LA TRADICIÓN CATÓLICA: ÚNICA SOLUCIÓN CONTRA EL CAPITALISMO (I)

Así considera el católico a los capitalistas:

subir imagen¡Contemplad sus manos! Están manchadas de sangre, de la sangre de las viudas y de los huérfanos, de los niños y adolescentes, de los impedidos o retrasados en su desarrollo por falta de nutrición y por el hambre, de la sangre de miles y miles de infortunados de todas las clases del pueblo que derramaron sus carniceros con innoble traficación. ¡Esta sangre, como la de Abel, clama al cielo contra los nuevos caínes!

Tales eran las palabras de Su Santidad Pío XII, el último papa que atacaba el Liberalismo como una doctrina diabólica que es.

No hablan así, sin embargo, los seguidores del inicuo y liberal Concilio Vaticano II, sino que parecen haber olvidado que defraudar al trabajador de su salario es uno de los cuatro pecados que claman la venganza divina. Así lo explica el máximo experto español en teología moral, Fray A. Royo Marín, O.P.:

“Se entiende por pecados que claman al cielo aquellos que envuelven una especial malicia y repugnancia abominable contra el orden social humano. […] en virtud de su especial injusticia contra el orden social, parecen provocar la ira de Dios y la exigencia de un castigo ejemplar para escarmiento de los demás.

“Bajo cualquier pretexto que se haga, ya sea retrasando inicuamente el pago, o disminuyéndolo, o despidiendo sin causa a los obreros, etc. apoyándose precisamente en la impotencia de los mismos para defenderse eficazmente. En la Sagrada Escritura se condena con energía este crimen. He aquí algunos textos:

‘No oprimas al mercenario pobre e indigente…Dale cada día su salario, sin dejar pasar sobre esta deuda la puesta del sol, porque es pobre y lo necesita’ (Deut. 24, 14-15)

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“estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos.”

‘El jornal de los obreros que han segado vuestros campos, defraudado por vosotros, clama, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos’ (Iac. 5, 4)”


Y el Catecismo Mayor de San Pío X nos enseña:

“968. ¿Por qué se dice que estos pecados claman al cielo?

Dícese que estos pecados claman al cielo porque lo dice el Espíritu Santo, y porque su iniquidad es tan grave y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos.”


subir imagenPor ello, los capitalistas son siervos de Satanás y viven fuera de la Iglesia. No tienen ningún derecho a recibir los sacramentos y, si lo hacen, cometen un sacrilegio y se hacen reos de la sangre de Cristo.

En verdad, la propiedad tiene una función social, que se halla ligada a la Ley Natural y a la Ley Divina.

Por simplificar, diremos que esa Ley Divina nos dice que existe una Caridad y una Misericordia que hay que cumplir con el prójimo. Dios nos ha hecho libres para que hagamos ese buen uso de nuestra libertad.
Y esa Caridad, y ese amor misericordioso hacia el prójimo son los que siempre defendió la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana.
Por ello, desde tiempos de Constantino, en la naciente Cristiandad política van a comenzar a instaurarse paulatinamente estos principios, que habían sido defendidos por los Padres de la Iglesia frente a las injusticias sociales paganas.

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Así, entre los padres Orientales tenemos ejemplos como el de San Juan Crisóstomo, patrón de los predicadores católicos:

“Hay un testimonio de las Escrituras Divinas que llama rapiña, avaricia y defraudación no sólo al arrebatar lo ajeno, sino también el no dar parte de lo propio a los demás. ¿Qué testimonio es ése? Reprendiendo Dios a los judíos por boca del profeta dice: La tierra ha producido sus frutos y no habéis traído los diezmos; la rapiña del pobre está en vuestras casas. Porque no habéis hecho las ofrendas acostumbradas, habéis arrebatado lo del pobre.”

Y, entre los Padres Occidentales, podemos citar al modelo de obispo, San Ambrosio de Milán, quien nos enseña algo tan elemental como que:

“Es un homicidio negar a un hombre el salario que le es necesario para su vida.”

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el puritanismo calvinista vino a decir que el Catolicismo había estado equivocado en su defensa de la justicia social

Sin embargo, el puritanismo calvinista vino a decir que el Catolicismo había estado equivocado en su defensa de la justicia social. Que el hombre estaba predestinado y, por lo tanto, las riquezas que ganase en la vida terrenal son señal de que va a salvarse: son un premio merecido (las gane como las gane), mientras que aquellos que se hallen en situación desfavorecida, económica o socialmente, deben aguantarse, ya que Dios les destina eso porque se lo merecen, porque están condenados. Tal es la Predestinación protestante.

Y de esa ética protestante es de donde surgió el Capitalismo, creado como un instrumento para extorsionar y aprovecharse de los sectores más amplios de la sociedad. Así pues, diversos genios, como Max Weber, no han podido por menos de publicar obras explicando por qué el Capitalismo es una creación de la ética protestante, que se enfrenta a la doctrina social del Cristianismo defendiendo una doctrina judaizante puritana.

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La Revolución Francesa, una de las mayores masacres de la historia, vino a traer el primer gran triunfo político del Capitalismo en el viejo continente

El liberalismo económico será ‘canonizado’ por el liberalismo político con la Revolución Francesa de 1789, una de las mayores masacres de la historia.

Por ello, el mundo entero, las potencias de ese capitalismo emergente, se enfrentan a las Españas desde el siglo XVI, porque las Españas defienden el orden social de la Cristiandad, las leyes sociales del Evangelio.

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Las Españas defendían el orden social de la Cristiandad, las leyes sociales del Evangelio

Así lo expresa el gran Papa León XIII:

“Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados”. León XIII, “Immortale Dei”.

Las potencias protestantes, madres del Estado Capitalista, seguirán enfrentándose a las Españas hasta disolverlas, en el siglo XIX, en una España “Estado-nación” en la Península Ibérica y algunas islas y pequeñas ciudadelas, y otros estados-nación en ultramar, como Filipinas o los estados hispanoamericanos.

[Continúa aquí]

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