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Ya hemos reproducido en otra ocasión algún texto del gran sabio Romano Amerio, helenista, teólogo, historiador, latinista y filósofo (además de consejero del Cardenal Siri).

En esta ocasión, los fragmentos que reproducimos, aderezados (como ya es costumbre en este blog) con algunos resaltados, hipervínculos e imágenes, analizan y corroboran la importancia del latín en la Liturgia.

Expone la gran labor pedagógico-educativa ejercida  por el uso del latín sobre los sectores menos cultivados de la sociedad y el bagaje cultural que se está perdiendo a consecuencia de esto.

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El latín es lengua óptima para la ejecución del Sacrificio agradable a Dios

Nos demuestra también la falsedad de la grosera sentencia -muy propia de teólogos pederastas- de «si el pueblo no sabe latín, no puede participar en la liturgia», sentencia evidentemente amparada en una concepción falsa y protestante de la participación.

Por último, Amerio proporciona pruebas irrefutables de la disociación existente entre el uso de las lenguas vernáculas para la liturgia con respecto a la Universalidad, la inmutabilidad de los dogmas revelados por Dios o la debida majestad propia del Sacrificio agradable a Dios.

Por si quedara alguna duda, al texto de Amerio añadimos al final un pequeño anexo con opiniones de los protestantes sobre la nueva misa.

Mendo Crisóstomo


LATINIDAD Y POPULARIDAD EN LA LITURGIA


Por Romano Amerio

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Tras el Concilio de Trento, florecieron la instrucción popular y la difusión de los “libros de piedad”, que aseguraban la correcta participación y formación litúrgica de todos los sectores de la sociedad. Esto acabó tras el Concilio Vaticano II.

El Concilio de Trento (ses. XXII, cap. 9) ordenó que en el curso de la Misa el sacerdote explicase al pueblo parte de las lecturas. Esto no sólo se hacía en la homilía, sino también y de modo muy abundante mediante los libros de piedad, difundidísimos hasta el Vaticano II, que facilitaban seguir las diversas partes de la Misa.

Llevaban oraciones apropiadas que a menudo parafraseaban los textos litúrgicos, e incluso viñetas reproduciendo del modo más evidente posible ante los ojos el aspecto del altar, los actos del celebrante, y la posición de los vasos y de los ornamentos. Naturalmente, siendo analfabeta gran parte del pueblo cristiano no se podía encontrar perfecta concordancia entre la devota disposición interior del vulgo y la secuencia de las ceremonias sagradas. Por otro lado, la universalidad (letrada o iletrada) de la asamblea conocía y reconocía los momentos más importantes y las articulaciones del rito, indicadas también por la campanilla.

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En el antiguo rito latino, la Universalidad de la población (letrada o iletrada) participaba en la Santa Misa de manera efectiva

De este modo no faltaba a los ritos sagrados la participación espiritual de los fieles. Y no solamente no faltaba, sino que faltó cada vez menos después de que en los años de la primera postguerra (en Italia por mérito de la Obra para la Realeza de Cristo) en todos los países europeos se difundieran los cuadernillos con el texto latino y la traducción al vulgar del Misal festivo.

Y conviene señalar que los misales que contenían el texto latino y yuxtapuesta la traducción en lengua moderna estuvieron en uso desde el siglo XVIII [1], y no sé si también antes. En la biblioteca de Manzoni en Brusuglio existe uno latín-francés impreso en París en 1778, y era utilizado por doña Giulia.

Suele objetarse que en el rito latino el pueblo estaba desvinculado de la acción de culto y faltaba esa participación activa y personal constituida en intención de la reforma. Pero contra dicha objeción milita el hecho de que la mentalidad popular estuvo durante siglos marcada por la liturgia, y el lenguaje del vulgo recogía del latín cantidad de locuciones, metáforas, y solecismos.

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Antaño, el lenguaje y cultura del vulgo se enriquecían con metáforas, solecismos y locuciones del latín

Quien lee esa vivísima pintura de la vida popular que es el Candelaio de Giordano Bruno se sorprende del conocimiento que los más bajos fondos tenían de las fórmulas y de los actos de los ritos sagrados: no siempre (es obvio) en la semántica legítima, y a menudo llevados a sentidos deformes, pero siempre atestiguando el influjo de los ritos sobre el ánimo popular.

Por el contrario, hoy tal influencia se ha apagado del todo y el lenguaje toma sus formas de otros campos, sobre todo del deporte.

El más importante fenómeno lingüístico por el cual quinientos millones de personas han cambiado su lenguaje de culto, no ha dejado hoy la más mínima sombra en el lenguaje popular.

LOS VALORES DE LA LATINIDAD EN LA IGLESIA. UNIVERSALIDAD


Por Romano Amerio

No queremos aquí retroceder hasta la Auctorem fidei de Pío VI, que reprobó la propuesta del Sínodo de Pistoya de realizar los ritos en lengua vernácula (DENZINGER, 1566). No nos extenderemos ni siquiera sobre la doctrina de Rosmini en las Cinque piaghe, cuando consideraba que el justo remedio a la desvinculación del pueblo de la acción sagrada no residía (como hoy erróneamente se le atribuye) en la abolición de la lengua latina, sino en el desarrollo de la instrucción vital del pueblo fiel [2].

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El Sínodo de Pistoya había sido condenado por el Papa Pío VI, al renovar el error luterano-jansenista de utilizar lenguas vulgares para la liturgia

Si decimos que el latín es connatural a la religión católica, ciertamente no nos referimos a una connaturalidad metafísica coincidente con la esencia de la cosa misma (como si el catolicismo no pudiese subsistir sin el latín), sino a una connaturalidad histórica: un hábito adquirido históricamente por una peculiar aptitud y conveniencia que el idioma latino tiene con la religión.

El catolicismo nació, por así decirlo, arameico; fue durante mucho tiempo griego; se hizo pronto latino, y el latín se le hizo connatural. De entre las muchas adaptaciones posibles de un lenguaje a la religión, la connaturalidad histórica es la que mejor responde a las propiedades de ésta, modelándose perfectamente sobre los caracteres de la Iglesia.

En primer lugar, la Iglesia es universal, pero su universalidad no es puramente geográfica ni consiste, como se dice en el nuevo Canon, en estar difundida por toda la tierra [3].

Dicha universalidad deriva de la vocación (están llamados todos los hombres) y de su nexo con Cristo, que ata y reúne en Sí a todo el género humano. La Iglesia ha educado a las nacionalidades de Europa y creado los alfabetos nacionales (eslavo, armenio), dando origen a los primeros textos escritos.

En consonancia con la acción civilizadora de los Estados europeos, ha educado a las nacionalidades de África. Sin embargo, no puede adoptar el idioma de un pueblo particular, perjudicando a los demás. A pesar de la disgregación postconciliar, a la Iglesia católica parece escapársele lo mucho que la unidad de la lengua aporta a la unidad de un cuerpo colectivo: no ocurre así con el Islam, que usa en sus ritos el paleoárabe incluso en los países no árabes; ni con los hebreos, que usan para la religión el paleohebraico; tampoco se les escapa a los Estados que han alcanzado después de la guerra su unidad nacional, pues ninguno de ellos ha adoptado como lengua oficial una de las lenguas nacionales, sino el inglés o el francés, lenguas de sus colonizadores y civilizadores [4].

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La inmutabilidad de la Revelación de Dios y la Universalidad espacio-temporal de la Iglesia sólo se hallan a salvo con una lengua universal e inmutable

En segundo lugar la Iglesia es sustancialmente inmutable, y por ello se expresa con una lengua en cierto modo inmutable, sustraída (relativamente y más que cualquier otra) a las alteraciones de las lenguas usuales: alteraciones tan rápidas que todos los idiomas hablados hoy tienen necesidad de glosarios para poder entender las obras literarias de sus primeros tiempos. La Iglesia tiene necesidad de una lengua que responda a su condición intemporal y esté privada de dimensión diacrónica.

Ahora bien, siendo imposible que una lengua de hombres escape al devenir, la Iglesia se acomoda a un lenguaje que elide cuanto es posible la evolución de la palabra. Hablo en términos prudentes porque, coincidiendo la diventabilidad con la vida de un idioma, sé bien que también el latín de la Iglesia va cambiando con el correr del tiempo. Incluso prescindiendo de la presente decadencia de la latinidad, tanto profana como eclesial, basta confrontar las encíclicas del siglo XIX con las de los últimos pontificados para advertir la diferencia [5].

INMUTABILIDAD RELATIVA. CARÁCTER SELECTO DEL IDIOMA LATINO

En tercer lugar la lengua de la Iglesia debe ser selecta y no vulgar, porque las cosas que intenta expresar son las cumbres del espíritu, más bien un ensayo de realidades sobrehumanas.

No es que la Iglesia desprecie el profanum vulgus al contrario, todo aquello que toca lo santifica, y el vulgo, los pobres y los simples son objeto precipuo de su cuidado.

Ella trata con perfecta paridad en sus sacramentos a príncipes y a plebe, y catequizó a los pueblos en sus dialectos: Santo Tomás en Nápoles predicó en el vernáculo napolitano, Gerson en el de la Alvernia y los párrocos de Lombardía hasta final del siglo XIX en el del país.

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La Religión Católica evangelizó a los pueblos en sus respectivos dialectos y les convirtió con el Santo Sacrificio en latín

Incluso fundó órdenes religiosas expresamente comprometidas en la instrucción de las capas populares, asemejándose a ellas incluso en la humildad del nombre (los Ignorantes). No es por desprecio del pueblo o altanería sobre los pueblos como pudo la religión tener el latín como lengua propia y connatural. La razón de la latinidad de la Iglesia es ciertamente aquélla, que ya tocamos en Iota Unum [6] de la continuidad histórica, por la cual la religión acompaña el curso de las civilizaciones.

Pero la razón importante es la necesidad para la Iglesia de custodiar el dogma con una lengua que se mantenga fuera de las pasiones. Las pasiones, en una explicación completa (que abarca desde el orgullo hasta la facilidad para sacar conclusiones), son principio de fluctuación de las mentes, de alteraciones de la verdad y de divisiones entre los hombres. Y es ciertamente fútil el escándalo que se monta a veces sobre las sutiles diferencias entre una definición y otra, como si fuesen chanzas y menudencias de charlatanes. [7]

En conclusión, los caracteres del latín de la Iglesia se fundan en una suprahistoricidad que instaura, más que impide, la comunicación entre los hombres, del mismo modo que el elemento de la vida sobrenatural instaura, más que impide, la comunión de todos aquéllos que participan de la naturaleza humana. Lorenzo el Magnífico, discurriendo de las diversas excelencias de las lenguas, atribuye la universalidad del latín a la «prosperidad de la fortuna»[8].

No hace falta creer con los medievales que, al igual que el Imperio, así la lengua de Roma haya estado establecida «por lugar santo / donde mora el que a Pedro ha sucedido» (Inf. II, 23-24). Se puede rechazar tal sentencia y no desconocer sin embargo la eminencia y el idiotropion de la latinidad de la Iglesia.

subir imagenNo conviene concluir este discurso sin recordar que el latín constituía hasta hace poco tiempo la más vasta κοινή del mundo de la cultura. Si espíritus de renuncia y de flaqueza no hubiesen frustrado la restauración ordenada por Juan XXIII [9], esta κοινή podría conservarse dentro de la Iglesia Católica en la enseñanza, en los ritos y en el gobierno. Mayor fuerza moral que la Iglesia mostraron esos gobiernos civiles de nuestra época que consiguieron imponer o persuadir a poblaciones enteras una lengua desconocida o extraña para ellos: así ocurrió en Israel, que hizo nuevo el antiguo idioma, en la República Popular China y en muchos Estados africanos.

Romano Amerio


[1] Sobre la traducibilidad y divulgabilidad de los textos litúrgicos en las lenguas vulgares ha tenido lugar un desarrollo positivo. El decreto del 12 de enero de 1661 de Alejandro VII, que condenaba la traducción en francés del Misal romano, estaba ciertamente inspirado en la idea de una connaturalidad entre lo sagrado y el latín que sobrepasaría el carácter histórico para entrar en lo metafísico, como pronto diremos.

[2] Delle cinque ptaghe della Santa Chiesa, Brescia 1966, p. 74: «queriendo reducir los Sagrados ritos a las lenguas vulgares se iría hacia dificultades mayores, y se añadiría un remedio peor que el mal. Las ventajas de que se goza conservando las lenguas antiguas son principalmente: la representación que hacen las antiguas Liturgias de la inmutabilidad de la Fe; la unión de muchos pueblos cristianos en un solo rito, con un mismo lenguaje sagrado, haciéndoles sentir mucho mejor la unidad y la grandeza de la Iglesia y su común fraternidad; el tener algo de venerable y de misterioso en una lengua antigua y sagrada, casi un lenguaje sobrehumano y celeste; (…) la infusión de tal sentimiento de confianza en quien sabe que reza a Dios con las mismas palabras con las cuales oraron durante tantos siglos innumerables hombres santos y padres nuestros en Cristo». Con la vulgarización de los ritos «se introduciría una enorme división en el pueblo» y «un perpetuo cambio en las cosas sagradas».

[3] Realmente no es algo difuso (la metáfora viene del líquido, que se expande uniformemente dando lugar a un velo superficial continuo), sino más bien discontinuamente disperso.

[4] Que el uso de una lengua supranacional sea, incluso en el orden civil, un coeficiente de unidad y de concordia, queda probado por el hecho de que el intento de algunos Estados asiáticos y africanos plurilingües de introducir como lengua oficial alguna lengua del país, provocó guerras civiles y debió ser abandonado.

[5] Para ser equitativos conviene reconocer que también nuestros doctores daban de modo extravagante ejemplos de tal decadencia. OLINTO GUERRINI, que era bibliotecaria en el Archigimnasio de Bolonia, en una sáfica erótica de Postuma, Bolonia 1882, p. 145, equivocaba acentos y declinaciones, poniendo púlvinar en vez de pulvinar y haciendo latum acusativo del sustantivo latus. Por venir a tiempos recientes, en la célebre Académie des inscriptions et belles lettres, el ilustre ALPHAN citaba un paso del medieval Guiberto, en el que se dibuja pintorescamente la figura del escolar inclinado sobre el banco: «pluteo adhaerens tanquam animal peritum» que quiere decir: «ligado al bando como un animal sabio, como un sabihondo». Pero ALPHAN lee peritum con i larga en vez de con i breve y traduce «comme un animal empaillé», olvidando que los intransitivos no tienen participio pasado. En la abadía de Viboldone, cerca de Milán, una lápida recuerda la restauración promovida por el arzobispo Montini «antequam ad Summum Pontificatum eligeretu». El redactor del epígrafe ignoraba la ley de la oblicuidad, eje de la construcción latina. Con ese subjuntivo se viene a decir exactamente que el Card. Montini tenía en mente convertirse en Papa, e hizo todo lo posible para restaurar Viboldone antes de que ello ocurriese. El Card. SEPER, en diciembre de 1974, me señaló que en el documento de su Congregación sobre el aborto sus latinistas se habían equivocado escribiendo «ut opinatur».

[6] R. Amerio, Iota Unum § 32, sobre la Veterum Sapientia de Juan XXIII.

[7] El lenguaje es la idea misma, y variar el lenguaje, como se desprende del desarrollo homogéneo o heterogéneo del dogma, significa idénticamente variar la doctrina. Lo hemos visto respecto al término transustanciación en R. Amerio, Iota Unum § 275.

[8] Scritti scelti, Turin 1930, p. 46.

[9] Ver nota 6.



ANEXO: LOS PROTESTANTES Y LA MISA NUEVA

Para que nuestros lectores no crean que nos gusta ser «guardianes de las esencias», ni soberbios a los que les gusta ir de elitistas y «desobedecer a Pedro» sin motivo grave, recordamos que pueden consultar L’Osservatore Romano del 13 de octubre de 1967 y constatar lo que en él se dice:

«Es interesante notar un comentario sueco que afirma algo en este sentido: la reforma litúrgica (…) se aproximó a la misma forma de la liturgia luterana»

Por si les quedan dudas, consulten Vds. la Formula missae de Martín Lutero o los libros de ritos “eucarísticos” anglicanos.

Pero antes, ¡cuidado!: para evitar que se atraganten leyendo las opiniones de los herejes protestantes actuales (mal llamados «evangélicos» por los impíos), que insertamos a continuación hablando sobre la misa nueva, les recordaremos la frase del famoso místico argentino Benjamín Solari Parravicini, pronunciada en 1936:

«La Iglesia Católica en el año 1970 tendrá la misa protestante»

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Benjamín Solari Parravicini (1936): «La Iglesia Católica en el año 1970 tendrá la misa protestante»

Y ahora, por fin, algunas opiniones de los herejes protestantes sobre la misa nueva (extraídas de cierta web desaparecida):

«En La Croix del 30 de mayo de 1969, Max Thurian, de la comunidad de Taizé, escribe que el nuevo Ordo Missae

“es un ejemplo de esa fecunda preocupación por la unidad abierta y la fidelidad dinámica, por la verdadera catolicidad: uno de sus frutos será tal vez que comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Teológicamente es posible“.

Pero no lo era con el rito tradicional.

En Le Monde del 22 de noviembre de 1969 pueden leerse extractos de una carta enviada al obispo de Estrasburgo por el Sr. Siegvalt, profesor de dogma de la Facultad protestante de dicha ciudad. Siegvalt asevera que

nada hay en la misa ahora renovada que pueda molestar verdaderamente al cristiano evangélico“.

La nueva liturgia es del total agrado de los herejes protestantes

En La Croix del 10 de diciembre de 1969, Jean Guitton reproduce una observación que leyó en una de las más importantes revistas protestantes:

Las nuevas oraciones eucarísticas han eliminado la falsa perspectiva de un sacrificio ofrecido a Dios

En el número de enero de 1974 de L’Eglise en Alsace, publicación mensual de la Oficina diocesana de información, se puede leer un documento muy interesante originado en el Consistorio superior de la Confesión de Ausburgo y Lorena, llamada Iglesia “evangélica” o sea, protestante ( de fecha 8 de diciembre de 1973). el documento se publica íntegramente. Los siguientes párrafos han sido extractados del mismo:

Dadas las formas actuales de la celebración eucarística de la Iglesia católica y en razón de las convergencias teológicas presentes, muchos obstáculos que hubieran podido impedir a un protestante participar en su celebración eucarística parece hallarse en vías de desaparición. Hoy en día debería serle posible a un protestante reconocer en la celebración eucarística católica la cena instituida por el Señor

(…)

…Nos atenemos al uso de las nuevas oraciones eucarísticas en las cuales volvemos a encontrarnos y que tienen la ventaja de matizar la teología del sacrificio que teníamos el hábito de atribuir al catolicismo. Esas plegarias nos invitan a volver a encontrar una teología evangélica del sacrificio (…)

Estos textos, a los que podrían agregarse muchos más, son perfectamente claros. Establecen, sin lugar a dudas, que lo menos que puede decirse de la nueva “Misa” es que es equívoca.»

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Sobre el Sacrificio de la Misa y  su Rito contra los Luteranos

Por el Exmo. y Rvmo. Card. Cayetano

Capítulo Primero

De qué trata esta obra El único Maestro de todos, Nuestro Señor Jesucristo, al refutar a los saduceos sólo argüía a partir de los libros de Moisés, que eran los únicos que éstos aceptaban. Así nos mostró que contra los herejes no empleemos pruebas que ellos no admiten, sino sólo los testimonios sagrados que ellos no niegan. subir imagen Por esto, al escribir sobre el sacrificio de la Misa contra los herejes denominados luteranos que se apoyan únicamente en los testimonios de la Sagrada Escritura, pretendo llevar a cabo toda la discusión y la explicación apoyándome sólo en las [mismas] Sagradas Escrituras. No sólo para que no se gloríen diciendo que al negar el sacrificio de la Misa se basan en el sólido fundamento de las Sagradas Escrituras, sino también para que los que tienen menos instrucción no vayan a pensar que el Sacrificio de la Misa no se funda en la autoridad de la Escritura sino sólo en la institución de la Iglesia; y también para que los luteranos que yerran por ignorancia puedan recapacitar. Para que todos puedan conocer claramente la verdad, se va a explicar primero en qué están de acuerdo y en qué se diferencian los luteranos de los católicos; luego, qué se encuentra en las Sagradas Escrituras acerca del sacrificio de la Misa; y finalmente, se van a resolver las objeciones luteranas.

Capítulo Segundo

Coincidencias y diferencias entre católicos y luteranos sobre el sacrificio de la Misa Los luteranos están de acuerdo en que la Misa se puede llamar «sacrificio memorial», porque el verdadero Cuerpo de Cristo, con su verdadera Sangre, se consagra, venera y recibe en memoria del sacrificio ofrecido en la cruz; pues dice el Señor: Haced esto en memoria de Mí [Luc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24-25]. Pero niegan dos cosas. La primera: que el cuerpo y la sangre de Cristo se ofrezcan a Dios. De modo que aunque admiten que en el altar está el verdadero cuerpo de Cristo, niegan sin embargo que se ofrezca a Dios este verdadero Cuerpo. La segunda: que en el altar haya una hostia o sacrificio para la expiación de los pecados, tanto de los vivos como de los difuntos. Ambas cosas las fundan en la doctrina de la Epístola a los Hebreos, donde aparece claramente que para los pecados de todo el mundo basta el ofrecimiento del Cuerpo de Cristo hecho una sola vez en la Cruz. De ahí concluyen que, aunque el culto al Cuerpo de Cristo en memoria de su pasión y muerte fue instituido por Cristo mismo, sin embargo el ofrecimiento de su Cuerpo como hostia por el pecado es un invento humano, contrario a los textos de la Sagrada Escritura.

Capítulo Tercero

Por institución de Cristo se inmola la Eucaristía Sin embargo, los católicos sabemos que en los textos sagrados está marcada la inmolación de la Eucaristía.subir imagen Los evangelistas, en efecto (especialmente San Lucas 22, y más aún San Pablo, en 1 Corintios 1), nos dicen que luego de muchas otras cosas que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la cena, les mandó: Haced esto en memoria de Mí. Estas palabras, al ser de Jesucristo, tienen que ser muy bien examinadas, tanto el pronombre Esto, como el verbo haced, como en memoria de Mí. ¶ Para entender lo que se indica con el pronombre Esto, hay que examinar las palabras que preceden. Lo que precede es que Jesús tomó el pan, dio gracias, lo rompió, lo dio y dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo que por vosotros se rompe, o según San Lucas, se da. E inmediatamente añadió: Haced esto en memoria de Mí. Como el pronombre Esto no se limita a señalar unas y a no señalar otras de las cosas que preceden, se sigue que señala la totalidad de las que preceden. subir imagen¶ La palabra Haced encierra muchos misterios, pues no dice: «Decid esto», sino, «Haced esto», para señalar que lo que manda no consiste en decir sino en hacer, y que el «decir» que figura aquí no es para «decir» algo sino para «hacer» algo; para que comprendiésemos que las palabras de la consagración son palabras que producen lo que significan. Al añadir, en memoria de Mí, distingue «hacer» de «conmemorar». No dijo más expresamente: «Conmemorad esto», sino: Haced esto en memoria de Mí. Nuestro Señor Jesucristo manda que Esto, es decir todo lo que precede, se haga en memoria suya. Lo que se manda es «hacer esto» y que se haga «para recordar» a Nuestro Señor Jesucristo. ¶ Como en las palabras haced esto se entiende no sólo «hacer» el Cuerpo de Cristo sino también hacer el Cuerpo de Cristo «que se rompe o se da» por nosotros, queda claro que Nuestro Señor Jesucristo mandó que hiciésemos su cuerpo que por vosotros se rompe y sé da, como si dijese: «Que se inmola por vosotros», pues sólo se rompe y se da en cuanto se rompe y se da en la cruz (esto quiere decir «se inmola») por vosotros. Por consiguiente, hacer mi Cuerpo que se inmola por vosotros es lo mismo que hacer mi Cuerpo en cuanto que se inmola por vosotros. ¶ Para que entiendas mejor lo que decimos, advierte que si Nuestro Señor Jesucristo hubiese añadido las palabras que por vosotros se rompe o se da sólo para expresar la verdad de su Cuerpo, hubiese sido suficiente decir: «que veis en mi persona», o algo así. Pero lejos de Nuestro Señor Jesucristo un lenguaje impreciso, pues negado esto, se quita toda certeza a las palabras. Eso sería perderse en medio de infinitas posibilidades. Al decir, pues, que por vosotros se rompe o se da, significa exactamente: haced mi Cuerpo en cuanto se ofrece por vosotros, y eso mismo hacedlo en memoria de Mí. ¶ Hacer esto en memoria de Cristo es más que hacer el Cuerpo de Cristo consagrándolo, porque es además hacer el Cuerpo de Cristo que se da y se rompe por vosotros. También es más que recordar a Cristo, porque es hacer, en recuerdo de Cristo, su Cuerpo que se da y se rompe por nosotros.subir imagen Además, darse y romperse por nosotros es lo mismo que ser inmolado por nosotros, pues darse significa genéricamente ofrecerse, y romperse significa específicamente el modo de ofrecerse, es decir, rompiéndose: Él se dio a sí mismo a Dios en la Cruz a través de la ruptura de sus manos, pies y costado por nosotros. Por consiguiente, cuando Nuestro Señor Jesucristo mandó haced esto en memoria de Mí, mandó: haced esto por modo de inmolación en memoria de Mí. Hacer «el Cuerpo de Cristo que se inmola» es hacerlo inmolándolo o por modo de inmolación, de modo que sea el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola. Si no hacemos estas dos cosas 1ª: hacer el Cuerpo de Cristo «consagrándolo»; y 2ª: «inmolando» lo que se da y se rompe por nosotros, no hacemos «el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola». A esto se añade otra cosa más, a saber, 3ª hacerlo «en memoria» de Jesucristo. ¶ Date cuenta, prudente lector, de lo que se hizo en la cena del Señor para que entiendas cómo corresponde institución con institución, hecho con hecho e inmolación con inmolación. La cena Pascual, instituida en memoria de la salida de Egipto, consistía en el hecho de una inmolación, de modo que la misma cena era la inmolación del cordero Pascual.subir imagen De igual modo, Nuestro Señor Jesucristo, al terminar el sacrificio del cordero Pascual, instituye nuestra nueva Pascua en sí mismo cuando se inmola diciendo: Esto es mi Cuerpo que se da por vosotros o se rompe: haced esto en memoria de Mí. Como si dijese de palabra lo que expresaba con el hecho de la sustitución: «así como hasta ahora hacíais la Pascua en memoria de la salida de Egipto, a partir de ahora haced esto en memoria de mi inmolación». Como si hablara con la misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, y dijese: «Aquella Pascua la hacíais inmolándola en una cena comunitaria; ahora haced esto inmolándolo en una mesa comunitaria en memoria de Mí». De modo que por esa misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, se da a entender que cuando dice: Haced esto en memoria de Mí, se refiere a que hay que hacerlo por modo de inmolación, pues en la antigua Pascua se hacía de ese modo. ¶ Que tal sea el sentido auténtico de este mandamiento lo prueban los hechos relatados por San Pablo en 1 Corintios 10. San Pablo enumera entre las cosas inmoladas el pan santo y el cáliz de la Sangre de Cristo; trata a nuestra mesa como altar; y pone a los que comen y beben de la mesa del Señor como a los que comen y beben cosas inmoladas. Con esto queda claro, por una parte, que los Apóstoles habían entendido el mandato de Cristo: haced esto en memoria mía, como hacer la Eucaristía inmolándola; por otra parte que en la Iglesia de Cristo, en tiempos de los Apóstoles, la Eucaristía era no sólo un sacramento sino también un sacrificio; y además, que se considera como inmolación del Cuerpo y de la Sangre del Señor no sólo en los usos de la Iglesia y en los libros de los Doctores, sino también en la Sagrada Escritura. Las palabras del Apóstol son estas: Huid del culto de los ídolos. Puesto que hablo con personas prudentes, juzgad vosotros mismos lo que os digo. El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? Porque todos los que participamos del mismo pan, aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo Cuerpo. Considerad a Israel según la carne, los que entre ellos comen de las víctimas, ¿no es verdad que tienen parte en el altar? ¿Digo yo con esto que el ídolo o lo sacrificado a los ídolos vale algo? No, sino que las cosas que sacrifican los gentiles, las sacrifican a los demonios y no a Dios. Y no quiero que tengáis ninguna sociedad con los demonios, no podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. subir imagen Esto es lo que dice él. Con estas palabras queda claro que el Apóstol coloca el pan que partimos y el cáliz de bendición en la misma categoría que las víctimas de Israel y las cosas inmoladas a los demonios; que coloca la mesa del Señor en la misma categoría que el altar de Israel y la mesa de los demonios; y que pone a los que comen de la mesa del Señor y beben de aquel cáliz en la misma categoría que los que participan a las víctimas de Israel y comen las cosas inmoladas a los demonios. Con estas razones alega que no pueden tomar parte de las cosas inmoladas a Dios y a los demonios. Si el pan y el cáliz de Cristo no se inmolasen a Dios, toda la argumentación de Pablo, tanto acerca de las cosas inmoladas al Dios verdadero por Israel como a los demonios por los gentiles, se vendrían al suelo. Pero su testimonio sobre cómo en su tiempo se inmolaban el pan y el cáliz de Cristo es tan claro que no necesita ninguna explicación.

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Todos los Santos de la historia de la Iglesia se han santificado con la Misa Tradicional (hoy llamada por los oficialistas “forma extraordinaria”), establecida por Jesucristo, y no con la nueva “misa” (hoy llamada por los oficialistas “forma ordinaria”) inventada por el obispo masón Bugnini y por cinco ministros protestantes y un rabino.

La "forma ordinaria" de la Misa que hoy encuentra habitualmente en su parroquia, NO es la Misa de siempre, sino un invento humano plagio de los herejes protestantes

Por eso, según los grandes santos y doctores de la Iglesia, son numerosísimas las utilidades y beneficios que, gana aquel que asiste a la Misa de siempre, la Misa Tradicional, y las que gana aquel sacerdote que la celebra.
Menos mal que el Papa Benedicto XVI ha indicado que jamás estuvo prohibida la Misa Tradicional; eso hará que algunos que se alejaron de la Iglesia vean que las “misas” a las que les llevaban de pequeños no son las misas a las que iban sus abuelos.

La Misa Tradicional o "forma EXTRA-ordinaria es la Misa con que se santificaron TODOS los santos de la historia

Estas utilidades, por supuesto, no las gana quien asiste a esa “misa” inventada tras el Concilio Vaticano II, ya que tal “misa” (hoy extendida por doquier y en lengua vulgar), no es a la que ellos asistían, sino que es una “misa” inventada por humanos y no la establecida por Dios, que es la de Jesucristo.

Mendo Crisóstomo

TESORO DE LAS GRANDES UTILIDADES

QUE SE GANA EN CELEBRAR Y OÍR MISA TRADICIONAL

Extraído de Misa Tridentina

1 – San Bernardo, hablando de las utilidades de la Misa, dice: Que más merece el que devotamente oye una Misa (en gracia de Dios), que si peregrinara la dilatada espaciosidad de todo el mundo, y que si diera a los pobres su hacienda: pero mucho más el que celebra.
2 – El mismo Santo dice: Que el que devotamente y en gracia oyere Misa merece tanto como si fuera  peregrinando. y visitara todos los Lugares Santos de Jerusalén, y caminara la demás Tierra Santa.

La Santa Misa Tridentina es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres

3 – San Buenaventura, con otros muchos Padres, dice: Que la santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres.

4San Agustín dice: Que si alguno oyere devotamente la Misa, alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.
5 – En otro lugar dice: Que todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Ángel y por cada uno le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta vida mortal y perecedera.
6 – Refiere el mismo Santo: Que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento, ahuyenta al demonio del pecador.
7 – . Mas adelante refiere: Que al que oyere Misa entera no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.
8 – El propio Santo dice: En aquel día que alguno viere en la Misa el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, se le conservará la luz de la vida.

El Ángel de la Guarda toma nota de todos los pasos que uno da para asistir a Misa Tradicional

9 – En otro lugar continúa diciendo: Que mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el sacrificio de la Misa.

10 – Mi gran Padre San Agustín, hablando con los que fueran muy devotos de las benditas almas del purgatorio, dice estas breves palabras: Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí propio trabaja: así el que ofrece por las almas lo que reza, por sí propio trabaja.
11San Anselmo dijo: Que más vale una Misa oída en vida, que mil dichas por la misma persona después de su muerte.
12 – El mismo Santo dice: Que una Misa sobrepuja y accede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y pena.

El que asiste a Misa Tradicional, en ese día se librará de muy grandes peligros y numerosos males

13 – En otro lugar dice: Que oír devotamente una Misa en vida o dar alguna limosna para que se celebre, aprovecha más que dejar para celebrarlas después de su muerte.
14 – San Gregorio dijo: Que el que devotamente oyere Misa, en aquel día se librará de muy grandes peligros y muchos males.
15 – En otro lugar dice: Porque ningún sacrificio hay en todo el mundo por el cual las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del purgatorio, que por la sacratísima oblación y santo sacrificio de la Misa, como sienten los teólogos.

La Misa Tridentina es "el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio"

16 – El mismo santo dice: Que la pena de los vivos y de los difuntos se suspende mientras se celebra la Misa y principalmente en las almas de aquellos por quienes con especialidad el sacerdote ruega, ora y dice la Misa.

17 – Continúa el mismo Santo diciendo: Que por las Misas oídas y dichas con devoción, los pecadores se convierten a Dios, las almas se libran de las penas que por sus pecados merecían en el purgatorio. y los justos se conservan en el camino rectísimo de la justificación.
18 – Por último, dice el mismo San Gregorio: Que por las Misas que en la Iglesia se celebran, se convierten los infieles a la fe de Cristo, las almas de las penas del purgatorio vuelan al cielo y los Justos se afirman en la gracia de Dios.
19 – San Jerónimo dice: Que las almas que están en la penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Misa, no padecen ningún tormento mientras que el santo sacrificio de la Misa se celebra y dice por ellas.
20 – El mismo Santo dijo: Que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas del purgatorio, y a las otras  que quedan en él se les disminuyen las muchas penas que allí padecen.

Salvo la Misa Tridentina, ningún otro sacrificio posee poder por el que "las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del Purgatorio"

21San Alberto el Magno dice: Que el santo sacrificio de la Misa está tan lleno de misterios como el mar  está lleno de gotas, como el sol de átomos, el firmamento de estrellas y como el cielo empíreo de muchísimos Ángeles.

22 – En otro lugar (Serm. 145) dice: Que el que en la  Misa contemplare la Pasión y muerte de Jesús, merecerá más que si anduviese peregrinando a pie descalzo a los Lugares Santos de Jerusalén, y ayunara a pan y agua un año, y se azotara hasta derramar sangre de sus venas. y rezara trescientas veces el Salterio.
23San Cipriano dice: Que el santo sacrificio de la Misa es medicina para sanar las enfermedades, y holocausto para purgar las culpas.
24 – San Juan Crisóstomo dice: Que la celebración de la Misa en cierta manera, vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo en la cruz.

La Santa Misa Tradicional vale tanto como el Sacrificio de Cristo en la Cruz

25 Inocencio Papa dice: Que por la virtud del sacramento de la Misa todas las virtudes se aumentan y se acrecienta la gracia.

26 Juan Bautista Mantuano dijo: Aunque Dios me diera cien lenguas, y con ellas una voz de acero que nunca se me gastara, no sería posible declarar y manifestar las utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con asistir y oír Misa en gracia.
27 – San Bernardino de Sena dice: Que la Misa es el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio y llevarlas a gozar de su santísima gloria.

La Misa Tradicional está tan llena de misterios como el mar está lleno de gotas o el firmamento de estrellas

28 – San Lorenzo Justiniano dice: Más agrada al Altísimo Dios el sacrificio de la Misa, que los méritos de todos los Ángeles.
29 – El Venerable Beda dice: Que si una mujer encinta oyere Misa, podrá esperar grandes auxilios en los dolores de su parto.
30 – Eugenio Papa dice: Que más aprovecha para la remisión de la culpa y pena oír una Misa, que todas las oraciones de todo el mundo.
31 – El Concilio de Trento: Que por el santo sacrificio de la Misa se aplaca a Dios, y concede la gracia y don de la penitencia.

Es imposible manifestar con palabras las grandes utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con la Misa Tradicional

32 – El santo sacrificio de la Misa, dice San Francisco de Sales, es el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la Religión.
33 – Concluyendo, dice el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino: Que los efectos que causa el santo sacrificio de la Misa y el oírla, son los siguientes:

Resiste a los malos pensamientos.

Destruye los pecados.

Mitiga el aguijón de la carne.

Da fuerzas al alma para batallar contra los enemigos.

Perdona los pecados veniales.

Purifica, limpia y purga el corazón.

Alienta a obrar bien.

Aumenta la castidad.

Acrecienta el fervor de la caridad.

Da fuerzas para sufrir las cosas adversas y llena el alma de todas las virtudes.

Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo Dios, todos son por la sagrada muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se representa en el Sacrificio de la Misa.

Reproducimos a continuación unos fragmentos de un gran investigador italiano: el helenista, teólogo, latinista, historiador y filósofo R. Amerio, consejero del Cardenal Siri. Nos explica cómo la diferencia entre sacerdote y fieles no se basa sólo en que cada uno tenga una función diferente, sino que la diferencia existente es absolutamente sustancial.

Y diremos más: eran herejes como los luteranos o los husitas los que sostenían el grave error de que el sacerdote NO se distingue sustancialmente de los fieles y que todos los cristianos son igualmente sacerdotes.

Tales errores han sido y siguen siendo sostenidos por gran cantidad de los herejes modernistas.

Mendo Crisóstomo

El cripto-judío checo Jan Huss y el heresiarca alemán M. Lutero también intentaron en su momento destruir el sacerdocio que Cristo instituyó

El cripto-judío checo Jan Huss y el heresiarca alemán M. Lutero también intentaron en su momento destruir el sacerdocio que Cristo nos dejó instituido

SACERDOCIO UNIVERSAL Y SACERDOCIO ORDENADO

Por Romano Amerio

El πρῶτον ψεῦδος  de la crítica planteada contra el sacerdocio histórico de la Iglesia (que es el sacerdocio como tal) consiste en desconocer las esencias y reconducirlo todo a funciones de naturaleza puramente humana.

El dogma católico mantiene la diferencia SUBSTANCIAL y ONTOLÓGICA entre sacerdote y laico que estableció N.S. Jesucristo

El dogma católico mantiene la diferencia SUBSTANCIAL y ONTOLÓGICA entre sacerdote y laico que estableció N.S. Jesucristo

El dogma católico atribuye al sacerdote una diferencia con el laico no sólo funcional, sino esencial y ontológica, debida al carácter impreso en el alma por el sacramento del orden. La nueva teología, sin embargo, reavivando antiguas pretensiones heréticas que confluyeron después en la abolición luterana del sacerdocio, oculta la distancia existente entre el sacerdocio universal de los fieles bautizados, y el sacerdocio sacramental que solamente pertenece a los sacerdotes.

Por el bautismo el hombre es agregado al Cuerpo Místico de Cristo y consagrado al culto divino mediante una participación en el sacerdocio de Cristo, único que prestó a Dios el debido culto en modo perfectísimo.

Pero además del carácter bautismal, el sacerdote recibe en la ordenación un ulterior carácter que es como la reimpresión del primero. Gracias a la ordenación se hace capaz de actos in persona Christi de los cuales los laicos son incapaces; los principales son la presencia eucarística y la absolución de los pecados.
La tendencia de la nueva teología consiste en disolver el segundo sacerdocio en el primero y reducir al sacerdote al estatuto común del cristiano.

Gracias a la ordenación, el sacerdote se hace capaz de actos in persona Christi de los cuales los laicos son incapaces

Gracias a la ordenación, el sacerdote se hace capaz de actos in persona Christi de los cuales los laicos son incapaces

Según los innovadores, el sacerdote tiene una función especial, como la tiene todo cristiano en la diversificada comunidad de la Iglesia.

Esta función especial es conferida al sacerdote por la comunidad y no implica ninguna diferencia ontológica respecto al laico, «ni el ministerio debe ser considerado como algo superior» (Centro Informazione Documentazione Sociale, 1969, p. 488). «La dignidad del sacerdote consiste en haber sido bautizado como cualquier otro cristiano» (Centro Informazione Documentazione Sociale, 1969, p. 227).

Se niega así la distinción entre las esencias, rechazando el sacerdocio sacramental y haciendo del cuerpo de la Iglesia (orgánico y diferenciado) un cuerpo homogéneo y uniforme [1].

En el libro de R. S. Bunnik, buen ejemplo del pensamiento predominante en la Iglesia holandesa y en sus institutos de formación teológica [2] la tesis está desarrollada ex professo. «El sacerdocio universal se impone como una categoría básica del pueblo de Dios, mientras que el ministerio particular no es sino una categoría funcional» y es «una necesidad sociológica que proviene de abajo».

Del hecho de ser el sacerdocio universal la base del particular (lo es, puesto que el ordenando debe estar bautizado), el teólogo holandés pasa a negar que la ordenación sitúe al hombre en una base distinta de la cual emanen actos imposibles para la base bautismal, la cual proporciona una capacidad activa para ciertos actos, pero para otros solamente otorga una capacidad pasiva, como la de recibir la Eucaristía y el orden sacerdotal.

Como hay herejes que consideran igualmente sacerdotes a todo el mundo, les molesta increíblemente que los sacerdotes vistan con sotana que les identifique

Como hay herejes que consideran a todos sacerdotes, les molesta increíblemente que aún existan sacerdotes con sotana que les identifica como tales

El paralogismo sobre el sacerdocio se duplica con el paralogismo sobre la posición de la Iglesia en el mundo. Así, dice que «la Iglesia del Concilio descubre progresivamente que en última instancia la Iglesia y el mundo componen una única e idéntica realidad divina».

Aquí se presentan las esencias disueltas y confundidas: en primer lugar, la del sacerdocio ordenado confundida con la del sacerdocio bautismal, y luego la de la Iglesia sobrenatural teándrica confundida con la sociedad universal del género humano indiferenciado.

CRÍTICA DEL ADAGIO «EL SACERDOTE ES UN HOMBRE COMO LOS DEMÁS»

Por Romano Amerio

La confusión teológica se ha convertido en un lugar común de la opinión popular, en parte causa y en parte efecto de la doctrina de algunos autores muy difundidos. Según esta opinión, el sacerdote es un hombre como los demás. La afirmación es superficial y falsa, tanto en sentido teológico como en sentido histórico.

En sentido teológico, porque va contra el dogma del sacramento del orden, que unos cristianos reciben y otros no, quedando así diferenciados ontológica y, por tanto, funcionalmente.

En sentido histórico, porque en la comunidad civil los hombres no son iguales, salvo en la esencia: y eso cuando es contemplada en abstracto y no en concreto, donde se encuentra diferenciada. Decir que el sacerdote es un hombre como todos los demás (no sacerdotes) es aún más falso que decir que el médico es un hombre como todos los demás (no médicos): no es un hombre como todos los demás, es un hombre-sacerdote.

Frecuentemente, los modernistas se burlan del carácter sobrenaturalmente especial introducido por el sacerdocio en la especie humana.

Frecuentemente, los modernistas se burlan del carácter sobrenaturalmente especial introducido por el sacerdocio en la especie humana.

No todo el mundo es sacerdote, como no todo el mundo es médico. Basta pensar en el comportamiento de la gente para darse cuenta de que todo el mundo diferencia entre un médico y quien no lo es, o entre un sacerdote y quien no lo es. En unos apuros llaman al médico, en otros al sacerdote. Los innovadores, fijándose en la identidad abstracta de la naturaleza humana, rechazan el carácter sobrenaturalmente especial introducido por el sacerdocio en la especie humana, merced al cual el sacerdote está separado: «Segregate mihi Saulum et Barnabam [Separadme a Bernabé y Saulo]» (Hech. 13, 2).

De este error descienden los corolarios prácticos más comunes: el sacerdote debe hoy día aplicarse al trabajo manual, porque sólo en el trabajo puede cumplir su propio destino individual y además tomar conciencia de la realidad humana en la que leer los designios de Dios sobre el mundo. Se considera así al trabajo como fin del hombre o condición sine qua non de dicho fin, situando la contemplación y el padecimiento por debajo de la productividad utilitaria.

Por otra parte, siendo el sacerdote un hombre como los demás, reivindicará el derecho al matrimonio, a la libertad en la forma de vestirse, y a la participación activa en las luchas sociales y políticas; y así se adherirá a la lucha revolucionaria, que convierte en un enemigo contra el cual luchar a quien, aunque sea una persona injusta, es un hermano.

Tanto el clero llamado secular como el regular están separados del mundo, pero en el mundo.

"Tanto el clero llamado secular como el regular están separados del mundo, pero en el mundo."

Resulta infundado lamentarse porque el sacerdote esté segregado del mundo.

En primer lugar, porque está separado, como Cristo separó a sus apóstoles, precisamente para ser enviado al mundo. Y el plus introducido por la ordenación sacramental en el hombre separado era hasta tiempos recientes tan notorio para todos que hasta las expresiones populares en lengua vernácula lo atestiguan: distinguen al hombre-sacerdote de su sacerdocio, y evitan ofender al sacerdote incluso cuando quieren ofender al hombre, sabiendo diferenciar al hombre de su hábito (tomado como signo del sacerdocio) y de «lo que él administra»: lo sagrado.

En segundo lugar, la separación del clero respecto al mundo en el sentido lamentado por los innovadores no encuentra ningún apoyo en la historia. Tanto el clero llamado secular como el regular están separados del mundo, pero en el mundo.

Y para probar victoriosamente que aquélla separación del mundo no convierte al clero en algo extraño a éste, basta el hecho de que el mismo clero regular (el más separado del siglo: el hombre del claustro) es quien más potentemente difundió no sólo la influencia religiosa, sino también la influencia civil en el mundo.

Informó la civilización durante siglos; o más bien la hizo nacer, habiendo originado en su seno las formas de la cultura y de la vida civil, desde la agricultura a la poesía, desde la arquitectura a la filosofía, desde la música a la teología.

Informó la civilización durante siglos; o más bien la hizo nacer, habiendo originado en su seno las formas de la cultura y de la vida civil, desde la agricultura a la poesía, desde la arquitectura a la filosofía, desde la música a la teología.

"Informó la civilización durante siglos; o más bien la hizo nacer, habiendo originado en su seno las formas de la cultura y de la vida civil, desde la agricultura a la poesía, desde la arquitectura a la filosofía, desde la música a la teología."

Retomando una imagen de la que suele abusarse y colocándola en su significado legítimo, diremos que el clero es el fermento que hace germinar la pasta, pero sin convertirse en ella. También, según los químicos, los enzimas contienen un principio antagonista de la sustancia que hacen fermentar.
Romano Amerio


[1] Inequívoca y ostensible es la posición de Mons. RIOBÉ, obispo de Orléans, que en una declaración de la Conferencia episcopal francesa publicada en «Le Monde» de 11 de noviembre de 1972, propone la institución de laicos que ejerciten por encargo de la comunidad y con el consentimiento del obispo, aunque sólo temporalmente, las funciones del sacerdote ordenado.

[2] Prêtres des temps nouveaux, traducido del holandés por Denise Moeyskens, Tournai 1969 (edición original en Ed. Casterman, Amsterdam 1969). Los pasajes citados están en las pp. 64 y 43. La tesis que sostiene es la del P. SCHILLEBEECKX.

Los enemigos de la Santa Iglesia Católica, Apostólica Romana pretenden destruir el centro mismo de la vida de la Fe: El Santo Sacrificio de la Misa.

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Una de las múltiples tragedias que trajo la Reforma Litúrgica, aparte de la pérdida de la fe ante una misa que es igual a las falsas ‘misas’ de los herejes protestantes, fue la comunión en la mano. Suponiendo que sean válidas las consagraciones de tales hostias, se están produciendo, día tras día, miles de sacrilegios en el mundo.

Los castigos enviados por Dios a causa de estos sacrilegios, no dejamos de observarlos día tras día y no vale la pena ni siquiera comentar…

El argumento dado por los SACRÍLEGOS herejes que defienden la comunión en la mano es que

“así lo hacían los primeros cristianos”.

Veremos a continuación hasta que punto es eso cierto o si se trata de un engaño del enemigo para confundir a gentes pías y sencillas.

Mendo Crisóstomo

CONSIDERACIONES HISTÓRICAS Y PATRÍSTICAS ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO: ¿FUE ALGUNA VEZ UNIVERSAL?

CÓMO SE NOS HA CONTADO LA SUPUESTA HISTORIA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

En general, así se nos cuenta la historia de la Comunión en la mano: a partir de la Última Cena y durante el tiempo de los apóstoles, la Santa Comunión se daba, por supuesto, en la mano. Así era también durante la era de los mártires. Y así siguió siendo durante la edad de oro de los Padres y de la liturgia, después de la paz de Constantino.

La Comunión en la mano era dada a los fieles como nosotros hacemos ahora (en los sectores más abiertos y más al día de la Iglesia). Y continuó siendo la práctica común por lo menos hasta el siglo décimo. Por lo tanto, casi la mitad de la vida de la Iglesia esa fue la norma.

Una magnífica prueba de ello se encuentra en el texto de San Cirilo de Jerusalén (313-386) donde aconseja a los fieles “haced un trono con vuestras manos donde recibir al Rey (en la Santa Comunión). Más adelante, este Padre de la Iglesia aconseja un gran cuidado con cada fragmento que pueda quedar en las manos, así como uno no dejaría caer el oro al piso, así también se debe tomar un gran cuidado cuando se trata del Cuerpo del Señor.

Cómo y cuando se habría pasado de la comunión en la mano a la comunión en la boca. De acuerdo a la historia comúnmente divulgada, el cambio en la manera de recibir el pan consagrado se dio de la siguiente manera: en la Edad Media hubo ciertas distorsiones de la fe y/o en la aproximación a la fe, que se fueron desarrollando gradualmente.

Se desarrolló un excesivo temor de Dios y una correlativa preocupación por el pecado, el juicio y el castigo; un énfasis sobredimensionado en la divinidad de Cristo, que constituía una virtual negación o por lo menos disminución de Su sagrada humanidad; un exagerado énfasis en el papel del sacerdote en la sagrada liturgia; y una pérdida del sentido de comunidad, que de hecho es la Iglesia.

En particular, debido al énfasis excesivo en la adoración a Cristo en la Santa Eucaristía y a una concepción demasiado estricta en lo relativo a las cuestiones morales, la Sagrada Comunión se hizo cada vez menos frecuente. subir imagenSe consideraba suficiente fijar los ojos en la Sagrada Hostia durante la elevación (de hecho, esta práctica decadente de la “elevación” –porque el desprecio por este período continúa– y la también poco saludable Exposición y Bendición del Santísimo Sacramento, encuentran sus orígenes en esos desafortunados tiempos medievales, un período cuyas prácticas litúrgicas haríamos bien en sacarnos de encima).

Fue en esa atmósfera y bajo esas circunstancias que se comenzó a restringir la práctica de la Comunión en la mano. La práctica de que el celebrante colocara directamente la hostia en la boca del comulgante se desarrolló y, triste es decirlo, se impuso.

La conclusión es muy clara: deberíamos dejar de lado esta costumbre cuyas raíces se encuentran en esa edad oscura. Deberíamos prohibir o al menos desaconsejar esta práctica que no permite a los fieles “tomar y comer”, y volver a los usos prístinos de los Padres y los Apóstoles: la Comunión en la mano.

* * *

¡Qué historia tan conmovedora! Lástima que NO sea verdad.

LA VERDADERA HISTORIA. LOS PAPAS, SANTOS PADRES

El Sagrado Concilio de Trento declara que es una Tradición subir imagenApostólica la costumbre de que sólo el sacerdote que celebra la Misa se dé la Comunión a sí mismo (con sus propias manos) y que los fieles la reciban de él.

Un estudio más riguroso de las EVIDENCIAS disponibles en la historia de la Iglesia y de los escritos de los Padres, no apoya la aserción de que la Comunión en la mano era una práctica universal que fue gradualmente suplantada y efectivamente reemplazada por la práctica de la comunión en la mano. Más bien, los hechos parecen apuntar a una conclusión diferente.

El Papa San León Magno (440-461), ya en el siglo V, es un testigo temprano de la práctica tradicional. En sus comentarios al sexto capítulo de San Juan, habla de la Comunión en la boca como del uso corriente:

subir imagen“Se recibe en la boca lo que se cree por la Fe”.

El Papa no habla como si estuviera introduciendo una novedad, sino como si fuera un hecho ya bien establecido.

Un siglo y medio más tarde, pero todavía tres siglos antes de que la práctica fuera supuestamente introducida (según el relato comúnmente difundido al que antes hicimos referencia) el Papa San Gregorio Magno (590-604) es otro testigo. En sus Diálogos (Roman 3, c. 3) relata cómo el Papa San Agapito obró un milagro durante la Misa, después de haber colocado la Hostia en la lengua de una persona.

También Juan el Diácono nos habla acerca de esta manera de distribuir la Santa Comunión por ese Pontífice.

subir imagenEstos testigos son del siglo V y VI.  ¿Cómo se puede razonablemente decir que la Comunión en la mano fue la práctica oficial hasta el siglo X? ¿Cómo alguien puede sostener que la Comunión en la boca es una invención medieval? No estamos afirmando que bajo ninguna circunstancia los fieles la hayan recibido en sus propias manos. Pero, ¿en qué circunstancias? Parece que desde muy temprano era usual que el sacerdote colocara la Sagrada Hostia en la boca del comulgante.

EXCEPCIONES

Sin embargo, en tiempos de persecución, cuando no había sacerdotes disponibles, y los fieles llevaban el Santísimo a sus casas, se daban la Comunión a sí mismos, con sus propias manos. En otras palabras, antes que quedar totalmente privados del Pan de Vida, podían recibirlo por sus propias manos, cuando no hacerlo hubiera significado quedar privados de este imprescindible alimento espiritual. Lo mismo se aplicaba a los monjes que se habían retirado al desierto, donde no disponían del ministerio de un sacerdote y no quisieran dejar la práctica de la Comunión diaria.

RESUMIENDO

Para resumir, la práctica era que se podía tocar la Hostia cuando no hacerlo equivalía a quedar privado del Sacramento. Pero cuando había un sacerdote, no se la recibía en la mano. Así, San Basilio (330-379) afirma claramente que sólo está permitido recibir la Comunión en la mano en tiempos de persecución o, como era el caso de los monjes en el desierto, cuando no hubiera un diácono o un sacerdote que pudiera distribuirla:

“No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono” (Carta 93).

subir imagenLo que implica que recibirla en la mano en otras circunstancias, fuera de persecución, será una grave falta. El Santo basa su opinión en la costumbre de los monjes solitarios, que reservaban el Santísimo en sus celdas, y en ausencia de sacerdote o diácono, se daban a sí mismos la Comunión.

En su artículo “Comunión” en el Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne, Leclercq afirma que la paz de Constantino llevó la práctica de la Comunión en la mano a su fin. Esto reafirma el razonamiento de San Basilio, que la persecución era la que creaba la alternativa de recibir la Comunión en la mano o verse privado de Ella. Cuando la persecución cesó, evidentemente la práctica de la Comunión en la mano persistía aquí y allí. Era considerada como un abuso por la autoridad de la Iglesia, puesto que era juzgada subir imagencontraria a la costumbre de los Apóstoles. Así, el Concilio de Rouen que se reunió en el año 650, dice:

No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca“.

El Concilio de Constantinopla, conocido como in trullo (por no ser uno de los concilios ecuménicos realizados allí) prohibía a los fieles darse la Comunión a sí mismos (que es lo que sucede cuando la Sagrada Partícula es colocada en la mano del comulgante). Decretó una excomunión de una semana de duración para aquellos que lo hicieran en la presencia de un obispo, un sacerdote o un diácono.

San Cirilo (siglo IV): un texto dudoso

¿Y San Cirilo? Por cierto, los promotores de la “comunión en la mano” generalmente no mencionan las evidencias que acabamos de exponer. En cambio, utilizan constantemente el texto atribuido a San Cirilo de Jerusalén, quien vivió en el siglo IV, al mismo tiempo que San Basilio.

El Dr. Henri Leclercq resume las cosas como sigue:

“San Cirilo de Jerusalén recomendaba a los fieles que cuando se presentaran a recibir la Comunión, debían tener la mano derecha extendida, con los dedos unidos, sostenida por la mano izquierda, con la palma en forma cóncava; y que en el momento en que el Cuerpo de Cristo era depositado en su mano, el comulgante debía decir: “Amén”.

Pero el texto continúa. También propone lo siguiente:

“Santifica tus ojos con el contacto del Cuerpo Sagrado … Cuando tus labios estén todavía húmedos, lleva tu mano a tus labios, y pasa tu mano sobre tus ojos, tu frente y tus otros sentidos, para santificarlos”.

Esta recomendación bastante original (¿o más bien supersticiosa? ¿irreverente?) llevó a los eruditos a cuestionar la autenticidad de dicho texto. Algunos piensan que tal vez hubo una interpolación, o que fue el sucesor del santo quien escribió tal cosa. No es imposible que este texto fuera realmente el Patriarca Juan, quien sucedió a Cirilo en Jerusalén. Pero este Juan era de dudosa ortodoxia. Sabemos todo esto por la correspondencia de San Epifanio, San Jerónimo y San Agustín.

Por lo tanto, a favor de la Comunión en la mano tenemos un texto de dudosa originalidad y de contenido cuestionable.

Y por el otro lado, tenemos testigos confiables, incluyendo a dos grandes papas, de que colocar la Sagrada Hostia en la boca del comulgante ya era común y ordinario en el siglo V.

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¿CLERICALISMO?

¿No es una forma de clericalismo permitir al sacerdote tocar la Hostia y prohibírselo a los fieles? De ningún modo, pues a los sacerdotes sólo les estaba permitido tocar el Santísimo Sacramento en casos de necesidad. En efecto, aparte del celebrante de la Misa, nadie que recibiera la Comunión, aunque fuera sacerdote, podía hacerlo en la mano.

De tal modo que, en la práctica tradicional del Rito Romano, si un sacerdote estaba oyendo Misa (y no celebrando) y deseaba recibir la Sagrada Comunión, no lo hacía en sus propias manos: la recibía de otro sacerdote, en la lengua. Lo mismo sucedía con un Obispo. Lo mismo si se tratara de un Papa. Cuando San Pío X, por ejemplo, estaba en su lecho de muerte, en Agosto de 1914, y se le administró la Sagrada Comunión como Viático, no la recibió, y no le estaba permitido, en la mano: la recibió en la lengua de acuerdo a la ley y a la práctica de la Iglesia Católica. Esto confirma un punto fundamental: por principio de reverencia, la Hostia no debe tocarse innecesariamente.

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Obviamente alguien debe distribuir el Pan de Vida. Pero no es necesario hacer de cada hombre, de cada mujer y cada chico su propio “ministro de la Eucaristía” y multiplicar la manipulación torpe y chapucera y el peligro de que se caigan y se pierdan Fragmentos eucarísticos.

Aún aquellos cuyas manos fueron especialmente consagradas para tocar la Sagrada Eucaristía, particularmente los sacerdotes, no deben hacerlo sin necesidad.

R. P. Paul McDonald (Cura Párroco)
St. Patrick’s Church
123 King Street, Pt. Colborne, Ontario
(L3K 4G3) Canada –
tel (905) 834-6426 / fax (905) 834-1215

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