ancianas.

La gran masa de los llamados "católicos" no se entera de nada

-Finalmente, tenemos a la gran masa de católicos, que no se entera de nada.

No se han enterado ni de que llevamos con una “Misa” protestante desde hace más de 40 años. No se han enterado de que el Concilio Vaticano II es gravemente herético y supone la Revolución Francesa dentro de la Iglesia.
No se han enterado de que la caridad no consiste tan sólo en darle unos céntimos al vagabundo que mendiga a la puerta de la iglesia.

Por último, al margen de todo esto estamos los tradicionalistas. Los que confesamos que no puede haber concordia entre Cristo y el príncipe de este mundo.

Los Tradicionalistas reclamamos los Derechos de Dios: nos limitamos a aceptar y practicar, en TODO, lo que la Iglesia Católica Apostólica Romana siempre creyó y combatimos con vehemencia las mentiras del enemigo

Los que no añadimos nada nuevo fruto de nuestras “ideas” a la Tradición Católica de siempre.
Los verdaderos católicos y no los pietistas que quieren recluir a Cristo a la vida privada.
Los que deseamos una justicia social verdadera y estamos hartos de la demagogia.
Los que pretendemos recristianizar la sociedad y entronizar de nuevo al Divino Redentor en el centro de la vida social.
Los que no nos creemos las leyendas anti-Cristiandad que el enemigo ha sembrado como cizaña para esclavizarnos encuadrándonos en sus partidos políticos que sólo buscan el enriquecimiento y/o el poder para unos pocos.
Porque, como explicó en más de una ocasión el diputado obrero tradicionalista Ginés Martínez Rubio:

“la verdadera emancipación del proletariado no puede estar más que en el cumplimiento de las Encíclicas pontificias, en la restauración de nuestros antiguos gremios; en el aniquilamiento, en fin, de los principios liberales, que si en lo político están absolutamente desacreditados después de llevar a la ruina al mundo, en lo económico han sido la bancarrota de la sociedad.”

El Capitalismo es el fruto más duradero de la Revolución y es la base del Sistema actual. Los frutos del Capitalismo son observables a día de hoy.

Y esto en momentos como los actuales se ha vuelto más evidente que nunca.
Por consiguiente, la única solución posible a todos y cada uno de los problemas de injusticias sociales consiste en desmontar la Revolución, pues el Capitalismo no es sino obra de ésta, al haber acaparado la propiedad y los medios de producción, desligándolos de su función social y utilizándolos como herramientas para la lucha salvaje y despiadada de unos individuos contra otros.
En suma, la forma de que cada uno obtenga lo que merece y la Propiedad y el Trabajo vuelvan a ser instrumentos al servicio de la concordia social y del verdadero bienestar, es quela economía vuelva a estar sometida a la moral, único medio infalible para acabar con toda crisis económica.

El único método para que el Trabajo y la Propiedad recuperen su sentido y pueda vivirse en armonía, consiste en suprimir toda palabrería vana y aplicar medidas concretas, sin ideologías

¿Cómo acabar ya mismo con la explotación y hacer que la economía esté sometida a la moral? Nos lo explica en parte también el diputado obrero Don Ginés Martín Rubio (La cuestión social, pág. 29), pero con medidas concretas, no con divagaciones, ni tampoco con ideología o palabrería vana:

En virtud de ello, el ponente que suscribe propone que se adapte como medio de llegar a la concepción cristiana del Trabajo y de la Propiedad, para con ello evitar la explotación del hombre por el hombre, base de la concepción liberal de la economía y en su puesto crear:
a) En la pequeña industria, cooperativas gremiales de artesanía, acogidas a lo que determina el Fuero del Trabajo en su declaración cuarta, y la Ley vigente de Cooperativas.
b) En la mediana y gran industria, se puede emplear la cooperativa de producción, que en sí funcionaría como la actual sociedad anónima, es decir, perfectamente viable sin perjuicio económico de tercero, ya que a los productores o propietarios que quieran seguir explotando negocios particulares, nadie se lo impide, acogidos a la vigente concepción sindical del trabajo.”

Pues, ¿qué? las crisis económicas y los enfrentamientos sociales se evitan muy fácilmente: desde el momento en que son suprimidas las ideologías y los colectivos y partidos políticos a ellas ligadas, que sólo sirven para ensalzar los vicios y lacras particulares y para crear discordia, desunión y descontento social.
Se soluciona todo en cuanto sean restaurados los gremios sociales naturales y les sea devuelta su legítima potestad secular sometida a los principios de la Tradición.

Se solucionará para siempre todo el problema económico en cuanto se restaure el Reinado Social del Corazón de Cristo, basado en el amor misericordioso

Se solucionará, en fin, en cuanto se restaure el Reinado Social de Cristo y la sociedad se sustente en los principios que de verdad funcionaron, que se basan no en la avaricia sino en la Caridad, en ese amor misericordioso que durante siglos rigió la Cristiandad. Como sintetiza Hilaire Belloc («La crisis de.nuestra civilización», pags. 154 y 155):

El Capitalismo constituye una calamidad no porque defienda el derecho legal a la propiedad sino porque representa, por su propia naturaleza, el empleo de ese derecho legal para beneficio de unos pocos privilegiados contra un número mucho mayor de hombres que, aunque libres y ciudadanos en igualdad de condiciones, carecen de toda base económica propia.


Por lo tanto, la calamidad básica que de una manera drástica llamamos capitalismo, debiera, con más precisión llamarse «Proletarianismo», dado que las características del mal estado de la sociedad que hoy llamamos «Capitalismo» no consisten en el hecho de que unos pocos tengan propiedades sino en el hecho de que la mayoría, aún cuando desde el punto de vista político sean iguales a sus amos y libres para ejercer todas las funciones inherentes a un ciudadano, no pueden disfrutar la libertad económica completa. […] La presencia de un proletariado tan amplio es la que imparte el tono a todo el conjunto de la sociedad y lo que hace que ella sea una Sociedad Capitalista”.

Como deja claro Belloc, no puede haber verdadera “libertad económica” mientras haya individuos que no gocen de ella, pues la libertad, para ser verdadera libertad y no libertinaje, debe someterse a la moral, tanto en el plano económico como en todos los demás.

En cambio, la noción liberal de “libertad económica” que trajo la Revolución Liberal al engendrar el Capitalismo, no es más que un concepto luciferino de libertad; es decir, la licencia de unos pocos para el robo y explotación despiadados.

EL RÉGIMEN POLÍTICO-SOCIAL DE LA LIBERTAD Y DE LA JUSTICIA: EL RÉGIMEN DE CRISTIANDAD

Por Mendo Crisóstomo

Incluso Kropotkin, enemigo de toda religiosidad, reconoce en sus análisis la dicha y bienestar existentes en el Antiguo Régimen, pese a las leyendas liberales

Nunca el ser humano gozó de tanta libertad y bienestar efectivos como durante el Régimen de Cristiandad; incluso el importante teórico anarquista Kropotkin (1), que nada tenía de católico, no tuvo más remedio que afirmar tajantemente que cuanto más investigaba, más claro le quedaba que el trabajador y el artesano jamás habían tenido iguales niveles de dicha y bienestar que los que tuvieron en la Civitas Christiana.

¿Dónde tiene su origen tal régimen de Cristiandad? En la aplicación práctica de unos principios basados en la observación natural de la realidad por parte de teóricos como Isócrates o Aristóteles y perfeccionados por la doctrina cristiana gracias la labor de sistematización operada por los Padres de la Iglesia, que, continuando la labor de los Apóstoles, buscan construir lo que llama San Agustín Civitas Dei (“la Ciudad de Dios”).
Éstos liman algunos defectos propios de teorizaciones y aplicaciones prácticas de los paganos y asumen y perfeccionan, en cambio, los elementos enderezados a construir una sociedad desde su base, con una brillante organización de los cuerpos intermedios de la sociedad.

La Revelación dada por Jesucristo a sus Apóstoles fue sistematizada por los Padres de la Iglesia mediante los principios hallados por los grandes genios de la Antigua Grecia. Tiene origen así la única sociedad libre y justa posible:"El Reinado Social de Cristo" o "Ciudad de Dios"

Posteriormente, Santo Tomás de Aquino hizo un pequeño resumen teórico en su obra De Regimine Principum.

Pero, ¡atención! esta obra no teoriza sobre ninguna utopía, como hacen los ideólogos, que hablan de “cambiar el mundo” e inventan mundos ficticios en sus obras políticas y, sin embargo, a la postre, siempre y en todo lugar se han demostrado fracasados y traicioneros en la práctica, por no basarse en la realidad sino en especulaciones mentales ficticias.

Todas las idelogías, artificiales y utópicas siempre, siempre se han demostrado, cuanto menos, fracasadas, cuando no traicioneras, criminales y asesinas en la práctica

Santo Tomás de Aquino, en cambio, al escribir esa obra, no hacía más que constatar una realidad, como fruto de la observación; aunque es cierto que esa realidad se llevará a cabo de manera aún más perfecta posteriormente: en las Españas.

En el Régimen de Cristiandad, la sociedad se ordena, pues, a la manera natural; es decir, respetando el principio de subsidiariedad, estructurando el cuerpo social en entidades sociales que gozan de autarquía y autonomía propias, reguladas por los fueros, que refuerzan las verdaderas libertades de los individuos, con independencia de la autoridad política central.

Los diferentes cuerpos sociales se rigen a sí mismos por representantes elegidos libre y directamente por los miembros de cada uno de los gremios e instituciones sociales, y no con representación puramente subjetiva y mandato artificial representativo, como sucede en el liberalismo, sino con representación objetiva y mandato imperativo:

En la Civitas Christiana, que no es ninguna utopía ideológica sino un régimen que verdaderamente existió y fue eficaz, el poder central está limitado por la autoridad de la Tradición, mediante un triple sistema:
1) Ético (por la Ley Natural).

2) jurídico-foral (por principio de subsidiariedad, imposiciones de los cuerpos sociales)

3) jurídico constitucional (que son las limitaciones legales que el pueblo -y no una comisión de políticos- haya querido imponer e imponga al poder central en el ejercicio de la soberanía política).

El Reinado Social de Cristo, que no es ninguna utopía, fue el único que fue eficaz en los últimos 2000 años, y el único que salvaguardó de tiranías y absolutismos. No como las utopías inventadas por el Sistema actual

Éste es el único sistema que ha funcionado.

Un modelo de este tipo es imposible que derive al totalitarismo o al absolutismo, puesto que el poder supremo o soberanía política está limitado y controlado por un sistema de triple control, más potente y decisivo que el de la supuesta división de poderes.

A lo largo de los siglos, desde el Bajo Imperio Romano hasta la Baja Edad Media, esta realidad, que habían reconocido incluso teóricos ya revolucionarios como Kropotkin ―o el propio judío llamado Karl Marx(2)―, se va perfeccionando en todo el continente europeo:

Se respeta el principio de subsidiariedad, el poder económico se halla absolutamente al servicio del poder social y político y, por último, la potestad se encuentra dividida en soberanía social y soberanía política.
Están limitadas una por la otra y ambas, a su vez, limitadas por la autoridad de la Ley Natural, la autoridad de las tradiciones consuetudinarias y la de la Tradición Católica.

Fue en las Españas donde este sistema cuajó de modo más perfecto. Y el saberse soldados de Cristo impulsó a los hijos de las Españas a recorrer todo el planeta: No sólo por la salvación de las almas y mayor gloria de Dios, sino por mostrar al resto de los pueblos la dicha y excelencia del único régimen natural: el Régimen inspirado en las enseñanzas de Cristo, en la Tradición

Tal ordenamiento político-social tuvo su escenario más logrado en las Españas, que consiguientemente nunca se llamaron a sí mismas “Imperio Español” como erróneamente quieren hacer ver las leyendas románticas y las deformaciones históricas del Sistema; ese conjunto de las Españas fue destruido por invenciones teóricas y tiránicas como el nacionalismo español o los nacionalismos periféricos (fundamentalmente los antihistóricos vasco y catalán), fanáticos defensores del Estado.

Y, actualmente, el Antiguo Régimen de las Españas continúa siendo calumniado con numerosas mentiras y leyendas negras, como si hubiese sido un sistema cuasi-totalitario donde el pueblo vivía esclavizado por el rey, la nobleza y la Iglesia.

el trabajador y el artesano jamás habían tenido, ni tendrán, iguales niveles de dicha y bienestar que los que tienen en la "Civitas Christiana"

En efecto, al llegar el Cristianismo, las libertades civiles comienzan a la sazón a cobrar vida y vigor a través de una participación real, basada en organismos naturales que se articulan en una sociedad conforme a normas consuetudinarias que surgen progresivamente y tomando como punto de partida siempre lo anterior, y siempre sin reñir con los preceptos evangélicos de Jesucristo y de la ley natural.

No había un “Estado” en el sentido moderno del término.(3)

No existía el Estado, esa gran bestia que engatusa a los tontos, a los incautos y a los frívolos con su palabrería, con su “pan y circo” y que, en la práctica, tiraniza a la sociedad negándole su libertad natural para acapararla en manos de una oligarquía plutocrática.

Notas:
(1) KROPOTKIN, P., El apoyo mutuo. Un factor de la evolución, Madrid, 1978.

(2) Pseudónimo de Ysidor Mardochai Levy

(3) Y por tanto, por ejemplo, no se pagaban impuestos

LA TRADICIÓN CATÓLICA: ÚNICA SOLUCIÓN CONTRA EL CAPITALISMO (II)

[Continuación de Única Solución contra el Capitalismo]

“Divide y vencerás”. Tal fue lo que hicieron con las Españas. Y ahora

San Francisco de Asís

San Francisco de Asís

nos presentan una imagen distorsionada y falsificada del Antiguo Régimen, difamándolo como un sistema inmovilista, tiránico, esclavista y tantas otras falsedades.

Calderón Bouchet escribió un documentado libro de la Edad Media, en que señala cómo la burguesía liberal:

«Dueña del dinero omnipotente, de las plumas venales y las inteligencias laicas, inundó el mercado con una versión de la historia medieval que todavía persiste en el cerebro de todos los analfabetos ilustrados» (Apogeo de la ciudad cristiana, Dictio, Buenos Aires, 1978, p. 220).

Cierto es que sólo en las Españas llegó a culminar casi por completo ese proceso de establecimiento de toda la justicia social preconizada por

ahora nos presentan una imagen distorsionada y falsificada del Antiguo Régimen, difamándolo como un sistema inmovilista, tiránico, esclavista y tantas otras falsedades

ahora nos presentan una imagen distorsionada y falsificada del maravilloso Antiguo Régimen, difamándolo como un sistema inmovilista, tiránico, esclavista y tantas otras falsedades

Jesucristo y continuada por los Padres de la Iglesia y por los grandes doctores y santos de la Cristiandad posterior, como San Francisco de Asís.

Sin embargo, aunque con elementos absolutistas heredados del paganismo, en otras zonas de Europa había ido cuajando, en parte, un régimen de Cristiandad; sin embargo, ese proceso de evangelización en el plano social había sido truncado y destruido muy pronto, con la llegada del Protestantismo.
En las Españas, en cambio, gracias a su fidelidad al Concilio de Trento y a la siempre congruente difusión de las doctrinas de justicia social defendidas por la Segunda Escolástica, había continuado el proceso de transformación, en que la sociedad era cada vez más justa y más equitativa.

Ese proceso lo destruyó la llegada del Liberalismo y el Nacionalismo español en el s. XIX, con la promulgación de sus inicuas constituciones, promulgadas por minorías golpistas, y el posterior desmantelamiento de las Españas.
Escuchemos a Vázquez de Mella:

“Tened presente, señores, que el orden económico actual no es obra de los principios católicos, no corresponde al ideal de la Economía cristiana, sino más bien a la Economía individualista liberal triunfante en la Revolución francesa, a la inaugurada en parte por la Escuela fisiocrática y desarrollada por la inglesa de Smith y de Ricardo y la francesa de Bastiat.”

hablando del Capitalismo, nos dice V. de Mella: el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes

hablando del Capitalismo, nos dice V. de Mella: "el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes"

Esa Economía había dicho que el trabajo era una mercancía que se regulaba, como las demás, por la ley de la oferta y del pedido, y la Economía social católica contesta: No; el trabajo, como ejercicio de la actividad de una persona, no es una simple fuerza mecánica, es una obra humana que, como todas, debe ser regulada por la ley moral y jurídica, que está por encima de todas las reglas económicas.

Esa Economía había dicho que el contrato de trabajo era asunto exclusivamente privado, que sólo interesaba a los contratantes; y la Economía católica contesta: No; el contrato de trabajo es directamente social por sus resultados, que pueden trascender al orden público y social; y la jerarquía de los poderes de la sociedad, y no sólo del Estado, que es el más alto, pero no el único, tienen en ciertos casos el deber de regularlo.

La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin.

La injusta economía liberal se ve desarrollada principalmente por la Escuela Fisiocrática, Adam Smith, David Ricardo y Bastiat, que aplicaron a la economía los postulados calvinistas y judaizantes

La injusta economía liberal se ve desarrollada principalmente por la Escuela Fisiocrática, Adam Smith, David Ricardo y Bastiat, que aplicaron a la economía los postulados calvinistas y judaizantes

La Economía liberal decía: Existen leyes económicas naturales, como la de la oferta y la demanda, que, no interviniendo el Estado a alterarlas, producen por sí mismas la armonía de todos los intereses. La Economía social católica contesta: No existen leyes naturales que imperen en el orden económico a semejanza de las que rigen el mundo material, porque el orden económico, como todo el que se refiere al hombre, está subordinado al moral, que no se cumple fatal, sino libremente, y no se pueden armonizar los intereses si antes no se armonizan las pasiones que los impulsan; y no es tampoco una ley natural la de la oferta y el pedido, porque ni siquiera es ley, ya que es una relación permanentemente variable.

La Economía liberal decía: La libertad económica es la panacea de todos los males, y la libre concurrencia debe ser la ley suprema del orden económico. Y la Economía social católica contesta: No; el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes; y para que esa contienda no sea injusta, es necesario que luchen los combatientes con armas proporcionadas, y para eso es preciso que no estén los individuos dispersos y disgregados, sino unidos y agrupados en corporaciones y en la clase, que sean como sus ciudadelas y murallas protectoras, porque, si no, la fuerza de unos y el poder del Estado los aplasta.

J. Vázquez de Mella y Fanjul. (23 de abril de 1903)

En las Españas, gracias a su fidelidad al Concilio de Trento, la sociedad era cada vez más justa y más equitativa

En las Españas, gracias a su fidelidad al Concilio de Trento, la sociedad era cada vez más justa y más equitativa

Por ello, no podemos dejar de gritar: ¡Basta ya de leyendas negras!

Cualquiera que se moleste en acudir a los documentos, se dará cuenta enseguida de que NUNCA HUBO HAMBRE EN EL PUEBLO ESPAÑOL HASTA LA LLEGADA DE LA DESAMORTIZACIÓN, que subastó los bienes, como ahora con la Crisis, entre los más capitalistas, dejando en pelotas al pueblo español, que no tuvo más remedio que echarse en brazos de los caciques para que ellos, haciendo uso de su “libertad”, pudieran “libremente” imponerle a la población sus tiránicas condiciones, escondidas bajo la palabrería vacía, hija de la Revolución Francesa.

La Revolución francesa supuso el primer gran triunfo político claro del Capitalismo

La Revolución francesa supuso el primer gran triunfo político claro del Capitalismo

“Así es que los bienes de la Iglesia católica pasaron casi enteramente de las manos muertas a las manos vivas del liberalismo.

De este modo, aquellos bienes, que eran en realidad el gran patrimonio del pueblo, de los pobres, de los hospitales, de las casas de beneficencia; que eran los fondos de la enseñanza gratuita y el recurso de los talentos privilegiados, que carecían de fortuna; todos estos bienes, digo, son ahora el rico patrimonio de algunos centenares de liberales poderosos.
EL TRADICIONALISMO ESPAÑOL DEL SIGLO XIX. Textos de Doctrina Política.
Madrid. 1945. (Pág. 236)

Por ello fue muy fuerte durante todo el siglo XIX la resistencia de los católicos tradicionales frente al Capitalismo. Cuando el Estado liberal va consiguiendo llenar de odio hacia la Iglesia al pueblo español, es entonces cuando los socialistas y comunistas (otra creación del mismo sistema) empiezan a cosechar sus primeros éxitos, sembrando el odio y la lucha de clases:

-Culpando de todo a la Iglesia Católica, al igual que los capitalistas.

-Defendiendo, al igual que los capitalistas, la destrucción de las Españas en beneficio de una “Internacional”.

-Defendiendo, al igual que los capitalistas, las ideas de “Revolución” y de materialismo.

-Propugnando la economía como una ciencia natural, al igual que el capitalismo.

-Defendiendo, al igual que los capitalistas, el poder del Estado.

-Escudándose en una “ideología” para defender unas consignas sin raíz alguna, al igual que los capitalistas.

Así, el enemigo de todos los pueblos ya consiguió lo que quería:

A partir de entonces, las gentes enzarzadas entre sí “como el perro y el gato”, en ideologías diferentes TAN SÓLO APARENTEMENTE, por aspectos superficiales, para engañar a los incautos y, mientras tanto, enriquecerse y ganar poder.

[Continúa aquí]