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DEL CRISTO SACERDOTE Y VÍCTIMA AL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA

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El nuevo misal se aleja de la doctrina de la Iglesia Católica

Al convertirse más en comida conmemorativa (en la que se puede concelebrar) que en sacrificio, el misal de Pablo VI quita valor a la presencia sacramental de Cristo, hasta el punto de compararla con su Palabra, en vez de insistir en el aspecto sacrificial de la Misa: la presencia de Cristo sacerdote (en el celebrante) y víctima (bajo las especies eucarísticas), que es el que se sitúa en el correcto camino de la enseñanza auténtica de la Iglesia.

I. El misal tradicional insiste mucho en la presencia eucarística:

  1. Sus muchas genuflexiones manifiestan la adoración que se le debe a Cristo víctima presente substancialmente bajo las especies eucarísticas con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, significada por la consagración separada de las dos especies y como centro de la acción litúrgica: eso es lo que se le entrega a Dios (oblación sacrificial) o a los hombres (comunión). En el nuevo misal no se halla el lugar central de esta presencia.
  2. Las indicaciones objetivas de la presencia substancial de Cristo en la Hostia se han reemplazado con expresiones que reducen su significado y que ya no consideran la presencia eucarística en sí misma sino solamente en la relación que tiene con el pueblo reunido, indicado por los siguientes HECHOS:
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“La distribución de la comunión que hasta ahora estaba estrictamente reservada al ministro sagrado se delega fácilmente a simples seglares”

  • Cada vez que se menciona la presencia eucarística se ha introducido sistemáticamente la palabra nobis “para nosotros”, alterando torticeramente incluso los textos originales.
  • Ya no se denomina a las especies eucarísticas sino en relación con la comunión: por ejemplo, el hanc immaculatam hostiam del ofertorio, se ha convertido en el “pan de vida”.
  • El que no sea un necio y consulte la Institutio generalis missalis romani verá que en ella no aparece ni una sola vez la palabra “transubstanciación”, ni tampoco la expresión “presencial real”. Para referirse a las sagradas especies, usa a veces la palabra “hostia”, pero con más frecuencia la de “pan”. Sólo habla de “Cuerpo de Cristo” en la medida en que se vincula directamente con la comunión.
  1. Se han atenuado o suprimido los gestos que manifiestan el respeto debido a las sagradas especies:
  • De las CATORCE genuflexiones que tiene el misal tradicional, sólo se han conservado tres (IGMR 233). Y aún así, éstas están vinculadas estrechamente con la asamblea: dos de ellas se hacen cuando el pueblo ha reconocido la presencia eucarística después de la elevación (se han suprimido las dos genuflexiones que en el misal tradicional siguen inmediatamente a las palabras de la consagración), y la tercera es en el momento de dar la comunión a los que participan; el celebrante por su parte, no hace más que “consumir con respeto el cuerpo de Cristo” (IGMR 116) sin hacer ninguna genuflexión.
  • Se ha suprimido la rúbrica conforme a la cual el celebrante mantiene los dedos juntos después de la consagración por respeto a las partículas eucarísticas. Por este mismo motivo se ha suprimido igualmente la purificación de los dedos.
  • La distribución de la comunión que hasta ahora estaba estrictamente reservada al ministro sagrado se delega fácilmente a simples seglares.
  • En la recepción de la comunión se ha instaurado ampliamente una actitud desacralizante: la de recibirla de pie y en la mano, en lugar de hacerlo de rodillas y en la lengua en signo de adoración y de respeto.
  1. En el misal tradicional, el celebrante identifica con mucha claridad las oblatas con Cristo víctima, describiendo muchas veces sobre ellas la señal de la cruz:
  • 33 signos de cruz sobre (o con) las oblatas, especialmente cuando el celebrante las ha puesto en el corporal después de la oración del ofertorio. TODOS estos gestos han desaparecido de la “preparación de los dones” del nuevo misal.
  • De 24 signos de cruz que señala el Canon del misal tradicional sobre las oblatas, sólo queda 1 en cada una de las plegarias eucarísticas (incluso en la “Plegaria eucarística I” que supuestamente representa al “Canon romano”).
  • En el misal tradicional el signo de cruz aparece sobre las sagradas especies tres veces aún en las oraciones antes de la comunión; además al comulgar, el celebrante empieza haciendo con la Hostia, y luego con el cáliz, una señal de la cruz; lo mismo al distribuir la comunión a cada fiel. En el nuevo misal todos estos gestos han desaparecido, y el signo de la cruz no aparece más que una vez en los ritos de la comunión.
  1. Al separar el sagrario del altar mayor (IGMR 276), la reforma considera menos nuestras iglesias como casas de Dios que como la casa del pueblo. Así, cuando un fiel entra en una iglesia fuera de un oficio, lejos de encontrarse ante la presencia de un ser (la de su Dios realmente presente en el sagrario) no encuentra más que una ausencia, la ausencia de una acción litúrgica, puesto que se encuentra en una edificio cuyo único sentido es la comunidad reunida.
  2. El nuevo misal reconoce la presencia real cuando ésta se relaciona con la asamblea, como lo hacen los protestantes, de modo que no la considera nunca en sí misma como objeto de adoración; y, así, atenúa o calla la dimensión victimal de esta presencia durante la acción litúrgica. Las palabras y los gestos del nuevo misal, las designaciones de la Institutio generalis missalis romani y la separación del sagrario, todo va en la misma dirección. El modo en que el nuevo misal entiende y efectúa los ritos de instrucción (“misa de catecúmenos” del misal tradicional) no hacen más que confirmar esta conclusión.

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    “De las CATORCE genuflexiones que tiene el misal tradicional, sólo se han conservado tres (IGMR 233). Y aún así, éstas están vinculadas estrechamente con la asamblea”

 II. ¿Presencia de Cristo en su palabra?:

  1. Además de disminuir la Presencia Real en las sagradas especies, la IGMR señala: “Cuando se lee la sagrada escritura en la Iglesia [es decir, en la asamblea presente, que significa el misterio de la Iglesia], es Dios quien habla a su pueblo”, que equipara la presencia substancial de Cristo en las especies eucarísticas con la mera presencia simbólica de una lectura (lectura que además es deudora de un traductor, no de una revelación).
  2. La Escritura y la Eucaristía se suelen describir del mismo modo, como si no fueran más que dos formas del único alimento dispensado en este banquete pascual: ambos son la mesa del Señor (IGMR 8, 34, 56). La misma herejía aparece en el Nuevo Catecismo de 1992, redactado por una comisión presidida por el maricón cismático y masón Schönborn (CEC 1346-1347).
  3. La “liturgia de la Palabra” considerada como contacto entre Dios y los asistentes (IGMR 9) requiere un modo nuevo de enfocar la Sagrada Escritura, que contradice de lleno los datos teológicos firmemente asentados durante 2000 años. En cambio, el misal tradicional expresa la enseñanza de la Tradición sobre este tema con una precisión asombrosa:
    • Reservando la lectura de la Sagrada Escritura EXCLUSIVAMENTE a los ministros sagrados, celebra no a la Sagrada Escritura misma, sino su difusión por medio del Magisterio de la Iglesia. Para esto le otorga efectivamente a la procesión evangélica los honores que normalmente se reservan a la presencia real.
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‘Al diluir las distinciones que pone el misal tradicional entre el celebrante y los fieles, parece que el nuevo misal no conoce más que un solo agente litúrgico, “el pueblo de Dios”’

  • El misal tradicional coloca con precisión la distribución de pasajes de la Sagrada Escritura en el transcurso de la Misa, que no es por sí mismo una celebración, sino su preparación, encaminado a reavivar la fe de los asistentes. Esto se expresa perfectamente al principio del Canon, cuando el celebrante reza por los fieles que asisten. Dirigiéndose a Dios, los designa como aquellos “cuya fe y devoción os es conocida”. Estas dos notas resumen la distribución de los ritos que preceden al ofertorio: desde el Salmo 42 a la Colecta, la liturgia dispone los corazones por el fervor; desde la Epístola al Credo, prepara las inteligencias reavivando la fe. Por este motivo, el rito del Evangelio, lejos de poder compararse con la liturgia eucarística, se tiene que asociar a las primeras oraciones de la misa. De ahí su denominación común de “misa de catecúmenos”.
  1. En el nuevo misal, hay unas “lecturas” cuyo ministro puede ser un simple seglar y que pueden ser meras traducciones en lengua vulgar, ya que se valoran en el sentido protestante: se celebra a la Escritura como si se bastara a sí misma.

III. La relativización de la presencia del sacerdote:

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“En el nuevo misal, hay unas “lecturas” cuyo ministro puede ser un simple seglar”

Al diluir las distinciones que pone el misal tradicional entre el celebrante y los fieles, parece que el nuevo misal no conoce más que un solo agente litúrgico, “el pueblo de Dios”. La primera frase de la Insti­tutio generalis missalis romani describe la celebración de la misa como “acción de Cristo y del pueblo de Dios organizado jerárquicamente” (IGMR 1). Esta “asamblea litúrgica” (IGMR 320 y 323) se describe de un modo muy enfático: es el “pueblo santo” (IGMR 10, 55 a, 62 y 74), el “pueblo de Dios” (IGMR 1, 7, 62, 253, 257 y 259), el “pueblo adquirido de Dios y sacerdocio real” (IGMR 62), etc. En esta tendencia de indiscutible protestantismo, el lugar exacto que el nuevo misal atribuye a este pueblo reunido, hay que entenderlo a través de las 164 menciones que hace de él la Insti­tutio generalis missalis romani:

    1. El nuevo misal pone el énfasis en la presencia espiritual de Dios en el seno de su pueblo: da tal importancia a la asamblea y a su dignidad como signo representativo de la Iglesia universal, de modo que es él y no ningún sacerdote quien tiene la eficacia de hacer que Cristo se haga presente.
    2. Con el valor significativo de la asamblea, cobra lugar importante la concelebración, y, así, de modo contrario al misal tradicional, la confesión en sí misma toma una dimensión comunitaria (IGMR 29) sin dejarle un lugar especial a la confesión del celebrante.
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“se ha relativizado, o incluso borrado, la presencia de Cristo sacerdote (en su ministro)”

    1. Tras haberle quitado valor a la presencia de Cristo víctima, presente substancialmente en la acción del sacerdote ministerial, el nuevo misal exalta la presencia espiritual del Señor, presencia cuyo ministro es el pueblo de Dios (la asamblea de los fieles hace que el Señor esté realmente presente: IGMR 28). El celebrante, por su parte, se contentará cuando celebra la Eucaristía, con “servir a Dios y al pueblo con dignidad y humildad” para “sugerir a los fieles una presencia viva de Cristo” (IGMR 60).
    2. La “liturgia de la Palabra” aparece como un diálogo directo entre “Dios y su pueblo”, sin que tenga que intervenir específicamente el sacerdocio ministerial.
    3. La “liturgia eucarística” del nuevo misal manifiesta patentemente como se deja de lado al sacerdocio ministerial en beneficio de la “acción comunitaria de la “asamblea”. Así, cada vez que la Institutio generalis missalis romani trata de la ofrenda del sacrificio, la describe como un acto común al celebrante y a los fieles (IGMR 54, 55, 62).
    4. En el nuevo misal se han suprimido, por consiguiente, las oraciones que en el misal tradicional indican la oblación propiamente sacramental, que pertenecen únicamente al sacerdocio ministerial. La primera oración del ofertorio del misal tradicional, tan exacta y que voluntariamente está en singular, manifiesta esta oblación ritual: “recibid Padre santo (…), esta hostia inmaculada que yo, vuestro indigno servidor, os ofrezco a Vos, Dios mío, vivo y verdadero”. La ofrenda del cáliz, por su parte, indica la participación de la asamblea a la ofrenda tomada en sentido estricto: “os ofrecemos Señor, el cáliz de salvación”. Al contrario, en el nuevo misal, las oraciones de ofrecimiento (o más bien de “presentación”) están sistemáticamente en plural. Si la oración del Orate frates (“orad hermanos para que sacrificio que es también vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso”) se ha mantenido in extremis en el nuevo misal, sabemos que muchas traducciones oficiales han suprimido voluntariamente la distinción entre los diferentes tipos de ofrecimiento: “oremos juntos en el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia”. A partir de ahora la ofrenda le corresponde no al celebrante sino al pueblo reunido. Sobre este punto es reveladora una palabra de la Plegaria eucarística III: “Populum tibi congregare non desinis, ut a solis ortu usque ad occasum oblatio munda offeratur nomini tuo”.
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“A partir de ahora la ofrenda le corresponde no al celebrante sino al pueblo reunido”

  1. El sacerdocio ministerial del celebrante, en cuanto es causa única de la presencia substancial de Cristo bajo las especies de pan y vino (y por consiguiente de la ofrenda sacramental) no se menciona NUNCA. Sólo se desarrolla su dimensión presidencial, que le permite al pueblo reunido ofrecer el sacrificio “por manos del sacerdote”:
  • La presidencia del sacerdote ministerial se toca 13 veces en la Institutio generalis missalis romani, y domina toda la ceremonia litúrgica puesto que, salvo una o dos oraciones de preparación personal, todas las oraciones pronunciadas por el celebrante se consideran como presidenciales.
  • Las DOS ÚNICAS veces (IGMR 10 y 60) en que se dice que el celebrante ocupa el lugar de Cristo se hace referencia a Cristo en cuanto Cabeza. Si la corrección de 1970 precisó que el sacerdote ministerial tiene el poder de ofrecer el sacrificio “en lugar de Cristo”, este inciso sólo se encuentra “en la sociedad de los fieles” de la cual “es su cabeza”. Parece que este pasaje debe ser leído como aludiendo a la ofrenda presidencial por la cual el sacerdote ocupa el lugar de Cristo Cabeza y no a la ofrenda sacramental por la cual el celebrante ocupa el lugar de Cristo único Sumo Sacerdote (doble dato confirmado por el “Catecismo” de 1992 [1348]).
  • Sólo se describe al sacerdote en su relación con el “pueblo de Dios” y no en cuanto que es el único que tiene el poder de consagrar in persona Christi el verdadero cuerpo de Cristo. Por ello, en el nuevo misal se ha relativizado, o incluso borrado, la presencia de Cristo sacerdote (en su ministro).

Conclusión

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“Con la Reforma Litúrgica, se considera la misa como una acción común a Cristo y al pueblo reunido”

Con la Reforma Litúrgica, se considera la misa como una acción común a Cristo y al pueblo reunido (IGMR 1). La presencia espiritual del Señor se vuelve tangible como Verbo a través de la “liturgia de la Palabra” (IGMR 9) y luego como objeto de oblación a través de la conmemoración de sus actos que se han hecho presentes (IGMR 1), mientras que el pueblo se alimenta ya sea a la mesa de la Palabra de Dios, o a la del Cuerpo del Señor (IGMR 8).

Así pues, la misa es ahora un banquete memorial en el transcurso del cual se hace presente el Señor por la virtud de la reunión de su pueblo, según se deduce con impecable lógica de los datos precedentes. A pesar de algunas añadiduras de la versión de 1970, no hubo ninguna rectificación en el rito mismo.
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Es más: dejan intacta la novedad introducida con la versión de 1969. Aunque se dice que el sacerdote obra in persona Christi, o que la misa es un sacrificio, estas expresiones tradicionales, por su contexto en la frase, cambian de interpretación: el sacerdote representa a la persona de Cristo-Cabeza en cuanto preside la asamblea, y la misa es un sacrificio porque es el banquete conmemorativo de la Cruz. De este modo sigue intacta la idea modernista esencial, es decir, la importancia central de la “presencia simbólica de Cristo en medio de su pueblo”.
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***Basamos fundamentalmente esta entrada en un capítulo del estudio “El Problema de la reforma litúrgica” (Hermandad San Pío X).

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Ya hemos reproducido en otra ocasión algún texto del gran sabio Romano Amerio, helenista, teólogo, historiador, latinista y filósofo (además de consejero del Cardenal Siri).

En esta ocasión, los fragmentos que reproducimos, aderezados (como ya es costumbre en este blog) con algunos resaltados, hipervínculos e imágenes, analizan y corroboran la importancia del latín en la Liturgia.

Expone la gran labor pedagógico-educativa ejercida  por el uso del latín sobre los sectores menos cultivados de la sociedad y el bagaje cultural que se está perdiendo a consecuencia de esto.

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El latín es lengua óptima para la ejecución del Sacrificio agradable a Dios

Nos demuestra también la falsedad de la grosera sentencia -muy propia de teólogos pederastas- de «si el pueblo no sabe latín, no puede participar en la liturgia», sentencia evidentemente amparada en una concepción falsa y protestante de la participación.

Por último, Amerio proporciona pruebas irrefutables de la disociación existente entre el uso de las lenguas vernáculas para la liturgia con respecto a la Universalidad, la inmutabilidad de los dogmas revelados por Dios o la debida majestad propia del Sacrificio agradable a Dios.

Por si quedara alguna duda, al texto de Amerio añadimos al final un pequeño anexo con opiniones de los protestantes sobre la nueva misa.

Mendo Crisóstomo


LATINIDAD Y POPULARIDAD EN LA LITURGIA


Por Romano Amerio

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Tras el Concilio de Trento, florecieron la instrucción popular y la difusión de los “libros de piedad”, que aseguraban la correcta participación y formación litúrgica de todos los sectores de la sociedad. Esto acabó tras el Concilio Vaticano II.

El Concilio de Trento (ses. XXII, cap. 9) ordenó que en el curso de la Misa el sacerdote explicase al pueblo parte de las lecturas. Esto no sólo se hacía en la homilía, sino también y de modo muy abundante mediante los libros de piedad, difundidísimos hasta el Vaticano II, que facilitaban seguir las diversas partes de la Misa.

Llevaban oraciones apropiadas que a menudo parafraseaban los textos litúrgicos, e incluso viñetas reproduciendo del modo más evidente posible ante los ojos el aspecto del altar, los actos del celebrante, y la posición de los vasos y de los ornamentos. Naturalmente, siendo analfabeta gran parte del pueblo cristiano no se podía encontrar perfecta concordancia entre la devota disposición interior del vulgo y la secuencia de las ceremonias sagradas. Por otro lado, la universalidad (letrada o iletrada) de la asamblea conocía y reconocía los momentos más importantes y las articulaciones del rito, indicadas también por la campanilla.

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En el antiguo rito latino, la Universalidad de la población (letrada o iletrada) participaba en la Santa Misa de manera efectiva

De este modo no faltaba a los ritos sagrados la participación espiritual de los fieles. Y no solamente no faltaba, sino que faltó cada vez menos después de que en los años de la primera postguerra (en Italia por mérito de la Obra para la Realeza de Cristo) en todos los países europeos se difundieran los cuadernillos con el texto latino y la traducción al vulgar del Misal festivo.

Y conviene señalar que los misales que contenían el texto latino y yuxtapuesta la traducción en lengua moderna estuvieron en uso desde el siglo XVIII [1], y no sé si también antes. En la biblioteca de Manzoni en Brusuglio existe uno latín-francés impreso en París en 1778, y era utilizado por doña Giulia.

Suele objetarse que en el rito latino el pueblo estaba desvinculado de la acción de culto y faltaba esa participación activa y personal constituida en intención de la reforma. Pero contra dicha objeción milita el hecho de que la mentalidad popular estuvo durante siglos marcada por la liturgia, y el lenguaje del vulgo recogía del latín cantidad de locuciones, metáforas, y solecismos.

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Antaño, el lenguaje y cultura del vulgo se enriquecían con metáforas, solecismos y locuciones del latín

Quien lee esa vivísima pintura de la vida popular que es el Candelaio de Giordano Bruno se sorprende del conocimiento que los más bajos fondos tenían de las fórmulas y de los actos de los ritos sagrados: no siempre (es obvio) en la semántica legítima, y a menudo llevados a sentidos deformes, pero siempre atestiguando el influjo de los ritos sobre el ánimo popular.

Por el contrario, hoy tal influencia se ha apagado del todo y el lenguaje toma sus formas de otros campos, sobre todo del deporte.

El más importante fenómeno lingüístico por el cual quinientos millones de personas han cambiado su lenguaje de culto, no ha dejado hoy la más mínima sombra en el lenguaje popular.

LOS VALORES DE LA LATINIDAD EN LA IGLESIA. UNIVERSALIDAD


Por Romano Amerio

No queremos aquí retroceder hasta la Auctorem fidei de Pío VI, que reprobó la propuesta del Sínodo de Pistoya de realizar los ritos en lengua vernácula (DENZINGER, 1566). No nos extenderemos ni siquiera sobre la doctrina de Rosmini en las Cinque piaghe, cuando consideraba que el justo remedio a la desvinculación del pueblo de la acción sagrada no residía (como hoy erróneamente se le atribuye) en la abolición de la lengua latina, sino en el desarrollo de la instrucción vital del pueblo fiel [2].

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El Sínodo de Pistoya había sido condenado por el Papa Pío VI, al renovar el error luterano-jansenista de utilizar lenguas vulgares para la liturgia

Si decimos que el latín es connatural a la religión católica, ciertamente no nos referimos a una connaturalidad metafísica coincidente con la esencia de la cosa misma (como si el catolicismo no pudiese subsistir sin el latín), sino a una connaturalidad histórica: un hábito adquirido históricamente por una peculiar aptitud y conveniencia que el idioma latino tiene con la religión.

El catolicismo nació, por así decirlo, arameico; fue durante mucho tiempo griego; se hizo pronto latino, y el latín se le hizo connatural. De entre las muchas adaptaciones posibles de un lenguaje a la religión, la connaturalidad histórica es la que mejor responde a las propiedades de ésta, modelándose perfectamente sobre los caracteres de la Iglesia.

En primer lugar, la Iglesia es universal, pero su universalidad no es puramente geográfica ni consiste, como se dice en el nuevo Canon, en estar difundida por toda la tierra [3].

Dicha universalidad deriva de la vocación (están llamados todos los hombres) y de su nexo con Cristo, que ata y reúne en Sí a todo el género humano. La Iglesia ha educado a las nacionalidades de Europa y creado los alfabetos nacionales (eslavo, armenio), dando origen a los primeros textos escritos.

En consonancia con la acción civilizadora de los Estados europeos, ha educado a las nacionalidades de África. Sin embargo, no puede adoptar el idioma de un pueblo particular, perjudicando a los demás. A pesar de la disgregación postconciliar, a la Iglesia católica parece escapársele lo mucho que la unidad de la lengua aporta a la unidad de un cuerpo colectivo: no ocurre así con el Islam, que usa en sus ritos el paleoárabe incluso en los países no árabes; ni con los hebreos, que usan para la religión el paleohebraico; tampoco se les escapa a los Estados que han alcanzado después de la guerra su unidad nacional, pues ninguno de ellos ha adoptado como lengua oficial una de las lenguas nacionales, sino el inglés o el francés, lenguas de sus colonizadores y civilizadores [4].

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La inmutabilidad de la Revelación de Dios y la Universalidad espacio-temporal de la Iglesia sólo se hallan a salvo con una lengua universal e inmutable

En segundo lugar la Iglesia es sustancialmente inmutable, y por ello se expresa con una lengua en cierto modo inmutable, sustraída (relativamente y más que cualquier otra) a las alteraciones de las lenguas usuales: alteraciones tan rápidas que todos los idiomas hablados hoy tienen necesidad de glosarios para poder entender las obras literarias de sus primeros tiempos. La Iglesia tiene necesidad de una lengua que responda a su condición intemporal y esté privada de dimensión diacrónica.

Ahora bien, siendo imposible que una lengua de hombres escape al devenir, la Iglesia se acomoda a un lenguaje que elide cuanto es posible la evolución de la palabra. Hablo en términos prudentes porque, coincidiendo la diventabilidad con la vida de un idioma, sé bien que también el latín de la Iglesia va cambiando con el correr del tiempo. Incluso prescindiendo de la presente decadencia de la latinidad, tanto profana como eclesial, basta confrontar las encíclicas del siglo XIX con las de los últimos pontificados para advertir la diferencia [5].

INMUTABILIDAD RELATIVA. CARÁCTER SELECTO DEL IDIOMA LATINO

En tercer lugar la lengua de la Iglesia debe ser selecta y no vulgar, porque las cosas que intenta expresar son las cumbres del espíritu, más bien un ensayo de realidades sobrehumanas.

No es que la Iglesia desprecie el profanum vulgus al contrario, todo aquello que toca lo santifica, y el vulgo, los pobres y los simples son objeto precipuo de su cuidado.

Ella trata con perfecta paridad en sus sacramentos a príncipes y a plebe, y catequizó a los pueblos en sus dialectos: Santo Tomás en Nápoles predicó en el vernáculo napolitano, Gerson en el de la Alvernia y los párrocos de Lombardía hasta final del siglo XIX en el del país.

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La Religión Católica evangelizó a los pueblos en sus respectivos dialectos y les convirtió con el Santo Sacrificio en latín

Incluso fundó órdenes religiosas expresamente comprometidas en la instrucción de las capas populares, asemejándose a ellas incluso en la humildad del nombre (los Ignorantes). No es por desprecio del pueblo o altanería sobre los pueblos como pudo la religión tener el latín como lengua propia y connatural. La razón de la latinidad de la Iglesia es ciertamente aquélla, que ya tocamos en Iota Unum [6] de la continuidad histórica, por la cual la religión acompaña el curso de las civilizaciones.

Pero la razón importante es la necesidad para la Iglesia de custodiar el dogma con una lengua que se mantenga fuera de las pasiones. Las pasiones, en una explicación completa (que abarca desde el orgullo hasta la facilidad para sacar conclusiones), son principio de fluctuación de las mentes, de alteraciones de la verdad y de divisiones entre los hombres. Y es ciertamente fútil el escándalo que se monta a veces sobre las sutiles diferencias entre una definición y otra, como si fuesen chanzas y menudencias de charlatanes. [7]

En conclusión, los caracteres del latín de la Iglesia se fundan en una suprahistoricidad que instaura, más que impide, la comunicación entre los hombres, del mismo modo que el elemento de la vida sobrenatural instaura, más que impide, la comunión de todos aquéllos que participan de la naturaleza humana. Lorenzo el Magnífico, discurriendo de las diversas excelencias de las lenguas, atribuye la universalidad del latín a la «prosperidad de la fortuna»[8].

No hace falta creer con los medievales que, al igual que el Imperio, así la lengua de Roma haya estado establecida «por lugar santo / donde mora el que a Pedro ha sucedido» (Inf. II, 23-24). Se puede rechazar tal sentencia y no desconocer sin embargo la eminencia y el idiotropion de la latinidad de la Iglesia.

subir imagenNo conviene concluir este discurso sin recordar que el latín constituía hasta hace poco tiempo la más vasta κοινή del mundo de la cultura. Si espíritus de renuncia y de flaqueza no hubiesen frustrado la restauración ordenada por Juan XXIII [9], esta κοινή podría conservarse dentro de la Iglesia Católica en la enseñanza, en los ritos y en el gobierno. Mayor fuerza moral que la Iglesia mostraron esos gobiernos civiles de nuestra época que consiguieron imponer o persuadir a poblaciones enteras una lengua desconocida o extraña para ellos: así ocurrió en Israel, que hizo nuevo el antiguo idioma, en la República Popular China y en muchos Estados africanos.

Romano Amerio


[1] Sobre la traducibilidad y divulgabilidad de los textos litúrgicos en las lenguas vulgares ha tenido lugar un desarrollo positivo. El decreto del 12 de enero de 1661 de Alejandro VII, que condenaba la traducción en francés del Misal romano, estaba ciertamente inspirado en la idea de una connaturalidad entre lo sagrado y el latín que sobrepasaría el carácter histórico para entrar en lo metafísico, como pronto diremos.

[2] Delle cinque ptaghe della Santa Chiesa, Brescia 1966, p. 74: «queriendo reducir los Sagrados ritos a las lenguas vulgares se iría hacia dificultades mayores, y se añadiría un remedio peor que el mal. Las ventajas de que se goza conservando las lenguas antiguas son principalmente: la representación que hacen las antiguas Liturgias de la inmutabilidad de la Fe; la unión de muchos pueblos cristianos en un solo rito, con un mismo lenguaje sagrado, haciéndoles sentir mucho mejor la unidad y la grandeza de la Iglesia y su común fraternidad; el tener algo de venerable y de misterioso en una lengua antigua y sagrada, casi un lenguaje sobrehumano y celeste; (…) la infusión de tal sentimiento de confianza en quien sabe que reza a Dios con las mismas palabras con las cuales oraron durante tantos siglos innumerables hombres santos y padres nuestros en Cristo». Con la vulgarización de los ritos «se introduciría una enorme división en el pueblo» y «un perpetuo cambio en las cosas sagradas».

[3] Realmente no es algo difuso (la metáfora viene del líquido, que se expande uniformemente dando lugar a un velo superficial continuo), sino más bien discontinuamente disperso.

[4] Que el uso de una lengua supranacional sea, incluso en el orden civil, un coeficiente de unidad y de concordia, queda probado por el hecho de que el intento de algunos Estados asiáticos y africanos plurilingües de introducir como lengua oficial alguna lengua del país, provocó guerras civiles y debió ser abandonado.

[5] Para ser equitativos conviene reconocer que también nuestros doctores daban de modo extravagante ejemplos de tal decadencia. OLINTO GUERRINI, que era bibliotecaria en el Archigimnasio de Bolonia, en una sáfica erótica de Postuma, Bolonia 1882, p. 145, equivocaba acentos y declinaciones, poniendo púlvinar en vez de pulvinar y haciendo latum acusativo del sustantivo latus. Por venir a tiempos recientes, en la célebre Académie des inscriptions et belles lettres, el ilustre ALPHAN citaba un paso del medieval Guiberto, en el que se dibuja pintorescamente la figura del escolar inclinado sobre el banco: «pluteo adhaerens tanquam animal peritum» que quiere decir: «ligado al bando como un animal sabio, como un sabihondo». Pero ALPHAN lee peritum con i larga en vez de con i breve y traduce «comme un animal empaillé», olvidando que los intransitivos no tienen participio pasado. En la abadía de Viboldone, cerca de Milán, una lápida recuerda la restauración promovida por el arzobispo Montini «antequam ad Summum Pontificatum eligeretu». El redactor del epígrafe ignoraba la ley de la oblicuidad, eje de la construcción latina. Con ese subjuntivo se viene a decir exactamente que el Card. Montini tenía en mente convertirse en Papa, e hizo todo lo posible para restaurar Viboldone antes de que ello ocurriese. El Card. SEPER, en diciembre de 1974, me señaló que en el documento de su Congregación sobre el aborto sus latinistas se habían equivocado escribiendo «ut opinatur».

[6] R. Amerio, Iota Unum § 32, sobre la Veterum Sapientia de Juan XXIII.

[7] El lenguaje es la idea misma, y variar el lenguaje, como se desprende del desarrollo homogéneo o heterogéneo del dogma, significa idénticamente variar la doctrina. Lo hemos visto respecto al término transustanciación en R. Amerio, Iota Unum § 275.

[8] Scritti scelti, Turin 1930, p. 46.

[9] Ver nota 6.



ANEXO: LOS PROTESTANTES Y LA MISA NUEVA

Para que nuestros lectores no crean que nos gusta ser «guardianes de las esencias», ni soberbios a los que les gusta ir de elitistas y «desobedecer a Pedro» sin motivo grave, recordamos que pueden consultar L’Osservatore Romano del 13 de octubre de 1967 y constatar lo que en él se dice:

«Es interesante notar un comentario sueco que afirma algo en este sentido: la reforma litúrgica (…) se aproximó a la misma forma de la liturgia luterana»

Por si les quedan dudas, consulten Vds. la Formula missae de Martín Lutero o los libros de ritos “eucarísticos” anglicanos.

Pero antes, ¡cuidado!: para evitar que se atraganten leyendo las opiniones de los herejes protestantes actuales (mal llamados «evangélicos» por los impíos), que insertamos a continuación hablando sobre la misa nueva, les recordaremos la frase del famoso místico argentino Benjamín Solari Parravicini, pronunciada en 1936:

«La Iglesia Católica en el año 1970 tendrá la misa protestante»

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Benjamín Solari Parravicini (1936): «La Iglesia Católica en el año 1970 tendrá la misa protestante»

Y ahora, por fin, algunas opiniones de los herejes protestantes sobre la misa nueva (extraídas de cierta web desaparecida):

«En La Croix del 30 de mayo de 1969, Max Thurian, de la comunidad de Taizé, escribe que el nuevo Ordo Missae

“es un ejemplo de esa fecunda preocupación por la unidad abierta y la fidelidad dinámica, por la verdadera catolicidad: uno de sus frutos será tal vez que comunidades no católicas podrán celebrar la Santa Cena con las mismas oraciones que la Iglesia Católica. Teológicamente es posible“.

Pero no lo era con el rito tradicional.

En Le Monde del 22 de noviembre de 1969 pueden leerse extractos de una carta enviada al obispo de Estrasburgo por el Sr. Siegvalt, profesor de dogma de la Facultad protestante de dicha ciudad. Siegvalt asevera que

nada hay en la misa ahora renovada que pueda molestar verdaderamente al cristiano evangélico“.

La nueva liturgia es del total agrado de los herejes protestantes

En La Croix del 10 de diciembre de 1969, Jean Guitton reproduce una observación que leyó en una de las más importantes revistas protestantes:

Las nuevas oraciones eucarísticas han eliminado la falsa perspectiva de un sacrificio ofrecido a Dios

En el número de enero de 1974 de L’Eglise en Alsace, publicación mensual de la Oficina diocesana de información, se puede leer un documento muy interesante originado en el Consistorio superior de la Confesión de Ausburgo y Lorena, llamada Iglesia “evangélica” o sea, protestante ( de fecha 8 de diciembre de 1973). el documento se publica íntegramente. Los siguientes párrafos han sido extractados del mismo:

Dadas las formas actuales de la celebración eucarística de la Iglesia católica y en razón de las convergencias teológicas presentes, muchos obstáculos que hubieran podido impedir a un protestante participar en su celebración eucarística parece hallarse en vías de desaparición. Hoy en día debería serle posible a un protestante reconocer en la celebración eucarística católica la cena instituida por el Señor

(…)

…Nos atenemos al uso de las nuevas oraciones eucarísticas en las cuales volvemos a encontrarnos y que tienen la ventaja de matizar la teología del sacrificio que teníamos el hábito de atribuir al catolicismo. Esas plegarias nos invitan a volver a encontrar una teología evangélica del sacrificio (…)

Estos textos, a los que podrían agregarse muchos más, son perfectamente claros. Establecen, sin lugar a dudas, que lo menos que puede decirse de la nueva “Misa” es que es equívoca.»

Sobre el Sacrificio de la Misa y  su Rito contra los Luteranos

Por el Exmo. y Rvmo. Card. Cayetano

Capítulo Primero

De qué trata esta obra El único Maestro de todos, Nuestro Señor Jesucristo, al refutar a los saduceos sólo argüía a partir de los libros de Moisés, que eran los únicos que éstos aceptaban. Así nos mostró que contra los herejes no empleemos pruebas que ellos no admiten, sino sólo los testimonios sagrados que ellos no niegan. subir imagen Por esto, al escribir sobre el sacrificio de la Misa contra los herejes denominados luteranos que se apoyan únicamente en los testimonios de la Sagrada Escritura, pretendo llevar a cabo toda la discusión y la explicación apoyándome sólo en las [mismas] Sagradas Escrituras. No sólo para que no se gloríen diciendo que al negar el sacrificio de la Misa se basan en el sólido fundamento de las Sagradas Escrituras, sino también para que los que tienen menos instrucción no vayan a pensar que el Sacrificio de la Misa no se funda en la autoridad de la Escritura sino sólo en la institución de la Iglesia; y también para que los luteranos que yerran por ignorancia puedan recapacitar. Para que todos puedan conocer claramente la verdad, se va a explicar primero en qué están de acuerdo y en qué se diferencian los luteranos de los católicos; luego, qué se encuentra en las Sagradas Escrituras acerca del sacrificio de la Misa; y finalmente, se van a resolver las objeciones luteranas.

Capítulo Segundo

Coincidencias y diferencias entre católicos y luteranos sobre el sacrificio de la Misa Los luteranos están de acuerdo en que la Misa se puede llamar «sacrificio memorial», porque el verdadero Cuerpo de Cristo, con su verdadera Sangre, se consagra, venera y recibe en memoria del sacrificio ofrecido en la cruz; pues dice el Señor: Haced esto en memoria de Mí [Luc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24-25]. Pero niegan dos cosas. La primera: que el cuerpo y la sangre de Cristo se ofrezcan a Dios. De modo que aunque admiten que en el altar está el verdadero cuerpo de Cristo, niegan sin embargo que se ofrezca a Dios este verdadero Cuerpo. La segunda: que en el altar haya una hostia o sacrificio para la expiación de los pecados, tanto de los vivos como de los difuntos. Ambas cosas las fundan en la doctrina de la Epístola a los Hebreos, donde aparece claramente que para los pecados de todo el mundo basta el ofrecimiento del Cuerpo de Cristo hecho una sola vez en la Cruz. De ahí concluyen que, aunque el culto al Cuerpo de Cristo en memoria de su pasión y muerte fue instituido por Cristo mismo, sin embargo el ofrecimiento de su Cuerpo como hostia por el pecado es un invento humano, contrario a los textos de la Sagrada Escritura.

Capítulo Tercero

Por institución de Cristo se inmola la Eucaristía Sin embargo, los católicos sabemos que en los textos sagrados está marcada la inmolación de la Eucaristía.subir imagen Los evangelistas, en efecto (especialmente San Lucas 22, y más aún San Pablo, en 1 Corintios 1), nos dicen que luego de muchas otras cosas que hizo Nuestro Señor Jesucristo en la cena, les mandó: Haced esto en memoria de Mí. Estas palabras, al ser de Jesucristo, tienen que ser muy bien examinadas, tanto el pronombre Esto, como el verbo haced, como en memoria de Mí. ¶ Para entender lo que se indica con el pronombre Esto, hay que examinar las palabras que preceden. Lo que precede es que Jesús tomó el pan, dio gracias, lo rompió, lo dio y dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo que por vosotros se rompe, o según San Lucas, se da. E inmediatamente añadió: Haced esto en memoria de Mí. Como el pronombre Esto no se limita a señalar unas y a no señalar otras de las cosas que preceden, se sigue que señala la totalidad de las que preceden. subir imagen¶ La palabra Haced encierra muchos misterios, pues no dice: «Decid esto», sino, «Haced esto», para señalar que lo que manda no consiste en decir sino en hacer, y que el «decir» que figura aquí no es para «decir» algo sino para «hacer» algo; para que comprendiésemos que las palabras de la consagración son palabras que producen lo que significan. Al añadir, en memoria de Mí, distingue «hacer» de «conmemorar». No dijo más expresamente: «Conmemorad esto», sino: Haced esto en memoria de Mí. Nuestro Señor Jesucristo manda que Esto, es decir todo lo que precede, se haga en memoria suya. Lo que se manda es «hacer esto» y que se haga «para recordar» a Nuestro Señor Jesucristo. ¶ Como en las palabras haced esto se entiende no sólo «hacer» el Cuerpo de Cristo sino también hacer el Cuerpo de Cristo «que se rompe o se da» por nosotros, queda claro que Nuestro Señor Jesucristo mandó que hiciésemos su cuerpo que por vosotros se rompe y sé da, como si dijese: «Que se inmola por vosotros», pues sólo se rompe y se da en cuanto se rompe y se da en la cruz (esto quiere decir «se inmola») por vosotros. Por consiguiente, hacer mi Cuerpo que se inmola por vosotros es lo mismo que hacer mi Cuerpo en cuanto que se inmola por vosotros. ¶ Para que entiendas mejor lo que decimos, advierte que si Nuestro Señor Jesucristo hubiese añadido las palabras que por vosotros se rompe o se da sólo para expresar la verdad de su Cuerpo, hubiese sido suficiente decir: «que veis en mi persona», o algo así. Pero lejos de Nuestro Señor Jesucristo un lenguaje impreciso, pues negado esto, se quita toda certeza a las palabras. Eso sería perderse en medio de infinitas posibilidades. Al decir, pues, que por vosotros se rompe o se da, significa exactamente: haced mi Cuerpo en cuanto se ofrece por vosotros, y eso mismo hacedlo en memoria de Mí. ¶ Hacer esto en memoria de Cristo es más que hacer el Cuerpo de Cristo consagrándolo, porque es además hacer el Cuerpo de Cristo que se da y se rompe por vosotros. También es más que recordar a Cristo, porque es hacer, en recuerdo de Cristo, su Cuerpo que se da y se rompe por nosotros.subir imagen Además, darse y romperse por nosotros es lo mismo que ser inmolado por nosotros, pues darse significa genéricamente ofrecerse, y romperse significa específicamente el modo de ofrecerse, es decir, rompiéndose: Él se dio a sí mismo a Dios en la Cruz a través de la ruptura de sus manos, pies y costado por nosotros. Por consiguiente, cuando Nuestro Señor Jesucristo mandó haced esto en memoria de Mí, mandó: haced esto por modo de inmolación en memoria de Mí. Hacer «el Cuerpo de Cristo que se inmola» es hacerlo inmolándolo o por modo de inmolación, de modo que sea el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola. Si no hacemos estas dos cosas 1ª: hacer el Cuerpo de Cristo «consagrándolo»; y 2ª: «inmolando» lo que se da y se rompe por nosotros, no hacemos «el Cuerpo de Cristo en cuanto que se inmola». A esto se añade otra cosa más, a saber, 3ª hacerlo «en memoria» de Jesucristo. ¶ Date cuenta, prudente lector, de lo que se hizo en la cena del Señor para que entiendas cómo corresponde institución con institución, hecho con hecho e inmolación con inmolación. La cena Pascual, instituida en memoria de la salida de Egipto, consistía en el hecho de una inmolación, de modo que la misma cena era la inmolación del cordero Pascual.subir imagen De igual modo, Nuestro Señor Jesucristo, al terminar el sacrificio del cordero Pascual, instituye nuestra nueva Pascua en sí mismo cuando se inmola diciendo: Esto es mi Cuerpo que se da por vosotros o se rompe: haced esto en memoria de Mí. Como si dijese de palabra lo que expresaba con el hecho de la sustitución: «así como hasta ahora hacíais la Pascua en memoria de la salida de Egipto, a partir de ahora haced esto en memoria de mi inmolación». Como si hablara con la misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, y dijese: «Aquella Pascua la hacíais inmolándola en una cena comunitaria; ahora haced esto inmolándolo en una mesa comunitaria en memoria de Mí». De modo que por esa misma sustitución de la antigua Pascua por la nueva, se da a entender que cuando dice: Haced esto en memoria de Mí, se refiere a que hay que hacerlo por modo de inmolación, pues en la antigua Pascua se hacía de ese modo. ¶ Que tal sea el sentido auténtico de este mandamiento lo prueban los hechos relatados por San Pablo en 1 Corintios 10. San Pablo enumera entre las cosas inmoladas el pan santo y el cáliz de la Sangre de Cristo; trata a nuestra mesa como altar; y pone a los que comen y beben de la mesa del Señor como a los que comen y beben cosas inmoladas. Con esto queda claro, por una parte, que los Apóstoles habían entendido el mandato de Cristo: haced esto en memoria mía, como hacer la Eucaristía inmolándola; por otra parte que en la Iglesia de Cristo, en tiempos de los Apóstoles, la Eucaristía era no sólo un sacramento sino también un sacrificio; y además, que se considera como inmolación del Cuerpo y de la Sangre del Señor no sólo en los usos de la Iglesia y en los libros de los Doctores, sino también en la Sagrada Escritura. Las palabras del Apóstol son estas: Huid del culto de los ídolos. Puesto que hablo con personas prudentes, juzgad vosotros mismos lo que os digo. El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? Porque todos los que participamos del mismo pan, aunque muchos, venimos a ser un solo pan, un solo Cuerpo. Considerad a Israel según la carne, los que entre ellos comen de las víctimas, ¿no es verdad que tienen parte en el altar? ¿Digo yo con esto que el ídolo o lo sacrificado a los ídolos vale algo? No, sino que las cosas que sacrifican los gentiles, las sacrifican a los demonios y no a Dios. Y no quiero que tengáis ninguna sociedad con los demonios, no podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. subir imagen Esto es lo que dice él. Con estas palabras queda claro que el Apóstol coloca el pan que partimos y el cáliz de bendición en la misma categoría que las víctimas de Israel y las cosas inmoladas a los demonios; que coloca la mesa del Señor en la misma categoría que el altar de Israel y la mesa de los demonios; y que pone a los que comen de la mesa del Señor y beben de aquel cáliz en la misma categoría que los que participan a las víctimas de Israel y comen las cosas inmoladas a los demonios. Con estas razones alega que no pueden tomar parte de las cosas inmoladas a Dios y a los demonios. Si el pan y el cáliz de Cristo no se inmolasen a Dios, toda la argumentación de Pablo, tanto acerca de las cosas inmoladas al Dios verdadero por Israel como a los demonios por los gentiles, se vendrían al suelo. Pero su testimonio sobre cómo en su tiempo se inmolaban el pan y el cáliz de Cristo es tan claro que no necesita ninguna explicación.

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Todos los Santos de la historia de la Iglesia se han santificado con la Misa Tradicional (hoy llamada por los oficialistas “forma extraordinaria”), establecida por Jesucristo, y no con la nueva “misa” (hoy llamada por los oficialistas “forma ordinaria”) inventada por el obispo masón Bugnini y por cinco ministros protestantes y un rabino.

La "forma ordinaria" de la Misa que hoy encuentra habitualmente en su parroquia, NO es la Misa de siempre, sino un invento humano plagio de los herejes protestantes

Por eso, según los grandes santos y doctores de la Iglesia, son numerosísimas las utilidades y beneficios que, gana aquel que asiste a la Misa de siempre, la Misa Tradicional, y las que gana aquel sacerdote que la celebra.
Menos mal que el Papa Benedicto XVI ha indicado que jamás estuvo prohibida la Misa Tradicional; eso hará que algunos que se alejaron de la Iglesia vean que las “misas” a las que les llevaban de pequeños no son las misas a las que iban sus abuelos.

La Misa Tradicional o "forma EXTRA-ordinaria es la Misa con que se santificaron TODOS los santos de la historia

Estas utilidades, por supuesto, no las gana quien asiste a esa “misa” inventada tras el Concilio Vaticano II, ya que tal “misa” (hoy extendida por doquier y en lengua vulgar), no es a la que ellos asistían, sino que es una “misa” inventada por humanos y no la establecida por Dios, que es la de Jesucristo.

Mendo Crisóstomo

TESORO DE LAS GRANDES UTILIDADES

QUE SE GANA EN CELEBRAR Y OÍR MISA TRADICIONAL

Extraído de Misa Tridentina

1 – San Bernardo, hablando de las utilidades de la Misa, dice: Que más merece el que devotamente oye una Misa (en gracia de Dios), que si peregrinara la dilatada espaciosidad de todo el mundo, y que si diera a los pobres su hacienda: pero mucho más el que celebra.
2 – El mismo Santo dice: Que el que devotamente y en gracia oyere Misa merece tanto como si fuera  peregrinando. y visitara todos los Lugares Santos de Jerusalén, y caminara la demás Tierra Santa.

La Santa Misa Tridentina es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres

3 – San Buenaventura, con otros muchos Padres, dice: Que la santa Misa es el compendio de las maravillas que Dios ha hecho con los hombres.

4San Agustín dice: Que si alguno oyere devotamente la Misa, alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.
5 – En otro lugar dice: Que todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Ángel y por cada uno le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta vida mortal y perecedera.
6 – Refiere el mismo Santo: Que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento, ahuyenta al demonio del pecador.
7 – . Mas adelante refiere: Que al que oyere Misa entera no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.
8 – El propio Santo dice: En aquel día que alguno viere en la Misa el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, se le conservará la luz de la vida.

El Ángel de la Guarda toma nota de todos los pasos que uno da para asistir a Misa Tradicional

9 – En otro lugar continúa diciendo: Que mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el sacrificio de la Misa.

10 – Mi gran Padre San Agustín, hablando con los que fueran muy devotos de las benditas almas del purgatorio, dice estas breves palabras: Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí propio trabaja: así el que ofrece por las almas lo que reza, por sí propio trabaja.
11San Anselmo dijo: Que más vale una Misa oída en vida, que mil dichas por la misma persona después de su muerte.
12 – El mismo Santo dice: Que una Misa sobrepuja y accede la virtud de todas las oraciones en cuanto a la remisión de la culpa y pena.

El que asiste a Misa Tradicional, en ese día se librará de muy grandes peligros y numerosos males

13 – En otro lugar dice: Que oír devotamente una Misa en vida o dar alguna limosna para que se celebre, aprovecha más que dejar para celebrarlas después de su muerte.
14 – San Gregorio dijo: Que el que devotamente oyere Misa, en aquel día se librará de muy grandes peligros y muchos males.
15 – En otro lugar dice: Porque ningún sacrificio hay en todo el mundo por el cual las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del purgatorio, que por la sacratísima oblación y santo sacrificio de la Misa, como sienten los teólogos.

La Misa Tridentina es "el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio"

16 – El mismo santo dice: Que la pena de los vivos y de los difuntos se suspende mientras se celebra la Misa y principalmente en las almas de aquellos por quienes con especialidad el sacerdote ruega, ora y dice la Misa.

17 – Continúa el mismo Santo diciendo: Que por las Misas oídas y dichas con devoción, los pecadores se convierten a Dios, las almas se libran de las penas que por sus pecados merecían en el purgatorio. y los justos se conservan en el camino rectísimo de la justificación.
18 – Por último, dice el mismo San Gregorio: Que por las Misas que en la Iglesia se celebran, se convierten los infieles a la fe de Cristo, las almas de las penas del purgatorio vuelan al cielo y los Justos se afirman en la gracia de Dios.
19 – San Jerónimo dice: Que las almas que están en la penas del purgatorio, por las cuales el sacerdote ora y ruega en la Misa, no padecen ningún tormento mientras que el santo sacrificio de la Misa se celebra y dice por ellas.
20 – El mismo Santo dijo: Que por cualquier Misa con devoción celebrada y oída salen muchísimas almas de las penas del purgatorio, y a las otras  que quedan en él se les disminuyen las muchas penas que allí padecen.

Salvo la Misa Tridentina, ningún otro sacrificio posee poder por el que "las almas de los difuntos con mayor presteza salgan y se libren de las penas del Purgatorio"

21San Alberto el Magno dice: Que el santo sacrificio de la Misa está tan lleno de misterios como el mar  está lleno de gotas, como el sol de átomos, el firmamento de estrellas y como el cielo empíreo de muchísimos Ángeles.

22 – En otro lugar (Serm. 145) dice: Que el que en la  Misa contemplare la Pasión y muerte de Jesús, merecerá más que si anduviese peregrinando a pie descalzo a los Lugares Santos de Jerusalén, y ayunara a pan y agua un año, y se azotara hasta derramar sangre de sus venas. y rezara trescientas veces el Salterio.
23San Cipriano dice: Que el santo sacrificio de la Misa es medicina para sanar las enfermedades, y holocausto para purgar las culpas.
24 – San Juan Crisóstomo dice: Que la celebración de la Misa en cierta manera, vale tanto cuanto vale la muerte de Cristo en la cruz.

La Santa Misa Tradicional vale tanto como el Sacrificio de Cristo en la Cruz

25 Inocencio Papa dice: Que por la virtud del sacramento de la Misa todas las virtudes se aumentan y se acrecienta la gracia.

26 Juan Bautista Mantuano dijo: Aunque Dios me diera cien lenguas, y con ellas una voz de acero que nunca se me gastara, no sería posible declarar y manifestar las utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con asistir y oír Misa en gracia.
27 – San Bernardino de Sena dice: Que la Misa es el mayor bien que se puede ofrecer por las almas para librarlas y sacarlas del purgatorio y llevarlas a gozar de su santísima gloria.

La Misa Tradicional está tan llena de misterios como el mar está lleno de gotas o el firmamento de estrellas

28 – San Lorenzo Justiniano dice: Más agrada al Altísimo Dios el sacrificio de la Misa, que los méritos de todos los Ángeles.
29 – El Venerable Beda dice: Que si una mujer encinta oyere Misa, podrá esperar grandes auxilios en los dolores de su parto.
30 – Eugenio Papa dice: Que más aprovecha para la remisión de la culpa y pena oír una Misa, que todas las oraciones de todo el mundo.
31 – El Concilio de Trento: Que por el santo sacrificio de la Misa se aplaca a Dios, y concede la gracia y don de la penitencia.

Es imposible manifestar con palabras las grandes utilidades, gracias, privilegios y grandes provechos que se ganan con la Misa Tradicional

32 – El santo sacrificio de la Misa, dice San Francisco de Sales, es el corazón de la devoción, el alma de la piedad y el centro de la Religión.
33 – Concluyendo, dice el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino: Que los efectos que causa el santo sacrificio de la Misa y el oírla, son los siguientes:

Resiste a los malos pensamientos.

Destruye los pecados.

Mitiga el aguijón de la carne.

Da fuerzas al alma para batallar contra los enemigos.

Perdona los pecados veniales.

Purifica, limpia y purga el corazón.

Alienta a obrar bien.

Aumenta la castidad.

Acrecienta el fervor de la caridad.

Da fuerzas para sufrir las cosas adversas y llena el alma de todas las virtudes.

Y, en fin, por decirlo de una vez, cuantos frutos, gracias, privilegios y dones recibimos de la mano del Altísimo Dios, todos son por la sagrada muerte y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, la cual se representa en el Sacrificio de la Misa.

Como ya hemos hecho en alguna otra ocasión, reproducimos aquí un artículo de la intelectualmente honrada  Agencia Faro, haciendo solamente algunas modificaciones en el formato gráfico, y añadiendo ilustraciones; esta vez se trata de mostrar por qué los católicos deben creer en el Limbo, por ser la enseñanza sobre el Limbo una doctrina creída siempre por todos los católicos de la historia.

Negar la realidad del Limbo supondría poner en tela de juicio el dogma de la Indefectibilidad de la Iglesia, puesto que este dogma implica que la Iglesia jamás estuvo errada en una doctrina de la fe.

"están más preocupados por el sentimentalismo contemporáneo que por las verdades de Fe"

Actualmente, debido a sentimentalismos y a una alta dosis de soberbia, muchos creen ingenuamente que entrar en el Reino de los Cielos es una especie de derecho. Por intensos que sean sus caprichos y deseos sentimentales de variar la realidad sobrenatural, ésta seguirá siendo tal y como ha venido siendo hasta ahora, y NADIE podrá jamás cambiarla.

Ni siquiera un papa, aunque intentara hacerlo, podría jamás modificar las realidad objetiva de las enseñanzas que han sido siempre creídas por los fieles católicos de todas las épocas.

Por eso decía el otrora Cardenal Ratzinger, actual Papa Benedicto XVI:

“Tras el concilio Vaticano II se generó la impresión de que el Papa podía hacer cualquier cosa […]su potestad se liga a la tradición de la fe […] La autoridad del Papa NO es ilimitada: está al servicio de la Santa Tradición “.
(
Joseph Ratzinger, Introducción al Espíritu de la Liturgia , Ediciones San Pablo, pág. 162.)

"La autoridad del Papa NO es ilimitada: está al servicio de la Santa Tradición"

Y San Vicente de Lérins, Doctor de la Iglesia, nos deja claro en su Conmonitorium cómo actuar en tiempos en los que alguien quiere modificar alguna enseñanza de siempre:


“Y si algún contagio nuevo se esfuerza en envenenar, no ya una pequeña parte de la Iglesia, sino toda la Iglesia entera a la vez incluso, entonces su gran cuidado será apegarse a la antigüedad, que evidentemente no puede ya ser seducida por ninguna mentirosa novedad”

 

Uno de los que pretenden cambiar las enseñanzas de siempre sobre el Limbo ha sido el ya fallecido obispo Alessandro Maggiolini, uno de los redactores del llamado “Catecismo de la Iglesia Católica”. Maggiolini, con tan pocos “respetos humanos” que a menudo vestía de ministro anglicano y no de obispo católico, es también conocido por sus afirmaciones ambiguas respecto al uso de la píldora y del preservativo, así como por las famosas acusaciones de haber encubierto los crímenes del sacerdote Mauro Stefanoni, pederasta defensor acérrimo del Concilio Vaticano II.

Mendo Crisóstomo

Los católicos sí creemos en el limbo

por L.I.A. (Extraído de Agencia FARO, 24/Abril/2007)

P. ¿Pues hay más que un infierno?
R. Sí, padre, hay cuatro en el centro de la tierra que se llaman: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños y limbo de los justos o seno de Abraham.


P. ¿Y qué cosas son?
R. El infierno de los condenados es el lugar donde van los que mueren en pecado mortal, para ser en él eternamente atormentados. El purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos. El limbo de los niños, el lugar donde van las almas de los que antes del uso de la razón mueren sin el Bautismo; y el de los justos o seno de Abraham el lugar donde, hasta que se efectuó nuestra redención, iban las almas de los que morían en gracia de Dios, después de estar enteramente purgadas, y el mismo a que bajó Jesucristo real y verdaderamente.

(Catecismo de la Doctrina Cristiana, escrito por el P. Gaspar Astete, añadido por el licenciado don Gabriel Menéndez de Luarca)

Los Católicos sabemos que existen cuatro "infiernos": el limbo de los niños muertos sin bautizar, el limbo de los justos al que Cristo descendió, el Purgatorio y el Infierno de los condenados eternamente

Durante generaciones, durante siglos, los españoles —decir católicos españoles era, hasta no hace tanto, una redundancia— hemos aprendido la verdad del limbo con el célebre Astete. Sin embargo, un despacho de la agencia oficial vaticana Zenit nos contaba el 4 de mayo de 2006, ufanamente:

Monseñor Alessandro Maggiolini, teólogo y uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica, explica por qué el limbo ya no aparece en la doctrina cristiana. Monseñor Maggiolini aclara que de este tema no se habla porque «es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. El silencio es una opción bastante sabia también porque el limbo, si se hubiera nombrado, no habría podido ser comparado ni con el paraíso ni con el infierno. Dos condiciones de las que a menudo se habla de una manera analítica y un poco petulante en cierta catequesis popular torpe. El Catecismo parece en cambio sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena».

Según Maggiolini, el Catecismo del Padre Astete debe ser «catequesis popular torpe». También debe serlo la clásica definición de San Vicente de Leríns en su «Commonitorio», según la cual la Fe de la Iglesia consiste en «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar».

Según parece, para Maggiolini, las enseñanzas de siempre sobre el limbo son una "catequesis popular torpe". Él en cambio, como digno hijo del Concilio Vaticano II, era más sabio que todos los Santos Doctores y Papas de la historia de la Iglesia

Mas una sencilla consulta al Denzinger nos confirma que esta «hipótesis teológica» —según el Vaticano actual— la sostiene solemnemente el Magisterio al menos en dos ocasiones.
Lo hace en 1321 el Papa Juan XXII, en la carta Nequaquam sine dolore a los armenios.
Lo hace en 1794 Pío VI, en la constitución Auctorem Fidei, condenando los errores del Sínodo de Pistoya:

La doctrina que reprueba como fábula pelagiana el lugar de los infiernos (al que corrientemente designan los fieles con el nombre de limbo de los párvulos) … es falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas.

¿Cómo entender, pues, que la Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que empezó a estudiar la creencia en el limbo en 2004, publique en abril de 2007 un documento que dice cosas como que ésta refleja una «visión excesivamente restrictiva de la salvación», que existen «serias razones teológicas para creer que los niños no bautizados que mueren se salvarán y gozarán de la visión beatífica»?

¿Cómo entender que el cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la misma congregación, afirmara en 1984 que el limbo era «sólo … una hipótesis teológica» y que lo mejor sería no tenerla en cuenta? ¿Cómo aceptar que en el Nuevo Catecismo el limbo haya sido omitido?

Siempre hemos creído que en el limbo se goza de felicidad natural, ya que no de la visión de Dios. Siempre hemos creído también —y ese es el centro de nuestra Fe— que nos salvamos por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, por su Pasión y Muerte en la Cruz. Si el bautismo no es necesario, si se puede entrar en el Cielo con la mancha del pecado original, en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos.

El documento se titula «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin ser bautizados» y, según la comisión, el limbo representaba un «problema pastoral urgente», ya que cada vez son más los niños nacidos de padres no católicos y que no son bautizados y también «otros que no nacieron al ser víctimas de abortos»; «es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna». Si hubiese que juzgar por estas palabras, parecería que la Comisión Teológica Internacional, la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Vaticano que autoriza la publicación del documento en cuestión, están más preocupados por el sentimentalismo contemporáneo que por las verdades de Fe.

 

El Papa Pío VI ya había condenado, como Doctor Universal, las afirmaciones "anti-Limbo" de los jansenistas de Pistoya, calificándolas de "falsa, temeraria e injuriosa contra las escuelas católicas"

«es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna»

Otro despacho de Zenit, de 2 de octubre de 2006, arrojaba más luz sobre el espíritu que guía a la tal Comisión:

La Comisión Teológica Internacional comenzó este lunes su sesión plenaria en el Vaticano en la que, entre otras cosas, está analizando el borrador de un documento sobre los niños fallecidos sin el bautismo.

Así lo confirma un comunicado, emitido este sábado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, explicando que la reuniones están presididas por el cardenal William Joseph Levada, presidente de la Comisión, en cuanto prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Los documentos de esta Comisión no forman parte del Magisterio de la Iglesia, buscan ayudar a la Santa Sede y especialmente a la Congregación para la Doctrina de la Fe a examinar cuestiones doctrinales de particular importancia.

Si el Limbo no existiera: "...en vano se encarnó Dios. En vano fue crucificado. En vano resucitó. En vano existe la Iglesia, en vano existen los sacramentos"

En diciembre del año 2005, al hablar de este documento en redacción, el secretario general de la Comisión Teológica Internacional, el padre Luis Ladaria, S.I., explicó a los micrófonos «Radio Vaticano» que sobre el «limbo» «no hay una definición dogmática, no hay una doctrina católica que sea vinculante».

«Sabemos que durante muchos siglos se pensaba que estos niños iban al Limbo, donde gozaban de una felicidad natural, pero no tenían la visión de Dios. A causa de los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio, esta creencia hoy está en crisis», aclaró.

Para entender la cuestión el padre Ladaria aclaró: «Tenemos que comenzar por el hecho de que Dios quiere la salvación de todos y que no quiere excluir a nadie; tenemos que fundamentarnos en el hecho de que Cristo ha muerto por todo los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».

De modo que el motor de esta «abolición» del limbo son «los recientes desarrollos no sólo teológicos, sino también del Magisterio … que Cristo ha muerto por todos los hombres y de que la Iglesia es un sacramento universal de salvación, como enseña el Concilio Vaticano II».

¿A qué nos suena esto de «por todos los hombres»? Volvamos al despacho de Zenit de 4 de mayo de 2006, y a Monseñor Maggiolini:

Es mejor no ser demasiado curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual quiere salvar «a vosotros y a todos», como dice la fórmula de la consagración eucarística.

Monseñor Maggiolini, ¿se engaña, o quiere engañarnos? Bien es verdad que las versiones vernáculas del Novus Ordo Missae dicen, con sospechosa unanimidad, «sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados».
Mas también es verdad que esa no es la traducción de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. Después de casi cuarenta años de falsificación de las palabras del Redentor, en noviembre de 2006 la Congregación del Culto Divino decretó que «pro multis» debe traducirse como «por muchos». El prefecto de dicha congregación, Francis Arinze, a quien de momento nadie está haciendo caso, justificaba confusamente tanto el cambio como la mala traducción, diciendo entre otras cosas:

«Por muchos» es una traducción fiel de «pro multis» en tanto que «por todos» es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.

Las Conferencias Episcopales se creen con autoridad no sólo para destruir la Tradición de la Iglesia, sino incluso para contradecir abiertamente las palabras de Nuestro Señor

Respecto a las palabras que se añaden: Por vosotros y por muchos, las primeras están tomadas de San Lucas, y las otras de San Mateo (Luc., XXII, 20; Matt. XXVI, 28), pero que las juntó seguidamente la Santa Iglesia, instruida por el Espíritu de Dios; y son muy propias para manifestar el fruto y las ventajas de la pasión. Porque, si atendemos a su valor, habrá que reconocer que el Salvador derramó su sangre por la salvación de todos; pero si nos fijamos en el fruto que de ella sacan los hombres, sin dificultad comprenderemos que su utilidad no se extiende a todos, sino únicamente a muchos. Luego, cuando dijo: por vosotros, dio a entender, o a los que estaban presentes, o a los escogidos del pueblo judío, cuales eran sus discípulos, excepto Judas, con los cuales estaba hablando. Y cuando dijo: por muchos, quiso se entendieran los demás elegidos de entre los judíos o los gentiles. Muy sabiamente, pues, obró no diciendo por todos, puesto que entonces sólo hablaba de los frutos de su pasión, la cual sólo para los escogidos produce frutos de salvación. A esto se refieren las palabras del Apóstol (Hebr., IX, 28): Cristo ha sido una sola vez sacrificado para quitar de raíz los pecados de muchos; y lo que dijo el Señor, según San Juan (Joan., XVII, 9): Por ellos ruego Yo ahora: no ruego por el mundo, sino por estos que me diste, porque tuyos son.

Una Comisión Teológica Internacional, sin rango magisterial alguno, enmienda la plana al Magisterio. De forma parecida a como, hace unos años, las conferencias episcopales de los países de habla hispana fueron enmendando la plana a Nuestro Señor Jesucristo, imponiendo cambios en el Padrenuestro. El principal, por cierto, cambiando «deudas» («et dimitte nobis debita nostra») por «ofensas»; y, por lo tanto, al hacer olvidar la deuda, que permanece tras el perdón de los pecados, haciendo olvidar también el «purgatorio; el lugar donde van las almas de los que mueren en gracia, sin haber enteramente satisfecho por sus pecados, para ser allí purificados con terribles tormentos» (Catecismo del Padre Astete). Primero el Purgatorio, ahora el Limbo.

 

Pese a las erróneas doctrinas inventadas por los modernistas, los católicos seguiremos creyendo en el Limbo igual que en el resto de Doctrinas Reveladas por Dios a la Iglesia

Parece, sin embargo, que con Trento, con los Papas, con el Padre Astete y con «lo que ha sido creído siempre, por todos y en todo lugar» en la Iglesia, los católicos vamos a tener que seguir creyendo en el limbo.

Que es, aunque los de esa comisión no quieran entenderlo, una prueba más de la misericordia de Dios.